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La psicología del opositor al matrimonio igualitario Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
16/06/2019 | 04:04 AM

Mientras el debate del matrimonio igualitario se torna un álgido tema de conversación en la comunidad sinaloense, deberíamos de darnos un tiempo de reflexión para analizar las opiniones polarizadas sobre este tema.
El sentimiento antagónico de aquellos que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo incluye diversos factores, el más obvio es la orientación religiosa. La afiliación religiosa y la devoción son determinantes por si solos. Aquellos que atienden a misa e interpretan literal o tradicionalmente los textos religiosos son los más propensos a rechazar el matrimonio igualitario. Asimismo, aquellas religiones donde Dios es visto como una figura masculina tienden a rechazar por completo el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Otro factor importante que determina estas actitudes está definido por la demografía y el cohorte donde uno nace. Las mujeres, jóvenes, gente con grados académicos avanzados o viviendo en zonas urbanas suelen estar a favor del matrimonio igualitario.
El debate público suele estar dominado por luchas ideológicas enfocadas a derrotar y abatir a los adversarios, en lugar de persuadir. Las actitudes hacia el matrimonio igualitario están intrínsecamente arraigadas en cada persona, al punto de que intentar modificarlas resulta un ejercicio de futilidad.
A pesar de que las principales ciudades de Sinaloa son zonas urbanizadas, éstas son una especie de híbrido entre rancho y urbe. Por esta razón, existe una gran heterogeneidad de opiniones; no obstante, el apoyo al matrimonio igualitario está ganando cada vez mayor apoyo, gradualmente, y a la par del relevo generacional.
El poder de los hombres de fe es uno de los grandes rompecabezas políticos de este país, pues ellos son realmente los únicos oponentes del matrimonio igualitario (y muchas otras reformas). No son muchos, pero han logrado anquilosarse en la política pública. Estos guerreros han luchado en la calle, la prensa, y a lo largo de todos los pasillos del Congreso.
Han luchado en nombre de los niños (hasta por aquellos que aún no han nacido) y por otro lado protegen pederastas. Han luchado por la familia y los valores tradicionales, y por otro lado hacen caso omiso de la violencia intrafamiliar y los derechos de la mujer. Han luchado por el amor al prójimo y por otro lado vilifican a los homosexuales.
La realidad es que muchos de los sinaloenses queremos que estas crueles prácticas y leyes que dejan fuera y oprimen a las minorías sean cosa del pasado. No somos una sociedad profundamente conservadora.
Lo que ha convertido a este tipo de reformas en un dolor de cabeza no es modificar la opinión pública, sino las acciones de los viejos hombres de fe. Aunque no pueden garantizar muchos votos, pueden desatar el pandemonio.
Desafortunadamente, la fe sigue teniendo mucha influencia en la casa del pueblo. Ya sea la homosexualidad, el divorcio, el aborto, la eutanasia, o el matrimonio igualitario, la religión tiene el poder de influir sobre las políticas públicas.
El matrimonio igualitario será una realidad. Tal vez todavía queden unos cuantos rounds más de pelea, pero hasta el contendiente más rudo sabe que eventualmente sucederá. La mentalidad del hombre de fe no es ganar la batalla, sino aguantar la pelea con el fin de demorar el inevitable resultado.

alberto.kousuke@uas.edu.mx
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