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Xenofobia en tiempos migrantes Opinión

Diego Petersen Farah
18/06/2019 | 04:00 AM

Sinembargo.MX

@DiegoPetersen

 

Una de las consecuencias poco atendidas de la crisis migratoria en México es el crecimiento de la xenofobia. Los programas de radio y las redes se inundan de llamadas y manifestaciones pidiendo al Gobierno que primero atienda a los mexicanos, que no se gasten los impuestos en los migrantes y que se cierre la frontera.

 

Las sobremesas las ocupan comentarios racistas y se acusa, sin ninguna prueba, pero con plena convicción, que detrás del incremento a la inseguridad está la migración centroamericana. 

Una encuesta de El Universal levantada la semana pasada y publicada hace un par de días, muestra un preocupante incremento de sentimiento xenófobo en el País en apenas unos meses: de octubre a la fecha el número de mexicanos que considera que México no debería dejar entrar a los migrantes pasó de 48.9 a 61.5 por ciento.

 

México es un país racista, aunque se hable poco de ello. Los porcentajes de rechazo a personas por su apariencia, llámese color de piel, vestimenta, peso o estatura son altísimos. 

De acuerdo con la más reciente encuesta (2017) del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) e Inegi, 51 por ciento de las mujeres mexicanas y 56 por ciento de los hombres han sido discriminados por su apariencia. Otro dato espeluznante: 39 por ciento de los mexicanos no le rentaría un cuarto a un extranjero. La misma encuesta muestra que el tono de piel es un determinante en el tipo de trabajo: los que tienen piel más clara tienen más oportunidad de ocupar puestos de dirección, jefatura e incluso de convertirse en funcionarios públicos; los morenos, no.

 

Durante muchos años el tema de la xenofobia nos preocupaba poco pues México era un país expulsor: cada año salían del País decenas de miles de mexicanos y el discurso gubernamental en defensa de nuestros connacionales era políticamente correcto, aunque en la práctica hacía poco por su defensa. Hoy somos un país con migración positiva, recibimos más extranjeros que el número de mexicanos que deciden salir y los gobiernos, desde el federal hasta los municipales, no ha terminado de encontrar el tono discursivo, mucho menos políticas públicas para esta nueva realidad.

 

El sentimiento antinmigrante que viene desde Estados Unidos está encontrando en México preocupantes muestras de adopción, principalmente en las ciudades y comunidades fronterizas del norte y del sur, pero no nada más. El incremento la xenofobia en todo el País va a encontrar muy pronto sus manifestaciones políticas a través de candidatos y partidos oportunistas o incluso en figuras independientes.

 

Las primeras manifestaciones, me temo, las veremos en elecciones municipales en ciudades fronterizas, pero no por pequeñas que sean son menos peligrosas porque este sentimiento, lo hemos visto en otros países, es más contagioso que sarampión.

 

Vamos tarde, pero aún a tiempo de afrontar el fenómeno migratorio con políticas públicas de inclusión y campañas de prevención a la discriminación. Si no asumimos y nos tomamos en serio el problema desde ahora cuando menos pensemos será la xenofobia y no la migración la que nos habrá invadido.

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