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Presupuesto Educativo (tiempos y realidades) Kratos

Juan Alfonso Mejía López
06/10/2019 | 04:08 AM

juanalfonsomejia@hotmail.com
Twitter: juanalfonsoML

A Carlos Monsiváis, uno de los referentes de la izquierda mexicana, le leí alguna vez: “yo no sé si ya no entiendo lo que pasa, o ya pasó lo que yo estaba entendiendo”. Me pareció la forma más objetiva de explicarse la realidad política de nuestro México. Una suerte de paisaje calificado, en no pocas ocasiones, como surrealista.

Al revisar de manera mas detallada el Proyecto de Presupuesto Educativo para el 2020, me apego al mensaje oculto de Monsiváis: terca realidad, no se ajusta al tiempo (que necesito).

En términos absolutos, el PPEF contempla 717 mil 892 millones de pesos para el rubro educativo; de ese monto, 42 por ciento se orienta a los programas educativos a través del Ramo 11. En comparación con el 2019, existe un incremento de 4 por ciento; el nivel que de momento aparece mayormente beneficiado es Educación Media Superior (EMS).

Hasta aquí todo “va bien”, el problema esta en los detalles: confundidos con su tiempo. Subrayo algunos de ellos, sin ánimo inquisidor ni tampoco como un ejercicio definitivo ni limitativo; al contrario, es la necesidad de comprender lo que se busca con un presupuesto de esta naturaleza.

Primero, de aprobarse como viene, la calidad educativa se desdibuja bajo la perspectiva presupuestaria; la reducción es de 61.7 por ciento a este tipo de programas. En momentos en los que la noción de sociedad del conocimiento impulsa las tecnologías de información y las comunicaciones, nuestro presupuesto va orientado hacia la cobertura, como en los tiempos de José Vasconcelos.

Es importante entender por qué existe esta orientación, no por ociosidad, sino para acompañar de manera más responsable la garantía del Derecho a Aprender de las niñas, niños y jóvenes, donde lo importante no sólo es estar, sino también aprender.

Segundo, la presente administración enarbola como bandera la dignificación de la labor docente; no puedo estar más de acuerdo con ella. Sin embargo, al momento de observar la proyección presupuestaria, se observa una disminución de 57.9 por ciento en formación docente. La tendencia en este rubro es trágica porque, de haber pasado en 2015 de 280 millones de pesos a casi 1,300 millones de pesos en 2016, ahora sólo se proyectan alrededor de 300 millones de pesos para el 2020.

Garantizar el derecho humano a aprender de una niño, niña o joven depende en gran medida de garantizar el derecho a aprender de sus, de nuestros, docentes.

Tercero, “La Escuela es Nuestra (LEN)” es el programa que compensa, en primera instancia, la desaparición del Instituto Nacional de Infraestructura Educativa (INIFED). El presupuesto con el que cuenta este proyecto “faro” de la nueva administración tiene un incremento de 811 por ciento de recursos destinados a los padres de familia para infraestructura y equipamiento.

Entendía que la idea detrás de involucrar a los padres de familia en los Comités Escolares de Administración Participativa (CEAP) cumple con un doble objetivo: si bien es cierto se rinden cuentas, también es verdad que se corresponsabiliza. Este último mensaje me parece de lo más importante, porque nos recuerda el lugar que guardan nuestras escuelas en nuestras sociedades. Aquí se forma ciudadanía, como lo pretende La Nueva Escuela mexicana (LEM), por lo que el involucramiento de todos es fundamental.

Sin embargo, mientras por un lado se invita “al otro” a formar parte de las decisiones de la comunidad, por otra vía se le desatiende. Los Consejos Escolares de Participación Social (CEPS) se formarán, de ahora en adelante, de manera opcional de acuerdo con el artículo 132 de la Ley General de Educación (LGE). Sólo podrán participar maestros y familias, pero nadie más. Si la escuela pública nos convoca a todos, porque es pública, ¿por qué nuestra ley los excluye? Imaginemos todas aquellas asociaciones involucradas en escuelas con necesidades educativas especiales, por dar un ejemplo.

Michel Rocard, Primer Ministro de Francia en la época del Presidente François Mitterrand solía argumentar sobre la importancia de gobernar desde el único renglón posible para cualquier mandatario: el presupuesto.

Quizás es tiempo de releer a Rocard, pero más importante es entender a Monsiváis para definir un proyecto presupuestario fuera de su tiempo o bien, quizás un tiempo que no se ajusta al presupuesto; prefiero la segunda, es la que da mayor margen para los ajustes.

Que así sea.

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