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Rara víspera de la sucesión en Sinaloa. Quirino: un priista o un alfil desteñido OBSERVATORIO

Alejandro Sicairos
14/01/2020 | 04:00 AM

Después del extraño, vago y precipitado “Anímate Chuy, es hora de transformar Sinaloa” el cual no especifica a qué Jesús (Vizcarra Calderón, Valdés Palazuelos o Estrada Ferreiro) se refiere, es un hecho que el proceso interno para que los partidos definan al candidato a Gobernador se adelantará y tal desespero anticipará también los golpes bajos entre pretensos. Está cerca la madre de todas las confrontaciones, con Morena como el rival a vencer o el enemigo con el que habrá que unirse, pero antes vendrá la peor paliza que se puedan asestar entre quienes se creen con méritos para ser postulados al cargo que hoy desempeña Quirino Ordaz Coppel.

Claro que no es la violencia política el mejor preámbulo para anunciar la elección concurrente que viene. Sin embargo, los tambores de guerra comienzan a sonar, unos con los cueros flojos y otros con las baquetas a prueba de golpes, avisando a manera de cuchicheo que los sones marciales se tornarán ensordecedores y liosos.
Observemos las trazas de todas las ofensivas. La del trébol de cuatro hojas y el cortejo a Redes Sociales Progresistas sin importar las cláusulas escritas con fango; la también desperdigada alegoría a la candidatura de Héctor Melesio Cuén Ojeda que más que ganar una elección lo que busca es entrar a la subasta de espacios en el servicio público. Y no se diga de los priistas que amenazan con abandonar la madriguera tricolor si sus ansias de poder no son atendidas a satisfacción.
En tal escenificación de las ansiedades, la incipiente tensión anuncia cómo las organizaciones políticas se convertirán en ollas de presión que tendrán que ser destapadas para evitar que exploten tantas codicias que se cocinan juntas. Podría alegarse que nada nuevo hay bajo el sol futurista de Sinaloa y que solamente está por ocurrir el enésimo episodio de la extraña manera de los políticos para arrebatar el timón estatal.
Por obvias razones, le corresponderá al Partido Revolucionario Institucional la más grave revuelta intramuros por la naturaleza y número de proyectos de poder que se mueven en las entrañas del tricolor. Ahí andan muchos, más de los que el PRI puede apaciguar, moviéndose nerviosamente en los círculos verde, blanco y rojo cazando el menor descuido de los concursantes por la postulación a Gobernador.
Pero el Revolucionario Institucional tiene ante sí un lío singular porque primero tendrá que determinar si se la juega con un priista de hueso colorado, que lleve tatuadas las siglas tan electoralmente vapuleadas, o si se abre a candidaturas híbridas de gran liderazgo social, aunque la marca de la casa resulte borrosa para los electores acuciosos. Las encuestas dicen que en Sinaloa la etiqueta PRI ahuyenta votos, pero algunos personajes que ya se mueven en el partido tendrían mejores respuestas al disociarlos de los agravios asestados por el viejo e intrigante tricolor.
La encrucijada del PRI será especialmente interesante en 2021. O antes, según se mira. Contará más el candidato que el partido y la propuesta de gobierno topará con la desconfianza que le imprima cualquier priista de mañas e intenciones conocidas, o bien la frescura de la oferta que presente un nuevo perfil, quizás un externo, envuelta en el oropel de la transformación, pudiendo engatusar a aquellos que en los municipios que más votos generan se sienten decepcionados por la llamada Cuarta Transformación.
¿Y Morena? Por lo pronto, el buen posicionamiento de Andrés Manuel López Obrador en la simpatía de los electores parece resolver que es el partido que menos convulsiones sufrirá de aquí a cuando tenga que determinar con quién va a la votación constitucional del 6 de junio del próximo año. Al no tener a nadie firme más allá de la aspiración de Rubén Rocha Moya, que ha sido manoseada en exceso, la última palabra la dirá el Presidente sin que nadie le respingue. Aquí tampoco importa el partido y la enunciación del candidato o candidata será mero trámite; AMLO es el factor clave.
Si acaso López Obrador se asegurará que la “bendición” de Palacio Nacional recaiga sobre la mujer o el hombre que le garantice el apego a los postulados de izquierda en los que funda el proyecto de Nación que él, solo él, enarbola. El nombre le importa poco; las lealtades a prueba de fallo pesarán por encima de cualquier intención por gobernar Sinaloa, sea de una persona, de un grupo o de alguna mafia del poder.
Esto es lo que se ve venir. El endurecimiento de la larga precampaña de Gerardo Vargas Landeros o la pasarela que Aarón Irízar López realiza por partidos diferentes al PRI, así como la existencia de tantas cartas con las que juega Quirino Ordaz en la sucesión 2021, son apenas tiros con lodo en fase de calentamiento, simulacros de implacables “wars rooms” o, siendo condescendientes, cortejos previos para el enamoramiento del opositor.

 

Reverso
Sus aceleres, candidatos,
Se calmarán en el camino,
Porque sabe muy bien Quirino,
Que López tiene otros datos.

 

Corral sin ley
Sin miedo a resultar cornado, ayer Sergio Torres Félix se metió al ruedo priista de la sucesión por si acaso son los “Chuyes” Vizcarra y Valdés lo que quieren torear antes de conocer a los toros. “Aspiro y yo sí me animo; me siento fuerte, me siento capaz y me siento listo”, dijo el Secretario de Pesca del Gobierno del Estado. Más brava que fiesta, la lidia tricolor amenaza con convertirse en desbandada porque no hay quien meta en el corral estatutario a los becerros alborotados en el precoz tropel hacia 2021

 

alexsicairos@hotmail.com

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