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Vuelve la danza de los años Defensor del Lector

Rodolfo Díaz Fonseca
08/07/2018 | 03:00 AM
En octubre de 2016 y en noviembre de 2017, este defensor señaló la falta de supervisión existente en los años de fundación y número de la edición en el cabezal de Noroeste, ya que son un dato necesario e importante.
 
El periódico es un testigo histórico de los hechos y acontecimientos, de ahí la trascendencia de que se publique con los datos correctos. Por ejemplo, ayer que se publicó la noticia del fallecimiento del ex Gobernador Antonio Toledo Corro en el ejemplar impreso, sería un error muy grande que se escribiera sábado 17 de julio en lugar de sábado 7 de julio. Asimismo, si se publicara en la edición un edicto y la fecha estuviera equivocada se tendría que volver a publicar, pues un edicto no puede aparecer con una fecha que no corresponda.
 
Número de la edición
 
El domingo 24 de junio, en la edición del ejemplar impreso de Culiacán, se publicó la edición 16,607. No obstante, al día siguiente, lunes 25, se dio un gran avance en la cifra de los miles y un retroceso en la de las centenas: 166,078. Así continuó la cuenta hasta el miércoles 4 de julio, en que se publicó la edición con el número 166,087.
El jueves 5 de julio se publicó el número de edición 16,618, volviendo a la contabilidad que se había abandonado el lunes 25 de junio.
 
Años de publicación
 
El periódico Noroeste Culiacán fue fundado el sábado 8 de septiembre de 1973. Va a cumplir, por tanto, 45 años de existencia el próximo sábado 8 de septiembre.
 
Anteriormente, era común que si se preguntaba a una persona cuántos años cumplía, respondiera, por decir algo: “35 entrados a 36”. En el caso del periódico acontece algo semejante: no se comienza publicando que tiene un día o meses de existencia, sino que desde el inicio se escribe un año, aun cuando lleva solamente un día de publicación. Así pues, en el cabezal del ejemplar de Culiacán se estaba publicando el número romano XLV hasta el jueves 28 de junio. Sin embargo, a partir del viernes 29 se comenzó a publicar con el número romano XLIV; es decir, se retrasó un año. Todavía en la edición de ayer, sábado 7 de julio, apareció el número XLIV.
 
En la edición de Mazatlán también hubo un desfase y regresión en los años de publicación. Hasta el miércoles 27 de junio se escribió el número romano XXXIX. El jueves 28 no se pudo constatar el número porque Javier Hernández, “El Chicharito”, obstruía con la foto publicada una parte del cabezal. Empero, el viernes 29 de junio comenzó a publicarse el número romano XXXVIII. Ayer, sábado 7 de julio todavía se publicó con ese número.
 
Lenguaje grosero
 
Las llamadas “malas palabras” no deberían escribirse completas, decía una norma de Noroeste. Lo que se prescribía era que se comenzara a escribir la palabra, pero se colocaran puntos suspensivos a continuación para que el lector interpretara el sentido. Por ejemplo, pend..., cabr..., ching..., etc.
 
Una suscriptora de Culiacán habló por teléfono muy molesta porque el Director General tituló su artículo del domingo 24 de junio “Imaginemos cosas chingonas”.
 
Indicó que aunque entendía que la frase era de Javier Hernández, “El Chicharito”, quien durante una entrevista expresó: “ImagiNEmonos cosas chingonas”, de todas formas no se debería escribir así en un periódico serio.
 
No vamos a volvernos más papistas que el Papa, dice una conocida frase. Hay palabras que no se pueden omitir porque la expresión pierde su fuerza. Sin embargo, sí conviene que la Dirección Editorial puntualice otra vez si se pueden utilizar palabras malsonantes, o se continúa con la disciplina de colocar puntos suspensivos.
 
De todas formas, citaremos algunas reflexiones de diversos escritores sobre las malas palabras. Quede claro, es su opinión y, de ninguna manera, son maestros indiscutibles de ética y buenas costumbres.
 
El dibujante Roberto Fontanarrosa al participar en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, llevado a cabo en noviembre de 2004 en Rosario, provincia de Santa Fe, en Argentina, según una nota publicada por el diario Clarín el 19 de noviembre de 2004, expresó: “Hay palabras de las denominadas malas palabras que son irreemplazables, por sonoridad, por fuerza y por contextura física de la palabra. Atendamos estas condiciones terapéuticas de las malas palabras, que sirven para descargarse. Pido una amnistía para ellas, vivamos una Navidad sin malas palabras, y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar”. https://forum.wordreference.com/threads/las-malas-palabras-%C2%BFson-palabras-malas.6081/
Guadalupe Fernández Díaz, quien es Analista de Comunicación en Buenos Aires, escribió en la Revista Digital Razón y Palabra, especializada en Comunicología: “Somos los parlantes quienes les damos sentido, quienes las calificamos de buenas o malas según la ocasión. La palabra siempre es la misma, lo que cambia es la circunstancia. Las malas palabras, sean de donde fueren, son propiedad colectiva. Pero es fundamental no abusar de ellas y entender que su uso debe ser apropiado”. 
http://old.razonypalabra.org.mx/Estrafalario/2012/012012_Estrafalario.html
El poeta Jaime Sabines, en entrevista con Pilar Jiménez Trejo, señaló: “Para mí las palabras no tienen una carga ética, simplemente expresan, dicen algo. Las groserías no son malas, sino una actitud mental que el hombre asume ante los otros. Son expresiones que tienen una carga emocional distinta a la de otras. Y un sentido más intenso tal vez, en algunos casos, pero nada más. Nunca he tenido miedo a las palabras; lo que he tenido son dificultades con ellas”. https://algarabia.com/literatura/sabines-las-groserias-no-son-las-malas-palabras/
La Doctora en Psicología, Guillermina Rizzo, escribió el 23 de abril de 2017: “Hoy, 23 de abril, es el día del Idioma; homenaje a la memoria de Miguel de Cervantes, ¿quién no recuerda Don Quijote de la Mancha?” Pero más allá del día, no caben dudas que el idioma es amplio en palabras y la lectura cumple un rol fundamental para la ampliación del vocabulario. Aristóteles decía que “el habla es la representación de la mente”, una mente cultivada hoy más aún que antaño debido al avance de la tecnología debería poner en evidencia un léxico nutrido, pero en la actualidad las “voces malsonantes” se esparcen en ámbitos impensados, programas televisivos en su afán por obtener puntos de rating cuentan con animadores que pronuncian una plétora de mensajes obscenos, sexuales y escatológicos; a su vez adultos “desenfocados” avalan a adolescentes “malhablados” o celebran en los niños la pronunciación de términos soeces como garantía de desempeño cabal en la sociedad.
 
“Según Ernest Hemingway ‘se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar’; la palabra es una valiosa herramienta pues crea, halaga, edifica y también destruye; un acto de comunicación implica capacidad para expresar y transmitir, por ello el secreto no reside en la indulgencia incondicional para las malas palabras ni en la veneración para las buenas, lo importante es conocer la posibilidad que ofrece el lenguaje de elegir las palabras adecuadas para celebrar un encuentro con el otro, y si bien los terapeutas sostenemos que las palabrotas tienen un fin terapéutico es preferible la sabiduría de mi abuela: ‘hablar bien, no cuesta un carajo’”. http://rouge.perfil.com/2017-04-23-102689-malas-palabras-y-palabrotas/
 
Agradezco sus comentarios, quejas, dudas, críticas y sugerencias.
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