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Gabriela Cuevas y Jorge Lara, diputados panistas, pagaron ´de buena fe´ la fianza que la PGR le exigía al Peje para ´que gozara de su libertad bajo caución´ Sin querer queriendo

Noroeste / Pedro Guevara
23/04/2005 | 12:00 AM
Al Chavo del 8 le podemos creer que hace cosas malas sin pretender dañar a nadie. El Chavo actúa de buena fe aunque perjudique a otros, pero un político que salga con el cuento de que perjudica a otro de "buena fe", es un cuento tan falso como el respeto a la legalidad de los principales candidatos a Rector de la UAS. Lo anterior viene a cuento porque los diputados panistas, Gabriela Cuevas, casualmente prima de Santiago Creel, y Jorge Lara, "sin querer queriendo" pagaron la fianza que la PGR le exigía a Andrés Manuel López Obrador para "que gozara de su libertad bajo caución" y no se convirtiera en "un mártir de la democracia". Estos jóvenes políticos que se prestaron a una burda aunque efectiva maniobra para colocar a López Obrador en una posición aun más difícil, inevitablemente tuvieron que echar mano de su enorme reserva de cinismo, ya muy cuajada a su temprana edad, para dar un paso más en la estrategia de acorralamiento al tabasqueño. Por supuesto que todavía habrá mucha gente que crea que todos los esfuerzos por enjuiciar a López Obrador tienen una auténtica razón jurídica y habrá otros que, aunque no la crean, seguirán aceptando o apoyando que se detenga el avance de un "populista" a la Presidencia de la República a cualquier costo; pero lo que ya no es posible ocultar es que el PAN y el PRI, sobre todo el blanquiazul, ya no saben qué hacer para entorpecer el ascenso, inexplicable para muchos expertos en encuestas y análisis político, que el perredista logra día a día en todo el país, aun en lugares por tradición, como Jalisco, reacios a los planteamientos de la izquierda mexicana. "Sin querer queriendo" y de "buena fe" los diputados del PAN, avalados por sus dirigentes, y aprovechando resquicios legales, depositaron una fianza para que López Obrador siguiera libre, contrariando la aparente decisión de su partido, del Gobierno foxista y de la mayoría de la Cámara de Diputados para que se penalizara con la cárcel el delito que le imputan al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México; pero como ahora se han dado cuenta de que metiéndolo a la prisión fortalecerían aún más su popularidad ya no lo quieren ahí sino en una situación más redituable para sus apetitos políticos: bajo la amenaza de una sentencia. Es decir, lo que importa es inhabilitarlo políticamente, la legalidad es lo de menos; o más bien: mientras la legalidad sirva para perjudicar políticamente a su contrincante recurrirán a ella, si no, simplemente la harán de lado como un tipo de actor político para quien lo más importante es el poder y no la ley. Esta intensa lección de lucha política que está observando la población mexicana ha sido una excepcional oportunidad para ver en su plenitud lo que es la ambición por el poder en su comprensión maquiavélica. Y el PAN, aparente crítico de la política carente de ética y legalidad, se ha revelado tan mortal como todos los partidos políticos mexicanos. El blanquiazul se bajó del Altar y se situó en la realidad mundana del poder político. Se quitó la sotana y se puso los lentes oscuros y el traje cruzado de la PGR con una botella de Tehuacán en la mano. El PAN abandonó la ética y la lucha política justa y legal porque ve con desesperación que su propuesta social, cultural y económica, compartida en muchos aspectos por el priismo dominante, ha fracasado, y que electoralmente sería derrotada por Andrés Manuel López Obrador en 2006. Para un cristiano auténtico, como profesan muchos panistas, debe ser muy difícil estar mintiendo sistemáticamente cuando dicen que lo que buscan en el caso de López Obrador es que se aplique la ley y no desaforarlo políticamente. Los panistas se han de sentir como los sacerdotes pederastas que niegan su culpabilidad con el semen en las manos. O quizá no sientan culpa o remordimiento alguno porque sus oraciones les han de decir que Dios sabrá entender que su lucha aunque no sea legal es justa porque se trata de combatir a un enemigo de la gente "decente" de México. Los recalcitrantes moralistas que fuera del poder criticaban los malos manejos de la administración política y que le arrojaban agua bendita a los pecadores, como lo hacía más insistentemente que nadie Jorge Serrano Limón, flamante dirigente moral y militante tanto del Yunque como del PAN, ahora resulta que viviendo del presupuesto público se embolsan 13 millones de pesos, empleados entre otras cosas en lujosas plumas Mont Blanc y tangas (que ninguna mujer decente debería usar, diría públicamente la moralina de Pro Vida, el organismo presidido por Serrano Limón). Para mala fortuna del exorcista Serrano Limón, su caso se utilizó para que el Gobierno de Vicente Fox simulara que aplica la ley indiscriminadamente, aun a sus compañeros de partido, y no se dijera que sólo se perseguía a los enemigos políticos, como el Peje, y se protegía a los suyos; pero para mala fortuna de los procesadores del tabasqueño la maniobra no sirvió si no para comprobar que Serrano Limón, el más fiero enemigo del condón y la libertad sexual, es un transa cualquiera y, para su fortuna, con gustos parecidos a los de Pancho "Cachondo", el cómico Diputado ex panista. Otra de las lecciones que se han aprendido del proceso político que azota a México desde hace varios meses es que el PAN, finalmente se hizo, al menos en materia de política, un partido laico y dejó de verse como la reencarnación de las buenas costumbres católicas en las que el pecado infunde temor. Es decir, al mentir y simular, comprueba que la política está muy alejada de la fe y de la virtud religiosa y muy cercana a la virtud del poder. Pero si el PAN se despoja para hacer política de su careta cristiana, se aleja también de la necesaria actitud moderna y liberal de apegarse a Estado de derecho. Justo cuando parecía que tomábamos rumbo hacia la democracia el Estado de derecho, el PAN se alía al PRI, en su desesperación de perder el poder frente a una real alternativa política y social a las políticas neoliberales, para eliminar de cualquier manera a un individuo que ha logrado una enorme aceptación popular en el conjunto del país. El PAN y el PRI pueden odiar todo lo que quieran a López Obrador, pueden aborrecer su ideología, pueden creer que el PRD es un partido anacrónico y desordenado, pueden pensar que la izquierda es una opción peligrosa y maligna para México, pero eso tienen que demostrarlo convenciendo a las mayorías y logrando su voto, y no falseando la legalidad. Si para ellos la opinión y la votación de las mayorías ciudadanas no constituyen la soberanía de la Nación, entonces son unos falsos demócratas. Aun equivocándose, como lo hicieron con Vicente Fox, no hay decisión política menos mala que la que toman las mayorías. Éste es un principio ineludible de la democracia. La perversa maniobra legaloide de desaforar al Peje y de ponerlo en manos de los tribunales, ha empujado a la Suprema Corte de Justicia a constituirse, dice Diego Valadés, en un "árbitro político" y no el árbitro legal de la Nación. Tal manipulación está convirtiendo la política en la antesala de juicios penales. Tal dinámica podría provocar que, cuando más se necesita del interés de la población en la cosa pública, suceda que más bien se aleje de ella. Los continuos conflictos políticos que se han desbordado en el Gobierno de Fox han depositado "una carga de expectativas con relación a la Suprema Corte que va más allá de sus posibilidades de respuesta porque no es un organismo político", agrega Valadés. En efecto, la decisión política de Vicente Fox y sus aliados de deshacerse de López Obrador puede retrasar por muchos años la real posibilidad de que el Poder Judicial se convierta en un verdadero poder autónomo del Estado y no en un instrumento, como lo ha sido durante décadas, del Ejecutivo. Sin querer queriendo y de "buena fe" el Poder Judicial ha ido sustituyendo la soberanía de los ciudadanos.
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