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La degradación de la Policía Municipal OBSERVATORIO

Alejandro Sicairos
25/06/2019 | 04:00 AM

alexsicairos@hotmail.com


Estrada la riega y los policías la barren 

A quienes les causa sorpresa que el Alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro, traiga de barrenderos a los policías municipales les falta ver un poco más atrás cuando los agentes preventivos de los 18 Ayuntamientos se convirtieron en servidumbre de los militares que vinieron a tomar el control de la acciones de seguridad pública. Antes de ser degradados al pasar de las armas a las escobas hubo la humillación del verde por encima del azul.


En todas las direcciones de Seguridad Pública y Tránsito Municipal los elementos policiacos se traen la protesta silenciosa contra los alcaldes respectivos por claudicar a contar con policías bien preparados, equipados y remunerados. Unos de los absurdos de la militarización de las estrategias de combate a la violencia es que los efectivos de las DSPyTM fueron lanzados al fondo del escalafón del servicio público.

Los grupos criminales y la sociedad pacífica comienzan a percibir a las policías municipales como entidades de ornato que poco o nada aportan a la paz pública. Y los ciudadanos están bien correspondidos porque los agentes también creen que no vale la pena arriesgar mucho para proteger a pobladores que le han dado la espalda a sus fuerzas del orden.

En dicho panorama de decepciones compartidas, a nadie debe extrañarle que los policías desairaran a Estrada en el evento al que los invitó el Alcalde para festejarlos. No fue para aguarle la fiesta al gobernante municipal sino por los sentimientos de abandono y humillación que afectan a los agentes. ¿Quién aceptaría convivir con el político que les arruina la vida?

Tendríamos que ver si a alguien le queda ánimo para ir a escuchar discursos (o lo más seguro es que sean regaños) de quien les quitó el bono de puntualidad, le otorgó el aumento salarial de 2.6 por ciento que no agrega ni un kilo de carne a la mesa familiar, los baja de las patrullas para ponerlos a barrer y se les escatima lo indispensable para que cuidan a la población.  

En honor a la verdad, sin que sea algo indigno trabajar barriendo la vía pública, hay empleados municipales para hacer el aseo en la ciudad y los hay también para proteger a la población. El detalle es que más por ignorancia que por mala leche de la autoridad se alteran los ámbitos de competencia al enviar a los polis a combatir con escobas a los malandrines, dejando así a la deriva la seguridad pública.

Pero lo que cala ahora es el Presidente Municipal de Culiacán refrenda el talante retrógrado que lo ha caracterizado desde que asumió el cargo el 1 de noviembre de 2018. Edil que llega torcido jamás su estilo endereza y es de colección el llamado que le hace al Consejo Estatal de Seguridad Pública para que no se meta en lo que no le importa, siendo que el CESP sí tiene injerencia en temas policiacos.

Hay días en que Estrada debería cumplir la promesa de abstenerse de hacer declaraciones ante la prensa. Sin embargo, lo que más tendría que cuidar es que su incontinencia verbal adopte la pausa anterior al dislate en un ejercicio de conexión entre la palabra y el razonamiento. Al pedirles a los consejeros ciudadanos y al coordinador del CESP que “no se metan en lo que no les importa”, el Alcalde da la impresión de haber sido bajado de la sierra a tamborazos.

Les importa al CESP y a los culiacanenses, y les atañe mucho, que la Policía Municipal esté haciendo labores de aseo y limpia al tiempo que la delincuencia común realice, sin la presencia policiaca eficaz, la otra “limpia” de casas, comercios, bancos y bolsillos, saqueados en completa impunidad.

En fin, se trata de Estrada Ferreiro, el Alcalde que Culiacán nunca debió tener. El que en vez de la Cuarta Transformación representa la enésima involución. Al que ya lo dejaron solo los policías y pronto se quedará sin pueblo. El que no trae soluciones ni planes de gobierno sino rechiflas y resentimientos. Aquel que seguramente ni sabe qué es el CESP porque piensa que a este órgano no le compete la seguridad pública.


Reverso

Le pesará, señor Alcalde,
Que de tanto que la riega,
Pierda la confianza ciega,
Que la gente le dio en balde.


Quizá no haya mañana

Tiene razón Tatiana Clouthier al advertir sobre los apetitos de poder y corrupción que se agazapan detrás de la planta de amoniaco en la bahía de Ohuira, Topolobampo, con los ex gobernadores Francisco Labastida y Mario López Valdez como impulsores del proyecto. Y por ser acertado lo que denuncia la sinaloense más cercana al oído de Andrés Manuel  López Obrador, debe pedirle al Presidente que actúe hoy, ya, antes de que sea tarde para los sistemas ecológicos que están en riesgo. Si AMLO titubea o cede a las codicias de dos hombres que no se llenaron con lo que se llevaron en seis años, tal vez no exista un mañana para las especies animales y vegetales que son vitales para un ecosistema que la ambición humana amenaza con desaparecer.
 
 
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