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La muerte... otra vez Opinión

Cuauhtémoc Celaya Corella
08/09/2019 | 04:00 AM

celayacorella@hotmail.com

Tenía otro artículo escrito que llamé, el día que los fifís tomaron Palacio Nacional, en relación a que fueron invitados a la lectura del mensaje del Presidente de la 4T hace una semana. La minoría rapaz, como la llamó un día, ocupó las sillas del pueblo bueno, y aplaudieron en una señal de reencuentro con quien tiene ahora el poder político. Volverá a ser igual lo que se dijo que sería diferente, cambiarán los guiños, las apariencias, pero de nuevo los dos poderes se mezclaran en intereses mutuos.

Te lo haré llegar a tu correo Inge, porque lo sucedido el jueves por la lluvia intensa que azotó la ciudad de las 4 a las 6 de la tarde, me movió a algunas reflexiones que quiero compartir.
La lluvia venía cubriendo a la muerte, quien encontró a una jovencita que en mala hora fue a caer a una alcantarilla de aguas pluviales, en el transitado bulevar Emiliano Zapata.

Se viralizó la toma que hizo un testigo anónimo, y pronto, en lo que llaman las redes sociales, la noticia había sido vista por una gran mayoría de culiacanenses.

Toda la ciudad se desquició. El centro comercial tradicional, paso obligado de casi todos los camiones, fue como siempre, un espacio donde jóvenes y no tan jóvenes, buscaban el camión urbano que los llevara a sus domicilios. Los autos varados, y en muchos cruceros, verdaderas lagunas obstaculizaban el tránsito y era difícil moverse. Los pocos agentes viales no fueron suficientes. No tiene dinero el poder público para tener más vigilancia y personal que desahogue cruceros peligrosos. La austeridad republicana es también culpable en este hecho que duele a la sociedad.

Deberíamos estar de luto. ¿Qué festejará el gobierno y el pueblo este mes, si en este mes, la muerte se presenta en la ciudad? ¿Recuerdas Inge, fue en septiembre pasado cuando tres mujeres fueron arrastradas por las avenidas de agua y lodo en un arroyo conocido como “El Piojo”, y sólo encontradas dos de ellas? ¿Y en esa misma tormenta, un jovencito que caminaba confiado hacia su escuela, cayó en un hoyo que, por no tener rejilla, perdió la vida?

Estamos acostumbrados a la muerte violenta que llega a darse en un robo de auto, a las que se suceden por cosas del narcotráfico, a los que acribillan porque vienen “de arriba”, a las que llegan a darse en asaltos a comercios, o las que provocan accidentes de tránsito donde caen motociclistas, algunos por imprudencia, otros por abusos de quien conduce, o los que se han presentado cuando quien por consumo de estupefacientes, toma el volante; en fin, pareciera que Culiacán bien pudiera decirse, aunque suene mal decirlo, que es la ciudad de la muerte.

Pareciera que a partir de ahora, será verdaderamente peligroso conducir o caminar por calles y banquetas, con el miedo de ser el próximo que tenga algún percance, o una fatalidad, cada vez que un aguacero torrencial azote la ciudad.

No quería caer en esta pregunta: ¿Y la autoridad, tanto municipal, el Presidente, y la estatal, el Gobernador, no son capaces de atender una necesidad básica como revisar y cerciorarse de que por donde fluyen las corrientes pluviales, no haya peligro de un accidente que cobre vidas humanas?

Esa alcantarilla del Zapata, no se hizo el miércoles, como el arroyo El Piojo, no se creó en agosto, ni donde cayó el jovencito se hizo la noche anterior, no, hay una negligencia total y una responsabilidad compartida de ellos. No son cosas de las otras administraciones que dieron permisos para construir, ni tampoco las basuras acumuladas. Es muy fácil decir que otros tienen la culpa.

No hay una autocrítica, ni tampoco hay una protesta ciudadana, porque el ciudadano ya se cansó de protestar y no ser escuchado. El Presidente Municipal, cuando la construcción del estadio, era un protestador. Ahora tiene el poder, que trabaje en esos detalles que están en banquetas, calles y avenidas.

Que hay construcciones mal hechas, que constructores y otras autoridades se corrompieron mutuamente en las obras, no lo sé, Inge, sólo sé lo que tú sabes, que mueren personas que no deberían morir, pero se encuentran con el resultado de los malos gobiernos, que deficientemente trabajan, o caen en incompetencia y entonces, el ciudadano paga hasta con su vida esos descuidos tan fáciles de detectar y corregir. Pero...

¿Cuántas lluvias torrenciales quedan en la presente temporada? No lo sabemos, pero sí sabemos que debemos de evitar las basuras y los materiales para construcción a cielo abierto, que la autoridad debe avisar y prever a la ciudadanía de zonas de peligro, colocar rejillas y eliminar obstáculos que impiden la libre corriente de las aguas. Si eso, solo eso hiciera el Presidente y su equipo, habrían cumplido con su cometido.

No puede seguir la muerte tomando la ciudad en cada aguacero, no puede en cada aguacero al ciudadano y al conductor darles miedo transitar por las calles de su ciudad.
Evitemos que a nuestra ciudad le puedan nombrar, la ciudad de la muerte.

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