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Impunidad y corrupción: el infinito ciclo ALDEA 21

Vladimir Ramírez
23/04/2019 | 07:04 AM

Los acontecimientos de violencia en el estado de Veracruz el pasado fin de semana, reavivaron las críticas dirigidas al gobierno de López Obrador por la falta de resultados en la disminución de los asesinatos en el país. Las cifras hablan por sí solas, en el primer trimestre del actual gobierno en el que se han cometido históricamente más asesinatos: 8,493 personas y en lo que va de su gobierno 11,372 homicidios dolosos.

El tema de nuevo se ha vuelto motivo para lanzar críticas a la figura del ejecutivo federal ante la propicia oportunidad para desprestigiar su gobierno. De nuevo se practica el escarnio como ventaja política ante el infortunio de la corrupción y la impunidad, propiciar el fracaso del actual gobierno como artificio para regresar al poder, es la disputa de una clase política indolente en la que no media conciencia ante el desamparo de una sociedad presa del crimen y la violencia.

El crimen no va a desaparecer en México porque se anuncie una cuarta transformación desde la presidencia de la república, como tampoco el hecho de que Morena haya ganado en Sinaloa va a cambiar nuestra realidad social en el estado; se necesita más que el anuncio del cambio verdadero, la llegada de legisladores y alcaldes de la nueva o vieja guardia de la izquierda sinaloense y las simpatías del presidente de la república. No basta el coraje y la determinación de millones de mexicanos que votaron en 2018 para cambiar nuestra realidad nacional. Una elección cambia representantes no realidades sociales.

Las revoluciones sociales sólo pueden suceder cuando son los pueblos quienes las protagonizan, las transformaciones sociales las realizan los ciudadanos, es la sociedad organizada la que puede cambiar su realidad social, no los gobiernos, no las instituciones, tampoco las leyes, por sí mismos. El cambio social obedece a procesos sociales, procesos que requieren de personas conscientes de su circunstancia social, de su condición colectiva para modificar realidades y del cuidado responsable de lo que sucede en su comunidad y en sus instituciones.

Es desde los gobiernos donde se pueden propiciar condiciones y respaldar procesos civilizatorios de cambio social, pero es en la población donde cobran vida estos procesos, depende del nivel de su participación, del compromiso social de asumir ciudadanía y asumir también las consecuencias de actuar o no, lo que determina el resultado. La creencia popular de que la solución depende únicamente del presidente es quedarse en el equívoco y continuar postergando un futuro distinto.

La corrupción y la impunidad tienen sus propios promotores y defensores, vigías del status quo y de los privilegios que otorgan el crimen y la violencia, no se van después de cada elección, permanecen dentro y fuera de las instituciones del gobierno, en la política, en el mundo empresarial, en las religiones, en la cultura, habitan entre nosotros y en muchos rincones de nuestra vida cotidiana.

Hay corrupción porque hay impunidad y hay impunidad porque hay corrupción: infinito ciclo de nuestro infortunio, somos el resultado de nuestras propias contradicciones. La corrupción y la impunidad como realidad social, no siempre son un asunto moral o ético, en ocasiones, es un asunto de vida o muerte. El dilema moral de nuestra sociedad se encuentra atrapado en un círculo de crimen y violencia, donde la fuerza del Estado ha sido incapaz de impartir justicia. La responsabilidad no es sólo del presidente de república, ni desacreditar su gobierno resuelve esta compleja situación; actuar con responsabilidad política y conciencia social, es vislumbrar que lo que se debe defender es el Estado y sus instituciones, la legalidad, la justicia y la libertad, asumir la gravedad de nuestra condición social, la de una sociedad en crisis.

Alcanzar criterios de responsabilidad social que permitan recuperar el Estado de derecho, criterios para aprender a convivir, no a competir, para la reconciliación y no  para la venganza, para una democracia de propósitos y no de revanchas políticas, ese es el reto. Compartir una conciencia social en la que podamos entender, como afirma Hannah Arendt, que “comprender no es perdonar, es reconciliarnos con el mundo.”  Cambiar el destino.

Hasta aquí mi opinión, los espero en este espacio el próximo viernes.

 

vraldapa@gmail.com

@vraldapa

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