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Sindicaturas y comisarías en el imaginario priista Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
14/04/2019 | 04:00 AM
‘Los dirigentes políticos van haciendo declaraciones de cómo les va en la feria o intentan cambiar la percepción adversa, y ese vacío de las identidades partidarias se presta para hacer cuentas alegres, y son mejores estas cuando no hay respuestas de los adversarios.
 
 
jehernandezn@hotmail.com
 
Jesús Valdés Palazuelos, el dirigente estatal del PRI, hace unos días declaró triunfante que su partido había ganado las elecciones en la mayoría de las sindicaturas y comisarías. Esta aseveración sugiere en términos políticos que el llamado tsunami Andrés Manuel ha empezado a quedar atrás y empieza el restablecimiento de la hegemonía priista en el estado. 
 
Claro, la hegemonía que se reapareció todavía en el verano de 2016, con el triunfo y la llegada de Quirino Ordaz a la Gubernatura del estado y en esa lógica, sería el reconocimiento al trabajo del gobernador y su partido, por haber hecho tan bien las cosas que, al menos en Sinaloa, ha empezado el desmantelamiento de las bases de apoyo a López Obrador y su partido.
 
Sin embargo, Valdés Palazuelos no aporta cifras consolidadas que robustezcan sus afirmaciones que ganaron las ocho columnas y cómo pocas veces un texto ha sido tan compartido en Noroeste. Y es en esas más de 10 mil veces que fue compartido el texto del reportero la información es parcial, agregada. Y es que no es fácil documentar este tipo de elecciones atípicas, pues de acuerdo con la ley no se compite bajo los anagramas partidarios sino a través de personas y planillas. 
 
Además, son los ayuntamientos, a través de la Comisión de Gobernación de cada uno de ellos, los que convocan a la población de las sindicaturas y comisarías para celebrar la consulta bajo la figura de plebiscito o asamblea general, según sea la densidad demográfica del municipio.
 
Y es aquí donde empiezan las dificultades para saber la adscripción política de los postulados, ya que es abierta y en algunos casos a manera de reconocimiento de los vecinos. Incluso puede darse el caso de que los propuestos pertenezcan a un mismo partido o que el anterior sea ratificado en el cargo, aunque en algunos municipios se participa en forma de planillas de color donde el dominante en cada partido es el que define su adscripción política. Así la verde es PRI, azul es PAN, Morena es tinto...
 
Entonces, la interpretación de los resultados puede ser subjetivo, mediático, parcial, “este es de los míos y aquél de tal o cual partido”, lo que omite el transfuguismo tan frecuente hoy en día, y con eso los dirigentes políticos van haciendo declaraciones de cómo les va en la feria o intentan cambiar la percepción adversa, y ese vacío de las identidades partidarias se presta para hacer cuentas alegres y son mejores estas cuando no hay respuestas de los adversarios.
 
Y es que la ley del Gobierno Municipal del Estado de Sinaloa ordena en el Capítulo XI, artículo 68, que los síndicos y comisarios deben ser “nombrados y removidos libremente por el Ayuntamiento mediante consulta popular que se celebrará en asamblea general convocada para tal efecto en sindicaturas con menos de 7 mil quinientos habitantes y mediante plebiscito en sindicaturas con más de 7 mil quinientos habitantes”.
 
Fuera de los mecanismos de participación ciudadana la ley no establece, como sí sucede con la elección de Alcalde, periodos fijos para el nombramiento de los titulares, lo que significa discreción y cálculo de los tiempos entre las autoridades de los ayuntamientos y eso explica que hoy en algunos municipios no hayan sido electos. Incluso que en el municipio de Navolato haya un acuerdo político para dejar a los que están hasta que cumplan los tres años en el cargo o que en Culiacán este proceso no haya ocurrido. 
 
Así, la recuperación de la información viene a confirmar que las identidades partidarias son difusas y por lo tanto los dichos de los dirigentes políticos son inconsistentes, o parciales, pongamos dos casos contrastantes:  Concordia con ocho sindicaturas fue la planilla del Círculo Verde vinculado al PRI, la que obtuvo cinco de ellas (Aguacaliente de Gárate, El Verde, Mesillas, Zavala y Pánuco) y de acuerdo a sus cálculos esto representa el 75.7 por ciento, mientras el Círculo Tinto vinculada a Morena se alza con el triunfo en Tepuxta y Copala, mientras el Círculo Cuadrado del PAS en Santa Lucía; y en la antípodas, de acuerdo a nuestras indagatorias preliminares, estaría esa red de candidatos que fueron personas sin planilla, sin adscripción política, que la jugaron con su nombre y prestigio. 
 
Sin embargo, la tendencia es consolidar la elección mediante planillas, como lo vemos en los municipios donde resultó un partido dominante, Ahome (PRI), El Fuerte (PRI), Mazatlán (Morena), Salvador Alvarado (PRI), Choix (Morena) y Concordia (PRI) y eso nos lleva a ver la veracidad del planteamiento de Valdés Palazuelos, en las consultas hasta ahora realizadas, el PRI conserva algunos de sus enclaves tradicionales y otros los pierde ante Morena y el PAS, no hay manera de saber objetivamente si eso significa un porcentaje determinado, a no ser por los triunfos alcanzados por su planilla y candidatos filopriistas. Y es que ninguna institución tiene toda la información, y eso provoca una manipulación de la información.
 
Y, pregunto en voz alta, ¿podríamos decir si con esa información significa que se esfuma el efecto Morena en Sinaloa? 
 
Hay que distinguir dos momentos, el del 1 de julio pasado responde a un fenómeno inédito con un liderazgo fuerte que fue capaz de arrastrar al triunfo a candidatos desconocidos. Vamos, aquellos que ni campaña hicieron, y lograron capitalizar el hartazgo extendido en la sociedad mexicana; en tanto, el de las sindicaturas y comisarías municipales obedece a una doble dinámica, por un lado ver el estado del músculo del PRI en las áreas rurales y por el otro, el de las fuerzas emergentes, disputando enclaves tricolores que en el caso de Morena ya se hace sentir cuando hace cuatro meses no tenía nada. 
 
Ergo, lo que sucede en estos espacios de competencia, si bien es un alerta a la fuerza de Morena que no está construyendo lo suficiente por andar y significa poco o nada en términos del comportamiento electoral global, y el verdadero desafío es lo que sucede y lo que está sucediendo en los principales centros de población, donde el voto diferenciado/cruzado ya es una tradición y los efectos del bajo desempeño de los gobiernos municipales morenistas se habrá de sentir en las elecciones de 2021 si no corrigen el rumbo con una política reformista única, sintonizada, puntual y agresiva, menos a expensa de lo que AMLO pueda hacer por generar un nuevo arrastre en Sinaloa.
 
En definitiva, Valdés está en la encrucijada de hacer valer sus dichos sustentándolos o permanecer sólo en la tarea de producir percepción mediática de que su liderazgo está generando buenos resultados.
 
Al tiempo.
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