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MIGRANTES VULNERADOS
Asaltan a migrantes en la Colonia Salvador Allende, de Mazatlán
Los centroamericanos piden a las autoridades incrementar seguridad alrededor de las vías del tren
Sibely Cañedo
30/05/2018
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Foto: Juvencio Villanueva

Giancarlo "N" tiene 20 años. Viene de Honduras huyendo de las pandillas. Le dijeron que no podía retornar a su ciudad, San Pedro Sula. Es la nueva "regla" que impuso la delincuencia: los que se van ya no regresan.

Ahora intenta devolverse a los Estados Unidos, de donde fue deportado hace ocho meses, y así reencontrarse con su hermano. Pero en su paso por Mazatlán fue asaltado por unos jóvenes encapuchados, armados con navajas y picahielos.

Todo pasó la madrugada del martes, cuando él y su compañero de viaje, el guatemalteco Maynor Ramírez de 34, se encontraban en la puerta de la parroquia San Francisco de Asís en la colonia Salvador Allende. Eran las dos de la mañana. Nadie para pedir ayuda.

Como encontraron cerrado el templo, no quisieron brincar la reja “por respeto”. Pero fueron sorprendidos por sus atacantes. Parecían estar drogados. “Cristalizados”, recuerda Giancarlo. Apenas alcanzarían unos 18 años.

"Nos quitaron todo, los teléfonos, la ropa... Nos dejaron en trusas; no quisimos usar la violencia porque ellos son de aquí, tienen más amigos, nosotros salimos perdiendo"...

Fue el relato del centroamericano por la mañana, todavía con la mirada perdida, aunque ya más tranquilo luego de recibir ayuda en el Comedor Franciscano para el Inmigrante. Allí les dieron ropa, calzado; y de desayuno, unos huevos con tomate.

 

 

La violencia contra el migrante, cotidiana

No es la primera vez que ocurre esto en la colonia, que se extiende a un costado de las vías del tren. Se ha convertido en un punto de descanso para los migrantes que toman la ruta del Pacífico, en sus intenciones de cruzar la frontera norte a través de territorio mexicano. Pero los peligros acechan. Para Giancarlo, es la tercera vez que lo atracan. Maynor afirma que corrió la misma suerte a cargo de policías federales en Orizaba, Veracruz. “De denunciar ni hablemos”, dice resignado.

Otros migrantes denunciaron que los coyotes los abandonaron a su suerte en Mazatlán, y ahora piden dinero en el transporte urbano o en los cruceros para continuar su camino.

Las voluntarias del Comedor Franciscano, que fue fundado hace unos seis años en esa parroquia, acusaron que la inseguridad es cotidiana. La piensan para acudir a las vías a ayudar a los viajeros en desgracia, porque es peligroso. Las han amenazado, hay asaltos y los migrantes se sienten en riesgo.

Lamentan que la Policía municipal ha olvidado ese sector.

"Por eso ahorita que están en campaña, nos dan ganas de decirles (a los candidatos) de la inseguridad, pero pues ya sabemos que no hacen nada", critica una de ellas.

El padre Carlos Alberto Aviña Aviña señala que, en promedio, cada día atienden unas 30 personas, la mayoría hombres. Aunque también han recibido mujeres y niños no acompañados. El número es impredecible. Pueden ser uno, dos o medio centenar.

“Vienen de Centro y Sudamérica la mayoría; son amenazados por el crimen o por el gobierno, es la historia más común”, comenta.

Con un “Gracias, Dios las bendiga”, Giancarlo y Maynor se despidieron de las hermanas franciscanas. Se alistan para cruzar por el desierto y enfrentar las políticas restrictivas de Donald Trump. Pero aseguran no tener opción: “Tampoco podemos quedarnos en México, sólo los que tienen papeles...”

 

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