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Nadie es indispensable Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
15/03/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com

@rodolfodiazf

 

 

 

Todos somos importantes, pero nadie es indispensable. El trabajo que cada uno realiza es básico, pero si falta, alguien más lo puede sustituir. En ocasiones se piensa que si una persona importante fallece, el mundo ya no podrá ser igual; sin embargo, aunque se lamente tremendamente su ausencia, el mundo sigue su curso.

 

Axel Munthe fue un médico y escritor sueco que visitó a los 18 años la isla de Capri y se enamoró de ese lugar. Años más tarde construyó allí una villa, en donde estuvo la antigua villa de Tiberio, que llamó San Michele.

 

Se distinguió como filántropo, pues muchas veces atendió a personas sin recursos, además de que sirvió como médico de la Cruz Roja en la Primera Guerra Mundial.

 

Se hizo célebre como escritor con su obra La historia de San Michele, que ha sido catalogada autobiográfica, aunque él no la consideraba así. En este libro narró que le tocó atender a la Madre Superiora General de Las Hermanitas de los Pobres, quien sufría de una afección cardiaca.

 

La madre, le dijo: “Haga todo lo posible por salvarme. ¡Cuarenta mil pobres dependen de mí!”

 

Munthe le respondió: “Reverenda Madre, soy un buen profesional, y en todo caso yo haré todo lo que pueda por salvarla y curarla. Pero no se preocupe por los 40 mil pobres. Ellos ni la conocen a usted ni les importa lo que a usted le suceda; y si usted fallece -cosa que Dios no quiera y sus médicos procuraremos evitar- nombrarían enseguida a otra reverenda madre general que continuará ordenadamente el trabajo que usted hacía sin que sus cuarenta mil pobres tengan que sufrir nada por ello. Ahora, tenga la bondad de darme el pulso y sacar la lengua, y comencemos el diagnóstico”.

 

¿Me considero indispensable?

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