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La impunidad transexenal del priismo Opinión

Adela Navarro Bello
09/09/2019 | 04:03 AM

Desde su salida del Gobierno de Chihuahua hace prácticamente tres años, César Duarte huyó de ese estado. Con dos grandes entidades estadounidenses allende la frontera chihuahuense como lo son Texas y Nuevo México, sus pasos fueron cortos.

Fue avistado en El Paso. La sociedad con la que solía tener relaciones lo llegó a ver en los lugares que comúnmente visitan en los Estados Unidos. El café, el restaurante, la tienda departamental de su coincidencia. Incluso se aventuraban a nombrar el complejo residencial donde vivía el ex Gobernador, al igual que otros mexicanos con la situación económica lo suficientemente holgada para poseer una vivienda en la unión americana.
Total que decían entre ellos que si no lo detenían era porque no querían. No estaban muy de acuerdo con el nuevo Gobernador Javier Corral. Lo veían más a la izquierda, muy populista, muy reaccionario. Les preocupaba –y les preocupa- que no disminuya la inseguridad y la violencia. Que se haya enfrentado al Gobierno de Enrique Peña Nieto y realizado marchas y mítines en su contra, en lugar de encabezar estrategias para contener al crimen organizado y a los delincuentes. Como quien dice le tachaban que hacía más borlote que generar resultados en beneficio de todos.
Pero en algo coincidieron Gobernador y sociedad: César Duarte es un corrupto protegido por el Gobierno federal. Lo confirmaban cada vez que cruzando la frontera lo encontraban, discreto pero visible.
Los dos primeros años de gobierno de Corral y los dos últimos de Peña, la corrupción en torno al caso de César Duarte se confirmó con la misma velocidad que su expediente fue minimizado en el ámbito federal. La terquedad del Gobernador César Duarte sirvió para que desde la Fiscalía General del Estado con información de áreas como la Secretaría de la Función Pública local, pudieran establecer el entramado de corrupción que llevó al ex Gobernador y a sus colaboradores a desfalcar por más de seis mil millones de pesos a aquel estado, y por lo menos desviar 250 millones de pesos. La deuda pública que heredó el panista del priista ascendió a más de 48 mil millones de pesos.
Logró Corral que en el Estado antes que en la Federación se generaran órdenes de aprehensión. Detuvo a algunos, los procesó, pero del ex Gobernador nada. La realidad era que la Procuraduría General de la República, institución que feneció en el Gobierno de Peña Nieto, encubría con la incapacidad de sus funcionarios y la malicia política de su titular, al ex Gobernador. Ahora sí que era el hombre más buscado de Chihuahua pero no por el Gobierno de la República.
Pero el Gobernador Corral estuvo tan cerca, que logró que el entonces Presidente Enrique Peña Nieto y miembros de su gabinete buscaran el amparo de la justicia para protegerse de las investigaciones, solicitudes de información, citatorios, por parte de las autoridades de Chihuahua.
Llegó el nuevo Gobierno, el de la cuarta transformación, y también la Fiscalía General de la República. Los de Chihuahua, como muchos otros mexicanos, esperaban que la justicia por fin llegara. Pero han pasado nueve meses y nada. A pesar de contar con tres órdenes de aprehensión en su contra, una ficha en la Interpol para su búsqueda, y que no ha salido del continente, a César Duarte no lo han detenido.
Esta semana el periodista Carlos Loret de Mola reveló en su columna de El Universal, dos fotografías del ex Gobernador. Está sentado sobre una silla alta y con los brazos sobre una mesa de iguales dimensiones, de las que llaman periqueras y son comunes en bares y restaurantes temáticos de entretenimiento. Es un bar, describe el columnista, que se ubica justo frente a un hotel que el ex Mandatario ha elegido como escondite. Un vistoso Marriot en la ciudad de Albuquerque, Nuevo México, una de las dos más grandes de aquel estado junto a su capital Santa Fe.
Pero en la Fiscalía General de la República siguen sin encontrarlo. Ni los duchos de la Interpol han dado con él, que se esconde a la vista de todos.
Un común denominador tienen los priistas perseguidos del sexenio pasado, los ex gobernadores Javier y César Duarte, el ex director de Petróleos Mexicanos y la ex Secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles: se estima en investigaciones locales y análisis sobre los delitos de los cuales se les acusa, que parte del dinero desviado, desfalcado o defraudado, fue destinado a la inversión en campañas políticas del Partido Revolucionario Institucional.
El otro denominador común es el ex Presidente Enrique Peña Nieto.
En sobradas ocasiones el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha declarado que no investigará a los ex presidentes a pesar que así lo prometió en campaña, y durante 12 años fue su principal bandera de lucha política, señalar la corrupción y acabar con la misma.
El martes 3 de septiembre el Juez que conoce de la investigación que mantiene en prisión a Rosario Robles por el caso conocido como la “Estafa Maestra”, deslindó de la indagación a José Antonio Meade Kuribreña, luego de que había requerido el documento de entrega-recepción de la Secretaría de Desarrollo Social que dejó Robles y recibió Meade, suponiendo que éste debió conocer –pero tampoco hizo algo al respecto- de las irregularidades para sacar miles de millones de pesos de la secretaría.
Después de amedrentar con llamar a declarar al ex Presidente Peña, el abogado de otro prófugo de la justicia, Emilio Lozoya Austin, se ha quedado callado. La madre del ex director de Pemex, que fue detenida en Alemania, logró que un Juez suspendiera en definitiva la orden de captura en su contra.
Javier Duarte de Ochoa, quien liberó un video donde pretende hacer evidente que su captura fue pactada con el Gobierno de Peña Nieto, ahora hace uso de redes sociales para fijar su postura sobre el acontecer diario de México y sobre su caso, evidenciando que cuenta con medios para estar informado y para interactuar, así sea con la ayuda de terceros, con el exterior de la prisión, aun de manera virtual.
César Duarte se esconde públicamente. Quienes le conocen lo ven, al periodista Loret le proporcionaron imágenes del mismo en un lugar público donde no se le ve preocupado. Tampoco se aprecian cambios en su fisonomía. Es el mismo acusado de peculado agravado y desvío de recursos que el Gobierno de Peña no quiso detener y que la Fiscalía General de la República en la cuarta transformación, tampoco.
Un video de un ex Gobernador, las fotos de otro, la suspensión a la orden de aprehensión contra la madre de un ex funcionario, el deslinde a José Antonio Meade de la investigación de la “Estafa Maestra”, todos casos que parecen hilvanarse en el manto de impunidad que cubre al ex Presidente de México, Enrique Peña Nieto. La impunidad que trasciende administraciones federales en favor del priismo que ocupó la Presidencia de la República.
Sinembargo.MX

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