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Glorificar al irrelevante La Vida de Acuerdo a Mí

Alessandra Santamaría López
06/02/2018 | 04:02 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com

@Aless_SaLo

 

Nunca me ha disgustado el clan de las Kardashian-Jenner. Aunque no necesariamente aplaudo todo lo que dicen o hacen, siempre he considerado que son una familia de mujeres genios de la publicidad y del marketing y que han sabido sacarle jugo a cada aspecto de su vida. Por más que no me considere su fanática, como utilizo las redes sociales me resulta imposible no enterarme de todo aquello que las involucra, y consecutivamente estar consciente del enorme impacto que tienen en aquellos que las idealizan. Es por eso que cuando Kylie Jenner, que a sus 20 años es la hija menor de la familia multimillonaria, confirmó que había dado a luz a una niña tras meses de tener a toda una generación preguntándose en internet dónde estaba y si era cierto que pronto tendría una hija, no pude evitar pensar en el efecto que el embarazo tendría en sus más de 100 millones de seguidores.

 

En 2011, “Embarazada a los 16” y “Mamá adolescente” eran dos reality shows de MTV extremadamente populares. A tal grado que en Estados Unidos, país de origen de ambos programas, empezó a expandirse una especie de epidemia de embarazos en menores de edad, cuya conmoción fue tan grande que hasta Kim Kardashian (hermana mayor de Kylie), utilizó entonces su plataforma para decir “parece ser que shows como ‘Mamá adolescente’ de la nada están haciendo ver al embarazo como algo genial en los ojos de chicas jóvenes. Las niñas de estos shows (…) se han vuelto celebridades. Pero chicas, esta no es la clase de gente que deben idealizar”. Irónico, considerando que es exactamente lo mismo que su hermana menor está haciendo.

 

El mismo día que Kylie decidió anunciar que el 1 de febrero nació su hija con el rapero Travis Scott, publicó un video donde se ve el transcurso de los nueve meses de gestación, y que a las pocas horas ya tenía 26 millones de visitas y rápidamente se convirtió en la tendencia #1 en clicks de todo Youtube. En cuanto vi el video predije lo que sucedería: miles de sus adolescentes observarían esta historia de amor y se convencerían de que es justo lo que necesitan para que sus vidas sean perfectas. La diferencia entre las fanáticas y su ídolo recae en el hecho que existe una enorme brecha económica entre ellas. Al bebé Scott Jenner nunca le faltará nada. Sus padres nunca tendrán que abandonar la escuela para conseguir un empleo con el cual poder mantener a su hija. Y tal vez más de alguna desafortunada fan se encuentre a sí misma como madre cuando apenas estaba dejando de ser una niña, y se dé cuenta que cometió un error.

Para aquellos que subestiman el poder que tiene esta familia, solo tengo una cosa por decirles: abran una cuenta de Instagram y la realidad les dará una cachetada. Las clones de Kylie existen a montones, porque cada cosa que usa, hace o considera fabuloso se vuelve inmediatamente una moda que no muere hasta que ella decide que le ha llegado la hora. Por eso es la empresaria de menos de 30 años más exitosa del mundo. Y ahí reside el peligro de su última acción: hizo ver su prematura bienvenida a la maternidad como un asunto glamoroso. Como si solo fuera otro proyecto por explotar.

 

Publicaciones como Vogue España consideran a su primogénita un asunto tan importante, que hasta escribieron un artículo sobre como su bebé mestiza (ya que Kylie es blanca y su pareja es negro), refleja la “realidad del amor mestizo que Trump no quiere ver”, y “su triunfo es una zasca de cariño contra la política migratoria de Estados Unidos”. Por favor Vogue, no me hagas reír. Aunque es genial que evidentemente Kylie o es una chica racista, su privilegiada hija no va a cambiar al mundo y ciertamente dudo que a Trump le importe en lo más mínimo lo que sea que se supone que la bebé signifique para el país que dirige.

 

 

Dejemos de glorificar gente sin logros, gente que ha dado continuas muestras de inmadurez, egoísmo, irresponsabilidad y desprecio. Dejemos de glorificar gente irrelevante y hagamos brillar la luz sobre personas cuyas acciones hablan por sí mismas.

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