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Los hombres sinaloenses aman los senos Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
12/01/2020 | 04:05 AM

alberto.kousuke@uas.edu.mx

“Mis ojos están arriba” es una frase cliché que deriva de la fascinación por los senos.

En la última década, hemos visto un alza en el número de hombres que ingresan a la alberca con playera. Este estilo es un intento insustancial por desviar las miradas que se fijan sobre sus escotes.

Los senos masculinos son una condición médica llamada ginecomastia, cuya raíz etimológica deriva del griego “gynaika” (mujer) y “masto” (pecho). Esta se describe como un aumento de la masa que se extiende concéntricamente desde el pezón.

Existen dos tipos de ginecomastia. La ginecomastia verdadera es un aumento del tejido mamario ocasionado por un incremento del nivel de estrógenos, mientras que la pseudo-ginecomastia es un aumento del tejido adiposo (grasa) ocasionado por un incremento en la ingesta de calorías.

En el pasado, los senos nunca se asociaban con la fisionomía masculina. De hecho, el estándar de un hombre era de aquel con pecho plano y musculoso; sin embargo, cada vez es más frecuente ver hombres luciendo senos parecidos a los de una nodriza (mujer que se dedica a amamantar).

¿Por que cada vez es más frecuente ver hombres con senos?

Aunque la ginecomastia puede ser secundaria a condiciones médicas como el hipogonadismo, hipertiroidismo, o un tumor cerebral (prolactinoma), la gran mayoría de los hombres con “man-boobs” deben su estampa feminoide al neoliberalismo.

Por décadas, el sector privado nos ha bombardeado con publicidad dirigida a manipularnos para consumir productos innecesarios y dañinos. Refrescos, lácteos, agua, y todo aquel producto que se encuentre en un contenedor de plástico ocasionan un aumento de los niveles de estrógenos y grasa en los hombres (y mujeres).

Actualmente, la mayoría del plástico tiene un compuesto llamado bisfenol A (BPA). El BPA es la piedra angular de los plásticos policarbonato y las resinas epoxi, tales como aquellos utilizados en botellas, empaques de comida, etc. Cuando estos plásticos son lavados, calentados, o sometidos a otros tipos de estrés, terminan liberando sus moléculas tóxicas.
El BPA altera la actividad del eje Hipotalámico-hipofisiario-adrenal, el principal regulador homeostático del cuerpo, el que controla las reacciones al estrés y regula varios procesos del organismo como la digestión, el sistema inmune, las emociones, la conducta sexual, y el metabolismo energético.

No somos una sociedad que se caracteriza por tirar la basura en su lugar, y menos aún, por separarla y reutilizarla. El plástico acumulado en los depósitos de basura ibera sus toxinas al subsuelo y mantos subterráneos, las cuales terminan en el aire, mares, ríos, y lagos.

Además de contener BPA, los alimentos y bebidas embotelladas contienen un gran número de aditivos que generan adicción tales como el jarabe de maíz de alta fructosa y el glutamato monosódico.

Estos productos adictivos que ocasionan obesidad y contienen BPA son una de las principales causas de la ginecomastia.

En México, el 73 por ciento de los adultos y el 35 por ciento de los niños y adolescentes tienen sobrepeso u obesidad, (60.6 millones de personas, el 52 por ciento de los mexicanos), es decir, somos los más gordos del planeta y nuestro país sufre por ello.

La Secretaría de Salud reveló que las enfermedades crónico-degenerativas como diabetes y cáncer, son responsables de más del 50 por ciento de las muertes en México. Con un sistema de salud pública al borde del colapso financiero, los costos generados por mantener “sanos” a los obesos están drenando el presupuesto destinado a salud.

Debemos cambiar nuestra conducta y paradigmas. Nuestro comportamiento consumista nos terminará consumiendo. El uso de plásticos desechables no sólo está acabando con el medio ambiente, sino también con la salud de los mexicanos, y de paso está ocasionando una epidemia de hombres con playera en la alberca o el mar.

La obesidad es una carga innecesaria para México, afectando la economía y salud de todo el País. Siendo la obesidad una enfermedad prevenible, se necesitan reformas para atender la obesidad a través de educación y restricciones.

Estar positivo con la forma en que uno se ve a sí mismo no es suficiente, uno debe ser proactivo en mejorar la salud y el bienestar. Los efectos de la obesidad sobre los órganos, articulaciones, niveles de energía, humor, y apariencia, van en contra de la idea de estar positivo.

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