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La educación escolar mexicana. ¿Una apuesta al futuro? Educación y Sociedad

BERNARDO TRIMIÑO QUIALA
15/03/2019 | 04:04 AM

 

Centro de Investigación e Innovación Educativa de Sistema Educativo Valladolid (CIINSEV).
 
En la actualidad, las contradicciones que se viven al interior de la sociedad mexicana, en algunos casos antagónicas, ponen en evidencia que nos hemos quedado embebidos en períodos primarios del desarrollo humano, donde el pensamiento extremista, el egoísmo, la mediocridad, la corrupción, la violencia, la discriminación y la enajenación han echado raíces sociales y han impedido que se manifieste todo el alto potencial intelectual y cultural del pueblo de México.
 
Estas contradicciones se encuentran entre las causas esenciales que están condicionando los altos índices de violencia, inequidad, discriminación y pobreza del México de hoy. Este panorama es lo que explica el por qué México no se proyecta como una “potencia mundial”; y en su lugar, tiende a asemejarse a un hueco negro que arrastra a su interior a todo lo mejor de la sensibilidad humana que aún queda.
 
Ahora bien. ¿Será posible transformar esta cruenta realidad?, en mi opinión sí, hoy se habla de lucha contra la corrupción, del fomento de políticas públicas sin poner el riesgo la economía y las finanzas públicas, se intenta rescatar a Pemex, se combate a la impunidad, se proyecta un futuro mejor para toda la Nación.
 
Ahora bien. ¿Es posible concretar todas esas políticas, estrategias, planes que supuestamente deben garantizar un futuro mejor, sin referirse a la educación?
 
Todos sabemos que prácticamente es imposible hablar de política, economía, desarrollo social, formación ciudadana y desarrollo futuro sin referirse a la educación. Las relaciones entre estos procesos son dialécticas e irreductibles. Por lo tanto, en el marco de las nuevas propuestas que emanan del gobierno federal, se demanda una apuesta mayor a la educación.
 
Es por ello que se puede afirmar, con total autoridad, que México se transformará para bien, en la medida que la educación escolar se transforme en función de alcanzar una calidad real y total. En otras palabras, las actuales generaciones que se encuentran hoy en las aulas de la educación básica, -y las futuras por venir-; tendrán más conocimientos, habilidades, valores, cultura y responsabilidad generacional que nosotros, en la medida que la educación genere los ambientes de aprendizaje que potencie dicho desarrollo.
 
Pero, ¿qué se debe cambiar en la educación mexicana para generar esos ambientes de aprendizajes que demanda la contemporaneidad del Siglo 21?
 
Por mucho tiempo, los máximos responsables de la educación nacional, -dígase, políticos, los directivos educativos y sindicalistas-, no han otorgado la necesaria prioridad que debía concertarse en favor de un esfuerzo continuado de formación cultural y aprendizaje de calidad puesto al alcance de toda la ciudadanía con derecho a estudiar. Por el contrario, cada cual ha defendido - con espadas en las manos - sus intereses económicos y de poder; pasando la responsabilidad de todos los males educativos a los maestros.
 
Por eso, lo primero a cambiar es la mentalidad y conciencia acerca de la responsabilidad con la educación; para mí esto es lo más difícil; ya que cambiar la forma de pensar de personas con concepciones enraizadas en el poder y la impunidad no resulta nada fácil. Hoy la responsabilidad educativa es de todos, debe comenzar por el Presidente de la República, el Secretario de Educación, todos los funcionarios y directivos sindicales, los maestros, los padres de familia y el alumnado; a cada uno le corresponde una cuota de deber para con la educación mexicana. Así evitamos que la culpa de los males recaiga sobre uno de los actores - los maestros -, mientras toda la sociedad mira de forma pasiva.
 
Lo segundo es que entendamos de una vez por todas que la educación de calidad no es cuestión de partidos políticos, ni de grupos de poder, ni debe proyectarse para un sexenio. La educación escolar debe planificarse con carácter estratégico, de desarrollo, de prevención de males sociales y fortalecimiento de la sociedad mexicana. La falta de este carácter estratégico en la educación nacional, la no identificación de objetivos prioritarios, bien definidos y justos; es lo que ha provocado, que las reformas y estrategias implementadas hayan carecido de realismo y fortaleza científica para el logro de una calidad total.
 
En tercer lugar, es necesario sustituir el modelo de ciudadano a formar. Y es que, en la educación mexicana se implementaron diferentes planes de estudios, cuyo objetivo real no era la formación integral de la personalidad; sino, el desarrollo de ciudadanos simples, que fueran garantes de la formación de seres humanos sumisos y dóciles ante las élites de poder, con pocas posibilidades de generar un pensamiento crítico, que los haga portadores de criterios propios y amantes de la libertad.
 
Hoy la ciudadanía ha comenzado a creer nuevamente en un proyecto educativo de carácter social, que debe permitir el mejoramiento de las condiciones de vida personales y colectivas; no solo, para los diferentes grupos sociales; sino, para toda la nación.
 
Sin embargo, en México no se puede hablar aún, de una educación escolar favorecedora del desarrollo integral de la personalidad, que permita la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales básicas, que cree fuertes expectativas de crecimiento social futuro y que cada persona sienta un estado de satisfacción favorable.
 
Esperemos, entonces, que la reforma por venir cumpla nuestras expectativas.
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