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Alfa y omega
La Epifanía del Señor
Pbro. J. Esteban González Lara
06/01/2008 | 00:00 AM
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Hoy es la fiesta de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Dios a todos los pueblos del mundo, pues su revelación no es sólo para el pueblo judío. Los magos procedentes de Oriente representan al resto de la humanidad. Así lo expresa el Prefacio, que introduce en la parte central del rito eucarístico: "Hoy has revelado en Cristo, para luz de todos los pueblos, el misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad".
1. LOS REYES MAGOS
Celebremos esta solemnidad con las mismas actitudes de los magos de Oriente. El texto bíblico no dice que fueran tres ni que fueran reyes ni de qué nacionalidad procedían. Ciertamente eran unos sabios que se dedicaban a la observación de los astros. Dios les envió una señal, que siguieron con toda prontitud. No eran pobres, como los pastores de Belén, sino que se supone que tenían suficientes recursos para hacer estos viajes.
Los privilegiados de Dios son los pobres, por ello, los pastores fueron los primeros en recibir el anuncio del Salvador; pero la salvación es universal. Jesucristo viene para pobres y ricos, sabios y analfabetas, judíos y extranjeros, cercanos y lejanos.
Ojalá científicos y universitarios, ricos y poderosos, investigadores y gobernantes, busquen la Verdad por excelencia, que es el Evangelio. Que se dejen guiar por la estrella que es Jesús. Que no sigan con posturas arrogantes y engreídas, pensando que la religión es sólo para gente sin letras. Que los grandes de la tierra sean capaces de inclinarse reverentes y postrarse de rodillas ante Jesús Niño, pobre e indefenso, y ofrecerle sus tesoros. Esta actitud de fe les traerá una inmensa alegría, como lo que experimentaron los magos.

2. SIGUE HABIENDO HERODES
Que los grandes de este mundo no repitan las actitudes de Herodes, a quien sólo le importaba conservar su poder y, para ello, no le importó asesinar a niños inocentes. Es un mentiroso, pues tiene un doble discurso; aparece como si fuera respetuoso de Dios y estuviera dispuesto a ir a adorarlo, pero es todo lo contrario, pues sus intenciones son otras. Ordena eliminar a muchos niños, con tal de proteger sus intereses.
¿Quiénes se parecen hoy a Herodes? Todos los que promueven el aborto, aduzcan las razones que quieran. Son verdaderos asesinos, aunque digan que es para salvar la vida de la madre. Tanto ella como el niño concebido son seres humanos, con los mismos derechos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. Por tanto, hay que proteger y salvar a la madre, pero igualmente al hijo concebido. Con los avances de la ciencia, esto cada día es más posible. Quienes alientan cualquier clase de aborto, son unos Herodes.
Herodes se habría salvado si de corazón hubiera ido a postrarse ante Jesús. Eso es la que sugerimos a todos: no se consideren dioses, sino que se dejen guiar por la estrella que ilumina la oscuridad de la vida, que es Cristo Jesús. Que los no creyentes sean humildes y pidan el regalo de la fe. Que los creyentes no se avergüencen de su creencia ni la reduzcan a lo privado, sino que la practiquen en público y lo confiesen abiertamente. Que inspiren sus decisiones en los criterios del Evangelio, y no tanto en intereses de personas o grupos. Que no decidan por presiones de grupo, sino por convicciones profundas inspiradas en la fe. Que su estrella sea Dios y aquello que Él quiere, como es procurar ante todo la justicia para los pobres.

3. QUÉ HACER NOSOTROS
Los magos ofrecieron al Niño Jesús diversos regalos: oro, incienso y mirra. El oro significa que Jesús es el Rey. El incienso, que es Dios. La mirra, que es un hombre mortal, y esa actitud de los magos inspira cuanto se hace hoy por los niños en esta fecha: se les dan regalos para que se sientan felices.
Ojalá a ningún niño le falte ternura, afecto y amor, por parte ante todo de su propia familia. Que no haya más niños maltratados por sus padres o abandonados en las calles y en los orfanatorios. Y que, en la medida de lo posible, no les falte un juguete, un dulce, una fiesta, una ropa en buen estado, etcétera.
Todo niño, sobre todo si es pobre, es una imagen fiel del Niño Jesús. Haciendo felices a los niños expresamos nuestro amor a Jesús.
Usted, ¿a quién se parece más: a Herodes o a los magos de Oriente? Adore a Jesús, siga su estrella, haga algo por los niños pobres, y entonces habrá Navidad y Epifanía.
Que nuestros regalos al Niño Dios sean ser instrumentos de unidad y de amor en la familia. Seamos testigos del amor de Dios respetando a todos los que nos rodean. Y el más grande e importante, celebrar siempre nuestra fe llenos de la GRACIA DE DIOS.
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