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Infraestructura hidráulica y desarrollo de la región sur de Sinaloa TIERRA NUESTRA

Juan de Dios Trujillo
02/02/2019 | 04:00 AM
En su visita de la semana pasada, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ratificó su compromiso con la construcción de los canales de distribución para el aprovechamiento del agua de la presa Picachos, así como con la construcción de la presa Santa María.
 
Con base en la experiencia agrícola de Sinaloa, los productores organizados del sur asocian su atraso con la inexistencia de infraestructura hidráulica para el riego. En tal sentido, pudieron convencer al nuevo gobierno federal de la necesidad de concluir la construcción de ambas presas, debido a que éste ha puesto la atención en las regiones de menor desarrollo económico relativo. Para el nuevo Presidente la región sur es de atención prioritaria en este estado. 
 
Las esperanzas de los productores, en cuanto a superar las restricciones a su desarrollo, están puestas en el aumento de la disponibilidad de agua para riego. Hay algo de razón, aunque el desarrollo tendrá que ver menos con la ampliación de la actividad agrícola de lo que creen. De hecho, existen demandas adicionales para la construcción de infraestructura hidráulica tanto en Elota, sobre el Río Piaxtla, como en Mazatlán, sobre el Río Quelite. Sin embargo, debido a las condiciones orográficas de estos territorios, la superficie disponible para uso agrícola reduce la viabilidad económica de proyectos de gran irrigación.
 
Tales inversiones solamente se justifican si se considera el desarrollo del conjunto de actividades económicas (ganadería, turismo y otras actividades derivadas de la expansión de la mancha urbana y el aumento de la población) o la interconexión del sistema hidráulico del noroeste del país, como proyecto de largo plazo.
 
Uno de los justificantes de por qué se construyó infraestructura hidráulica en las partes centro y norte de Sinaloa fue la combinación de la existencia de un sistema montañoso en la parte oriental, en lo que se conoce como la región de Los Altos, donde era posible construir presas, y una amplia dotación de tierras susceptibles de aprovechamiento agrícola en valles situados hacia la costa. 
 
La amplia disponibilidad de tierras hacía rentable la construcción de sistemas de gran irrigación con fondos públicos, sin embargo, esta circunstancia no está presente en la zona sur del estado. La superficie que puede ser incorporada al cultivo no es muy extensa, así que su aprovechamiento no justificaría por sí misma la construcción de grandes de presas.
 
Para darse una idea, el distrito de riego que tiene cabecera en Los Mochis comprende algo más de 255 mil hectáreas, el de Guasave más de 171 mil, el de Guamúchil más de 101 mil, el de Culiacán más de 218 mil y el de La Cruz más 65 mil. El distrito de la región sur, con cabecera en Mazatlán, comprende más de 18.8 mil hectáreas que se riegan sustancialmente mediante pozos. La presa Picachos, al construirse los canales, podrá irrigar 22.5 mil hectáreas, mientras que la nueva presa, la Santa María, 24 mil hectáreas. Este punto conflictivo ha estado presente en la discusión respecto a la construcción de la Presa Santa María, de ahí que para hacer viable el proyecto se haya introducido al CIP (Centro Integralmente Planeado Playa Espíritu), en Escuinapa, en la idea de dar atención a una mayor demanda de agua derivada del uso urbano del suelo con fines turísticos. Es más rentable la venta de agua para efectos de actividades turísticas que para uso agrícola. Esa discusión también estuvo presente en la decisión respecto a la presa Picachos. Lo que realmente justificaba su construcción era el abasto de la ciudad de Mazatlán, no tanto las actividades agrícolas. 
 
Tradicionalmente, la zona sur, dado su carácter más subtropical, se había caracterizado por su mayor precipitación respecto a las partes centro y norte del estado. Sin embargo, el panorama ha cambiado, los productores se quejan de periodos frecuentes de sequía. Más allá de la presencia del huracán Willa, cuyos efectos fueron muy localizados, la insuficiencia de agua de lluvias se ha reflejado en agotamiento de los mantos freáticos, ante la insuficiente recarga. Si los pronósticos con relación al cambio climático son ciertos, en general Sinaloa se volverá más seco.
La frecuencia de sequías no es el único problema, ha aumentado la importancia de las actividades agrícolas, no solamente por el aprovechamiento del mango para exportación sino por el mayor desarrollo de la horticultura. Ya hay explotaciones muy similares a las que se tienen en los valles de Culiacán, y aunque se utilicen tecnologías que ahorran agua, de cualquier manera, implican mayor presión sobre la disponibilidad del recurso.
 
Adicionalmente, hay un crecimiento urbano mayor, por aumento natural de la población o por desplazamiento de la población. Por otra parte, la actividad turística en Mazatlán está elevando la demanda de agua, la cual se extrae sustancialmente a través de pozos. Esa mayor extracción reduce la disponibilidad de agua de zonas tradicionalmente ganaderas o agrícolas, deteriorando su viabilidad económica. Los pozos se secan muy rápido o el agua se tiene que extraer a mayor profundidad.
 
Es entendible la alarma que expresan los productores de la región sur, así como su demanda de atención. La disponibilidad de agua es cada vez más crítica, y no está claro que el gobierno del estado lo esté percibiendo y esté tomando medidas anticipatorias. Por otra, la región sur es ecológicamente frágil y existe conflicto entre sus sistemas productivos, lo cual, en principio, requiere de medidas de prevención y de corrección, bajo una perspectiva de planeación a corto, mediano y largo plazo.
 
epalaublanco@yahoo.com.mx
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