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CONCIERTO EN EL TAP
Cobija su pueblo a Carlos Osuna
El tenor mazatleco es celebrado por su interpretación de canciones clásicas mexicanas
HÉCTOR GUARDADO
15/07/2017 | 7:42 PM
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Foto: Daniel Santana

MAZATLÁN._ Recién desempacado de la Ópera Estatal de Viena, en donde es parte del elenco permanente de una de las cinco casas de ópera más importante del mundo, Carlos Osuna se subió al escenario del Ángela Peralta para recibir el aplauso del pueblo que lo vio nacer, Mazatlán.

En agosto de 1883, desembarcó en la Playa Sur, por el lado de la Aduana, la eximia cantante mexicana, Ángela Peralta, “El Ruiseñor” mexicano, considerada en su momento la mejor cantante de ópera mexicana del Siglo 19; el pueblo de Mazatlán fue a recibirla, la multitud desenganchó las mulas del carruaje que la condujo del desembarcadero al Hotel Iturbide en la Plazuela Machado, un grupo de hombres lo jaló hasta su destino.

El pintor Antonio López Sáenz inmortalizó ese episodio en una cuadro de gran formato, que se encuentra en el Restaurante Pedro y Lola , esa imagen fue la escenografía que adornó el foro durante la primera parte del concierto.

 

Raúl Rico quiso crear una metáfora con esa alegoría del pueblo de Mazatlán rindiéndole tributo a la ópera a través de un hecho histórico que marcó la vida del puerto. Ahora un cantante de ópera “patasalada”, formado en las escuelas locales, Carlos Osuna, regresa a su terruño y es cobijado por el pueblo con su aplauso, como sucedió con aquella cantante hace 134 años.

El tenor, que estuvo acompañado por la Camerata dirigida por Raúl Pérez, quien entró como emergente, porque un día antes del concierto murió la madre de Percival Álvarez, director titular de la Camerata, no defraudó a sus seguidores que llenaron los cuatro niveles del teatro Ángela Peralta.

 

La velada se inauguró con Amorcito corazón, un tributo a Agustín Lara se hizo presente en la voz del intérprete mazatleco; cantó completa Solamente una vez y después un popurrí integrado por fragmentos de Farolito, María bonita y Piensa en mí, que fue coreada por el público.

Ofreció a plenitud su voz moldeada por la técnica del canto operístico con Dime que sí.

 

Para que descansara la voz del cantante se incrusto en el programa una pieza con la que el compositor Arturo Márquez llevó a las salas de concierto al danzón, su obra Danzón número 2 fue interpretada por la Camerata.

 

La sorpresa de la noche fue que la pareja que ofrece espectáculos y da clases de danzón en la Muestra de La Guelaguetza, Oaxaca en Mazatlán, en la Plazuela Zaragoza, se deslizó por el escenario del TAP, contagiando con sus movimientos la sensualidad y la elegancia de esa danza con la que se identifica el mexicano.

“Esta canción se la quiero dedicar a tres madres que recientemente fallecieron y provocaron un profundo dolor en sus hijos Enrique Patrón de Rueda, Raúl Rico y Percival Álvarez, para ellas, Muñequita linda”, dijo Carlos Osuna.

 

Continuó con un popurrí de canciones de María Grever, Cuando vuelva a tu lado y Así, uno de los mejores lo ofreció con la interpretación de Besos robados, con el que le regaló al público una serie de agudos que cerraron la canción en las alturas sonoras para emocionar al auditorio y arrancar un apasionado aplauso. La primera parte la cerró con Júrame.

‘No soy bueno para hablar, mejor canto’

“No soy bueno para hablar en el escenario y cuando hablo, mi ama me regaña y me dice que digo puras tonteras, por eso mejor canto”, con esa frase fresca, espontánea se echó a la bolsa al público, que le festejo el momento con una sonrisa y un aplauso.

Desde la luneta un admirador le pidió que cantara La tabernera del puerto, una zarzuela, sin reflexionarlo, muy a la mazatleca, Carlos le contesto “No vino”.

 

En la segunda parte del programa se fusionaron el mariachi Ensamble Tradicional Mexicano con la Camerata Mazatlán para hacer más robusto y cálido el sonido de canciones como Rey de la huasteca, Jinete, Motivos.

De la canción Mujeres divinas recordó que era su hit en los festivales escolares de la escuela en donde estudió la secundaria, el SAM, en donde lo descubrió y le dio clases la maestra de canto, Cristina Vadillo.

Siguieron Cien años, El carretero, Perdón, Marioneta, Voy y La diferencia, de Juan Gabriel.

 

El público no se quiso ir, con aplausos pidió una más, Carlos tenía preparada Mazatlán y México lindo y querido, sus dos amores que se lleva en su corazón cada vez que regresa a Austria, en donde vive desde hace seis años.

“No soy bueno para hablar en el escenario y cuando hablo, mi ama me regaña y me dice que digo puras tonteras, por eso mejor canto”.

Carlos Osuna

Tenor mazatleco

 

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