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La Inmaculada
Asilo de Ancianos de Mazatlán: Un hogar para los abuelitos vulnerables
A casi un siglo de operar constituida como albergue de personas de la tercera edad en situación precaria, la asociación civil abre sus puertas
Luis Ángel Gómez
07/08/2019
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Foto: Rafael Villalba

Mazatlán._La historia del Asilo de Ancianos La Inmaculada, ubicado frente a la Plazuela Zaragoza, inició como una posada, en 1886, para la gente que venía de paso a Mazatlán, pero después, algunos adultos mayores se fueron quedando poco a poco.

“Posteriormente, en 1920, se hizo un acta constitutiva, donde iniciaba lo que era Beneficencia de Mazatlán, oficialmente, y ya era el asilo constituido a partir de esa fecha”, explica Laura Amor Flores Gutiérrez, administradora de la casi centenaria institución.

“Desde entonces no ha parado. De hecho, a partir de 1954, cuando la Congregación Siervas de los Pobres empieza a dirigir el asilo. Ellas son las que operan el asilo, las que dirigen y están al pendiente; viven en la casa junto a los abuelos”.

Amplía que actualmente, el lugar cuenta con 30 residentes: 18 hombres y 12 mujeres, que son personas sin hogar, de bajos recursos o que muchas veces se encuentran en estado de abandono, algunos en situación precaria.

“A veces los trae algún vecino, un familiar lejano o cercano y se analizan los casos para poderles dar apoyo. Nosotros queremos que el abuelo tenga la certeza de querer venir al asilo”, aclara.

“Muchas veces no la hay y entonces se platica con ellos, previo a su entrada, se les explica lo que es el asilo, se les da una idea general, a veces se les invita a venir para que ellos vean el lugar y que van a estar cómodos”.

Comenta que cuando los abuelos ya están instalados en el asilo, ellos se adecúan a sus compañeros, a los horarios de las actividades, que a diario tienen y todo eso los va involucrando con la rutina de su nuevo hogar.

Aportación del residente

La administradora comenta que además de las donaciones en especie y recursos monetarios que reciben, los propios residentes del asilo pueden hacer una aportación, de acuerdo con sus recursos.

“Es importante aclarar que muchas veces, el abuelo tiene la oportunidad de hacer una aportación y esto es en base si tienen una pensión, ellos lo hacen de voluntad. Muchas veces las aportaciones son mínimas, pero es lo que ellos pueden”, señala.

“Por eso, a las personas que entran, se les tiene que hacer un estudio socioeconómico. Hay gente que habla por teléfono, ‘¿cuánto cobran?’, pues no hay un cobro. Sí hay cuotas de aportación, pero tenemos que analizar cada caso”.

Complementa que no se puede determinar una cuota que el beneficiario no puede solventar. Tienen que ver cuál es su capacidad económica, si tiene apoyo de familia y si no lo tiene, aún así, poder darle la ayuda.

“Lo importante es que el abuelo supere esa parte, deje de estar en su mala situación y poder ingresar al asilo con una mejor calidad de vida”.

 

Voluntarios especializados colaboran con la institución.

 

Agenda de actividades

En el asilo, todos los días hay voluntarios que acuden a poner a los abuelitos en acción, ya sea con actividades recreativas e, incluso, con ejercicios, de acuerdo con sus necesidades y características físicas.

“Hay actividades para ellos: todos los días rezan el rosario, juegan lotería tres veces por semana, vienen fisioterapeutas, voluntarios de escuelas del área de sicología, les dan pláticas, les hacen juegos, manualidades”, menciona Laura.

“No se les obliga a participar en todo, pero sí se les invita. Habrá sus excepciones, algunos que ya no tengan ese interés. Tal vez no se interesan por todo, pero sí por alguna pequeña parte”.

Trabajo de adecuaciones

Menciona que actualmente se está realizando un proyecto de remodelación y adecuaciones con medidas de adaptación para los residentes, de acuerdo con las recomendaciones de accesibilidad.

“Ahorita estamos trabajando de manera integral en un proyecto de hacer adecuación y remodelación de habitaciones y lugares para que los abuelos tengan todas las medidas de adaptación”, informa.

“El adulto mayor tiene que tener áreas con requisitos básicos, que haya rampas, puertas anchas, manijas; hay que adaptar, incluso, los WC y los lavabos a cierta altura, para que tanto el abuelo que camina como el que está en silla de ruedas no batalle”.

Además de cumplir con estas regulaciones que les marca la ley, también están dando una ambientación a las habitaciones con ciertos colores para crear una atmósfera de paz y luzca todo más coordinado.

Atención integral

Hace año y medio, Sor María Esther Flores Nieto llegó a la institución como su directora y con el propósito de que cada residente tenga una atención que contemple tanto el aspecto físico como emocional.

“Nuestra misión es atenderlos de manera integral, que abarque toda la persona. Lo primordial, cuando ingresa, es su salud, vestido, alimentación, medicamento para que se siga un historial clínico del abuelo”, menciona la religiosa.

“Pero también hay otra parte muy importante, la espiritual, que en esa parte, a veces vienen muy dañados, como en lo afectivo, entonces se trata de acogerlos con cariño, que se sientan en su casa, primero que nada”.

Pasada esa etapa, la directora amplía que es importante que los residentes se reconcilien en su interior, pues algunos llegan enojados con la vida o con ellos mismos, lo cual lleva un proceso que requiere de tiempo.

“Hay que observarlos, platicar con ellos y llegar al punto de que ellos quieran perdonarse, reconciliarse con ellos, después con el entorno, hasta que llegue el momento en que se reconcilien con Dios”, detalla.

 

 

Don Roberto Richar González ya casi tiene dos años en la institución y está feliz de que sea su hogar.

 

Cuidado afectivo y de salud

Agrega que los beneficiarios llegan más dañados en el aspecto afectivo porque se sienten solos, abandonados y sobre todo, los que tuvieron una familia, la cual perdieron por diversas situaciones de la vida.

“Ellos traen toda una historia detrás y son los casos un poquito más difíciles porque están con la esperanza de que vengan a verlos, que se los lleven, los inviten a sus casas cuando hay hijos”, ejemplifica.

“A veces los acaban de conocer, vienen a conocerlos aquí o a reconocerlos, pero ya no hay ese lazo. La mayoría no tiene familiares y los que tienen, sí vienen, pero hay otros casos que no vienen, pero aquí eso tratamos: ser una familia grande”.

Para eso, menciona que cuentan con la ayuda de los sacerdotes que van a dar misa, que les dicen que se traten como hermanos, se respeten, ayudarse dentro de sus posibilidades, además de participar en actividades que se organizan internamente.

Para la salud de sus huéspedes, comenta que tienen un médico y un equipo de enfermeros en dos turnos, que apoyan en cualquier emergencia que se pueda presentar, incluso tienen un área con lo necesario para dar primeros auxilios.

“Cada abuelito tiene un expediente, tanto clínico como de trabajo social. En los casos que nos ha tocado de fallecimiento, si el abuelo no tiene familia ni nada, pues nosotros nos hacemos responsables. Hay una funeraria que nos apoya”, complementa.

“En el caso de los que tienen familiares, se hacen cargo. Nosotros les avisamos y esa es una de las condiciones: si ellos tienen algún familiar, que ellos se hagan cargo de esa cuestión”.

 

Estudiantes conviven con los abuelos como parte de su servicio social.

 

¿Qué viene para el asilo?

“Vamos a extender el número de abuelos. Vamos a llegar al tope de 40, pero ya los tenemos. Ahorita hay seis que van a ingresar y aparte de ellos tenemos lista de espera. Los cuartos que ya habilitamos, ya tenemos a los abuelitos”, informa.

“Es cuestión de que se realicen los estudios médico para poder ingresar. Quisiéramos atender a todos que nos vienen a pedir el apoyo, pero no hay el espacio suficiente. Está chiquito el asilo”.

Agrega que el abuelo que ingresa es porque tiene necesidad, está solo, sin nadie que lo cuide o no puede valerse por sí mismo y cuando se dan cuenta de su situación, aceptan ingresar, pero ahí encuentran un hogar.

“Este es un hogar para ellos; aquí viven. Cuando me preguntan, ‘¿cuándo se desocupará?, ahí sí que no le puedo decir porque esta es su casa y de aquí se van hasta que el Señor les llama”, concreta.

“La gente está invitada a venir para que conozca y sobre todo, que conviva, que platique con los abuelos; se hacen amigos de los que vienen y se encariñan con ellos. Pueden venir siempre”.

PARA VISITAR

Usted puede acudir a convivir con los abueltios o apoyar en actividades en sus instalaciones en las calles 5 de mayo y Miguel Hidalgo, frente a la Plazuela Zaragoza.

INFORMES

Al 981 6223

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