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Matar al mensajero Opinión

Carlos Elizondo Mayer-Serra
11/07/2019 | 04:06 AM

@carloselizondom

El soberano le manda cortar la cabeza al mensajero que trae noticias negativas. Esta escena se repite en decenas de cuentos infantiles. Está inspirada en hecho reales. A quien tiene el poder no le gustan las malas noticias. Quienes lo rodean, para ahorrar su enojo, evitan dárselas.

Cuando una mala noticia no se puede ocultar, se trata de buscar un culpable. Siempre hay una mano negra por ahí para exculpar al responsable del problema. El Presidente López Obrador ha explicado así la revuelta de la Policía Federal contra la integración de ésta a la Guardia Nacional.

La renuncia de Urzúa es, como lo dice en su carta, la de quien ya se cansó de dar mensajes que AMLO no escucha. En sus palabras: se han “tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”. Al nombrar a Arturo Herrera como el nuevo Secretario de Hacienda, AMLO no hace acuse de recibido de estos mensajes, se pone a hablar de la resistencia al cambio...

La salida de Urzúa no parece que supondrá un cambio en la política de balance macroeconómico seguida hasta ahora. Pero es una muestra más de un deficiente proceso de toma de decisiones en el gobierno actual. Con un Presidente que gobierna con “lo que diga mi dedito”, con un partido que es suyo y se pliega a sus dictados en el Legislativo, aunque sean absurdos (como la restricción para quien deje un puesto de alta responsabilidad del sector público, para trabajar en el sector privado durante 10 años), con una oposición débil en el Congreso, con criterios de selección de funcionarios basados en la lealtad, no en las competencias, importa como nunca que quienes rodean a AMLO le digan la verdad.

Pero es muy difícil decirle verdades incómodas a un Presidente, más cuando tiene la personalidad de AMLO. Los presidentes deben saber sobre esta dificultad y organizar un método de trabajo que les permita recibir todo tipo de mensajes, incluidos los más negativos. También escuchar voces de gente ajena a su gobierno para tener otros puntos de vista.

AMLO no lo ha hecho. Le interesa acumular poder, no administrar mejor. En la lógica del poder, lo importante es la obediencia y la lealtad. En la lógica de la administración pública, la eficacia dentro de la legalidad. Ésta requiere cuidar los procesos de toma de decisión y de seguimiento de lo acordado, tiempo e información para ponderar las opciones, capacidad de dar marcha atrás cuando algo no está funcionando como se esperaba. Todo esto es contrario a quien ve todo bajo el cristal del poder.

Supongo que el Presidente tomó la decisión de desaparecer la Policía Federal con la información que le dieron: ésta indicaba que era un nido de corruptos, pero nunca se hizo público ese informe, nadie sabe cómo se hizo. ¿Con qué estudio decidió cancelar el aeropuerto de Texcoco o iniciar sus obras consentidas en el sureste? Deben ser esas decisiones no debidamente estudiadas, parafraseando a Urzúa.

A AMLO lo rodea un grupo pequeño de leales seguidores. No hay voces disidentes. Para ascender, lo mejor es darle el mensaje que espera oír. Así se fueron ganando su puesto. Los mensajeros de malas noticias se han ido yendo, el último en dejar el barco es Urzúa.
AMLO hará lo que desde hace años sueña hacer. Ni la realidad ni mensaje alguno parecen poder cambiar su visión de ciertos temas. Es un estilo de gestión disfuncional.

Como escribió este lunes Héctor Aguilar Camín, ya sabemos sobre la capacidad del gobierno de destruir. El trabajo en ese sentido avanza a paso veloz. No sabemos aún si serán capaces de construir lo prometido.

Me temo que, dado el estilo de gestión de AMLO, la construcción no será fácil. Sus principales proyectos muy pronto se enfrentarán al enorme problema de que no se escucharon voces distintas, no se estudió ni planeó con mayor seriedad, no se modificó lo necesario para hacer más fácil su implementación. Ante esto, buscará una mano negra. Seguramente también se seguirán yendo quienes no pueden vivir en un mundo donde la culpa es del mensajero que se resiste al cambio simplemente porque pide que se analicen con cuidado las decisiones de política pública.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

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