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Mazatlán
Algo Maz
Lo que acontece en el puerto en la columna Algo Maz
Luis Ángel Gómez
19/06/2019
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Foto: Cortesía

algo_maz@hotmail.com

Pareciera que el boleto del transporte urbano en Mazatlán ha aumentado sin notificación, pues toda la semana pasada, en algún camión de la línea Águilas del Pacífico, los de color naranja, el chofer nos cobraba 9 pesos en lugar de 8.50, que es la tarifa oficial. Cuando les preguntábamos, la respuesta era que no traían monedas de 50 centavos para dar el cambio. No vamos a negar que desistimos de preguntar cuando en otros días no nos daban el cambio, ya que si pagábamos con 10 pesos, nos regresaban un peso; si era con 20 pesos, nos daban 11 de cambio. La cereza en el pastel fue este lunes, que otra vez nos dieron cambio como si la tarifa fuera de 9 pesos y no dijimos nada, pues tratar de discutir con un chofer de urbano es como hablar con una pared. Al momento de bajar de la unidad por la puerta delantera, nos dimos cuenta que en la tabla de madera que usan para colocar las monedas, había varias de 50 centavos. No dijimos nada porque es arriesgarse a que le falten al respeto a uno. Como ya teníamos el número de teléfono que aparece en letreros de los camiones para quejas o sugerencias, 984 3465, marcamos, pero la línea estuvo ocupada. ¿Así cómo, pues? Además del trato indiferente al usuario, la respuestas que los choferes dan rayan en grosería cuando se les cuestiona alguna irregularidad, como si ellos fueran los ofendidos; además, hay que soportar el mal trato físico que infligen al pasajero con los frenones que dan y quienes van parados terminan estrellados uno contra otro, así como los riesgos en que ponen a los usuarios cuando manejan a alta velocidad o van “jugando carreras” contra otro chofer o hasta peatones que han perdido la vida al ser arrollados por estos “reyes del volante”, ahora se tiene que tolerar el robo “hormiga” que están practicando con mayor frecuencia últimamente, pues eso es en realidad: un robo. ¿Pero qué podemos esperar de alguien que atropella a una persona y regresa a pasarle encima la unidad para rematarla, pues sale más barato costearle el funeral que tratar de salvarle la vida en un hospital? Es vox pópuli, el rumor de que esas son las indicaciones que tienen de sus jefes, pues aunque los lleven presos, en unos meses ya están libres. Vivimos con la impunidad a flor de piel de la que hacen gala los choferes de urbanos, pero los de autos particulares tampoco se quedan atrás. El sábado vimos cómo el conductor de un carro compacto, aprovechando el desnivel del estacionamiento de un banco, ubicado a dos locales de Fonacot, en la Avenida Ejército Mexicano, subió por ahí y manejó sobre la banqueta, entre la gente que caminaba, hasta quedar estacionado frente al otro banco de enseguida; del auto descendió una mujer que entró a él y quien la llevó, dio vuelta para regresar a tomar el desnivel, bajar a la calle y se alejó manejando, como si lo más normal fuera utilizar las aceras como calle. En lugar de hacer doble fila por unos segundos junto al auto estacionado frente al banco para que la mujer bajara, como cualquiera lo hubiera hecho, prefirió subirse a la banquera y dejarla ahora sí, literalmente, en la puerta, sin una autoridad de tránsito o de seguridad pública a la vista. Como pasa también con el semáforo que está frente a Plaza El Mar, el cual está más violado que la Constitución, pues los conductores se pasan de largo el rojo y no les importa que los peatones estén cruzando esa vialidad tan transitada. Nos hemos dado cuenta que no voltean hacia arriba para fijarse en esa señal, a manera de justificación, pues creen que si no lo ven, no existe. Pero no es solo Mazatlán, estas conductas son a nivel nacional en cosas tan cotidianas y pequeñas, que por lo mismo, no las dimensionamos y eso nos ha llevado a ocupar los primeros lugares en corrupción, como una bolita que nos detectamos en el cuerpo y no le damos importancia, pero se convierte en un cáncer que ya no podemos controlar cuando nos percatamos, porque ya estamos invadidos sin remedio. Y si nos ponemos a hablar de violencia, secuestros, asaltos, homicidios y el pan de cada día que se habla en las noticieros, vivimos en un México en el cual todos hemos puesto nuestro granito de arena para hacerlo tierra de nadie, a veces con pleno uso de conciencia.

Para concientizar sobre la tortuga marina, hoy habrá una velada artística en el Centro Cultural Multiversidad, donde el canto, la poesía y la música se reunirán a las siete de la tarde para celebrar el día mundial de este quelonio, con la participación de María Astorga, Javier Chimaldi, Fernando Enciso y Jesús Domínguez, quienes aportarán su talento para apoyar la protección de este anfibio.

Otra demostración de talento encontrará lugar mañana en el Museo de Arte, por tan solo 50 pesos con la puesta en escena “Cuentos inéditos”, de Alfredo Vergara, a las siete de la tarde, cuando un grupo de actores den vida a dos historias que nunca han sido contadas.

Una historia que comentamos en este espacio el año pasado fue la del mazatleco Rodrigo Martínez, que entonces estaba interno en el Cereso, pero expuso algunas de sus obras en la Galería Rubio del Teatro Ángela Peralta, aún privado de su libertad, que él creaba durante su encierro. Hace unos meses cumplió su sentencia y el sábado 15 de junio se inauguró su exposición, bautizada muy acertadamente, “Alas de libertad”, en esa misma galería, pero en esta ocasión, él estuvo presente. La muestra se integra de 20 piezas, que en su mayoría son seres de la mitología griega. Sus esculturas están elaboradas con diversos materiales y están muy bien realizadas, con fuerza, movimiento y muy bien detalladas, que muestran su talento; esto lo ha llevado a estudiar con Sergio Flores, maestro en el CMA, con la beca que el Instituto de Cultura le otorgó por el manejo de su técnica y su propuesta artística. Vale mucho la pena ir a ver esta exposición, un ejemplo a seguir de superación cuando se tiene voluntad, demostrando que el arte es una acto liberador.

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