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Violencia política Editorial

Editorial
07/12/2018 | 04:02 AM

 

No se sabe hasta qué punto pueda significar una amenaza real. Pero los mensajes a algunos diputados locales en Sinaloa han llegado. Los amenazan de muerte. Por discutir el cobro de unas cuotas que van a dar a organizaciones campesinas, ligadas al PRI.
 
En el Congreso del Estado se presentó la iniciativa de Morena para que la llamada Cuota Liga que se realiza por las producciones agrícolas dejaran de cobrarse, pues solo ingresaban a organizaciones campesinas que están afiliadas al PRI.
 
La respuesta de parte del PRI no se hizo esperar. En las siguientes sesiones, se ha hecho acompañar de contingentes de campesinos para manifestarse y han logrado en dos ocasiones que las sesiones legislativas tengan que cancelarse.
 
Y después de esas protestas y movilizaciones, llegaron las amenazas, primero contra una legisladora y luego contra otros cuatro más, todos de Morena. Los legisladores han dicho que se han interpuesto ya las denuncias ante las autoridades correspondientes.
 
Y la pregunta es: ¿hay necesidad de que la oposición a una medida como esa tenga que llegar a las amenazas, incluso contra las propias vidas de los legisladores?
 
Evidentemente no. Los tiempos del País y de Sinaloa no están para agregarle una dosis más de violencia, una que se geste al amparo del ejercicio político.
 
Y la responsabilidad, ahora, recae en los propios representantes de los partidos políticos. Que apuesten por el debate y la argumentación y no por la estridencia y las sesiones reventadas. Que apelen al diálogo y a la razón y no a la descalificación, a costa de todo.
 
Lo que debe quedar claro para todos, no solo para el PRI y sus organizaciones campesinas, es en qué consisten esas Cuotas Liga y a quién benefician y por qué.
 
Que digan por qué unas organizaciones sí acceden a esos recursos y otras no. Y por qué, si se trata de una contribución, esos ingresos no llegan a las arcas públicas y sí a organizaciones.
 
Ta vez haya argumentos para entenderlos. Pero hasta ahora, han apostado por la movilización y las protestas.
 
Si de esto se han derivado las amenazas, alguien debe hacerse responsable. Porque Sinaloa no está para que a la violencia, se sume la violencia política.
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