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La fractura de Morena en Sinaloa Opinión

Adrián López Ortiz
23/06/2019 | 04:05 AM
adrianlopezortiz.com

El 8 de enero pasado y en medio de una tensa discusión por el presupuesto estatal con el Gobernador, la coordinadora de Morena en el Congreso y líder de la Junta de Coordinación Política lo dijo así: “Es una resistencia a los cambios; es una resistencia a entender que ya no hay un Congreso controlado por el Ejecutivo estatal”.

La frase resonó en medios pero en la realidad, esa discusión terminó en “empate”: Morena tuvo que recular en la reasignación de muchos millones y el Gobernador Quirino Ordaz tuvo que transigir en otros tantos para sacar adelante un presupuesto tardío.

Pero esta semana la cosa cambió. El PRI y sus aliados le ganaron una partida política clave a Morena al lograr oponerse a la aprobación del matrimonio igualitario con 20 votos a favor y 18 en contra. El problema es que no lo hicieron solos, fueron apoyados por seis diputados morenistas: Flora Isela Miranda Leal, Rosa Inés López Castro, Fernando Mascareño Duarte, J. Jesús Palestino Carrera, Mariana de Jesús Rojo Sánchez y Apolinar García Carrera.

Ya mucho se ha hablado de las implicaciones jurídicas y sociales del “no” al matrimonio igualitario. Yo hoy me detengo en las políticas pues me parece que esa derrota morenista generará nuevas condiciones de poder de cara las elecciones de 2021 en Sinaloa.

Me explico: si algo presumió Morena tras su avasallador triunfo en las elecciones pasadas era que, por primera vez, el Gobernador del Estado ya no controlaría el Congreso. Lo dijeron recio y quedito. Hablaron, incluso, de un “nuevo equilibrio de fuerzas”. Morena tiene (¿tenía?) 26 diputados entre propios y afines: una mayoría contundente para impulsar su agenda y la del hombre que los llevó hasta su curul: Andrés Manuel López Obrador.

Pero como en política la memoria es corta, a muchos de los recién llegados diputados de Morena se les olvidó muy pronto que su nuevo poder no venía de su cuasi inexistente trayectoria o su irresisitible carisma, sino de un fenómeno electoral nunca antes visto en México: el famoso “tsunami”.

Y en ese olvido los intereses, los prejuicios, las convicciones y las presiones juegan su papel. La votación adversa para la fracción de Morena en el tema del matrimonio igualitario terminó por consolidar lo que se veía venir desde la discusión del presupuesto: que la unidad morenista no es tan sólida, ni fue tan duradera, como se presumió desde el principio. 

Morena se fracturó y esos seis diputados que votaron junto con el bloque del PRI, PAN, PAS y hasta “Chenel”, ya cantaron que conformarán un especie de nueva fracción al interior del Congreso... pero sin salirse de Morena. Lo que se antoja difícil pues todo indica que en las aguas nacionales del partido-movimiento ya se procesa su expulsión. Es decir, están poniendo sus barbas a remojar. Y tampoco se necesita ser adivino para saber dónde estarán sus nuevos amigos.

Ese contexto incluye nuevas implicaciones políticas para el Congreso y el equilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo en el estado, pues el PRI y el Gobernador Quirino Ordaz saben ahora que son capaces de impedirle a Morena el cumplimiento de las principales promesas que integran su plataforma electoral. El matrimonio igualitario era precisamente una de ellas.

Entonces, para quienes desde lo nacional insisten en declarar con sarcasmo que el PRI ya no existe, tendrían que voltear a las esferas locales para mirar con más detalle. En Sinaloa, con el total apoyo del Gobernador, el PRI se reconfigura y prepara para las elecciones que vienen. Lo hace, primero que nada, aprovechando las pifias, la falta de estructura, oficio político y conocimiento de sus rivales en el Congreso y las alcaldías. Y lo hace también “dejándose usar” y acompañando a nuevos grupos de interés o comunidades específicas, según sea el caso: agricultores, pescadores, ganaderos, grupos religiosos. ¿Causas? No. Pragmatismo puro.

En suma, para Morena la derrota política fue tal, que a partir de ahora, su grupo parlamentario lo tendrá más difícil para apostar por grandes victorias. Tendrán que ir con mayor prudencia y tejer más fino en las negociaciones para garantizar triunfos relevantes. ¿O de plano preferirán secundar la agenda nacional del Presidente López Obrador? Lo que le dejaría la cancha abierta al PRI y el PAN para fijar la agenda.

Ese es el dilema de Graciela Domínguez en lo que queda de la legislatura: dimensionar su poder real y distinguir los aliados de los adversarios para decidir qué batallas pelear.

Porque hay que recordar que muy pronto el Congreso local estará revisando y discutiendo las cuentas públicas de los alcaldes (en su mayoría morenistas) y del Gobernador Quirino Ordaz

En ese tema a todos los ciudadanos nos conviene un Congreso que haga su trabajo de fiscalización como contrapeso del Ejecutivo y no de comparsa, como lo hemos atestiguado históricamente. Y en ese sentido, la fractura de Morena es una mala noticia.
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