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Presidente dogmático Opinión

Manuel Clouthier
08/02/2019 | 04:01 AM

@ClouthierManuel

 

El filósofo mexicano Francisco Ugarte en su libro “El hombre actual en busca de la realidad”, nos dice que hay tres formas de ver la realidad: el relativismo, el dogmatismo y el realismo.

 

Para el relativista no hay verdades absolutas, todo es relativo; para el dogmático él tiene la verdad absoluta, por lo que se sobrevalora a sí mismo;  el realista reconoce que las cosas poseen su propia verdad por lo que tiene la apertura para admitir que la realidad es compleja y su inteligencia limitada, y así sigue un proceso permanente que busca conocer la verdad que está en las cosas.

 

El dogmático sobrevalora la capacidad de su inteligencia y da lugar a una exagerada seguridad subjetiva de estar siempre en la verdad. Esto, nos dice Ugarte, se traduce en una actitud de aferrarse, de una forma irracional, a la supuesta verdad que él posee.

La reacción del Presidente López ante la baja de calificación crediticia de la deuda de Pemex nos da indicios de un Presidente dogmático, es decir, alguien que se aferra de manera irracional, a la supuesta verdad que él posee.

 

AMLO aseguró que las calificadoras son “hipócritas” y permitieron el saqueo de Pemex; avalaron la reforma energética que no incrementó la inversión, lo que produjo la caída de la producción petrolera. “Nunca dijeron nada, guardaron un silencio cómplice y ahora que estamos recuperando a Pemex salen con sus recomendaciones”. Pemex está mejor que hace 30 años porque su principal problema es la corrupción y ya se está limpiando”, concluyo el Presidente.

 

López Obrador en su discurso inaugural el 1 de diciembre de 2018 nos dijo: “La política económica neoliberal ha sido un desastre, por ejemplo, la reforma energética, que nos dijeron que vendría a salvarnos, solo ha significado la caída en la producción de petróleo… se aseguraba que íbamos  a estar produciendo 3 millones de barriles diarios, y la realidad es que estamos extrayendo solo 1 millón 763 mil barriles diarios, es decir el 41 por ciento menos de lo estimado y con tendencia a la baja”. Como vemos, fue el propio Presidente quien nos dice sobre la caótica situación de Pemex y su tendencia negativa.

 

También tenemos que la deuda de Pemex ha crecido en los últimos ocho años de 53.8 mil millones de dólares a 104 mil millones de dólares, es decir más del 90 por ciento en ese periodo. Por otra parte, Pemex importa entre el 65 y el 70 por ciento del total de las gasolinas que se venden en el País. Además tiene las mermas por huachicol de cuello blanco (9 por ciento aproximadamente del consumo de gasolina) más lo que se realiza con la extracción de ductos. Pemex padece corrupción adicional tanto del sindicato, los  moches en contratos, los altos costos operativos.

 

Todo nos dice que Pemex atraviesa por su peor momento, tanto en la operación como en su posición financiera. ¡Esto es indiscutible! Peña entregó a Pemex prácticamente quebrada como lo señala Fitch, y bien dice AMLO… ¡SAQUEADA!

Fitch Ratings rebajó la calificación de Pemex y la perspectiva es negativa, esto como reflejo del continuo deterioro del perfil crediticio de la empresa petrolera, la cual ha sido técnicamente insolvente desde 2009, señala el informe.

 

El negocio de Pemex es exportar petróleo crudo, es lo que le ha permitido vender grandes volúmenes con altos márgenes de utilidad bruta.

 

Hoy, a las calificadoras les preocupa el monto de los pasivos de Pemex tomando en cuenta que se deben 104 mil millones de dólares, aunado a la reducción de exportaciones de crudo ante la baja producción.

 

Fitch Ratings es claro, la empresa necesita “un soporte más robusto por parte del gobierno” para poder hacer frente a sus necesidades de flujo de caja. Fitch aplaude las medidas de la nueva administración como combatir la corrupción e inyectar capital a la petrolera, pero considera que son insuficientes para mejorar la salud financiera de la empresa. Fitch pregunta: ¿en qué debe invertir Pemex en estos momentos de crisis? ¿Extracción o refinación de petróleo?

 

También las calificadoras ven mayor incertidumbre en algunas políticas públicas del nuevo gobierno que pudieran afectar la calificación soberana, es decir el riesgo país. Más vale que AMLO no se pelee con la cocinera, y sea menos dogmático y más realista.

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