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Con vocación de aliviar
La enfermera Georgina García Siqueiros ofrece una sonrisa para cada sufrimiento.
Carolina Tiznado
06/01/2008 | 00:00 AM
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ESCUINAPA._ La vocación de servir y aliviar los sufrimientos, es posiblemente un don que Dios otorga a quienes considera que podrán ser verdaderos ángeles para las personas que padecen o sufren alguna enfermedad.
Esa cualidad la tienen quizá personas, que a pesar del sufrimiento humano que puedan observar, poseen el temple para brindar una sonrisa o dar palabras de aliento.
Así creó a las enfermeras, personas que seguramente pueden estar sufriendo con el dolor de los pacientes, pero que la sonrisa de que todo estará bien es la mejor medicina que pueden ofrecer a los pacientes.
Georgina García Siqueiros, desde niña, pensó en dedicarse a esa rama de la Medicina por cumplir el sueño de su mamá, quien soñó con dedicarse a esa labor, pero no pudo, aunque después descubrió que era su vocación.
"Le cumplí el sueño a mi mamá, pero también trabajo en algo que me gusta mucho y en lo que siempre vi como mi vocación", expresa.
Doce años dedicados al servicio no la hacen insensible al dolor, pues aún sufre con los pacientes y les toma cariño, sobre todo al trabajar con niños, indica.
Aunque su objetivo principal cuando los atiende, es que el paciente se vaya satisfecho de haber recibido un buen trato, piensa también en reconfortarlos no sólo en el aspecto físico, sino en lo emocional y humano.
"Ese es mi pan de cada día, que el paciente se vaya contento, así me doy por bien servida porque cumplí", dice.

Un reto difícil
Hace un año cumplió un reto profesional, indica Georgina, que era estudiar la especialidad en Pediatría lo consiguió sacrificando lo más importante que es para ella: sus hijos.
"Fue difícil estar en Culiacán un año, en el que venía cada fin de semana y mis hijos estaban aquí en Escuinapa", dice.
Como madre de familia llegó a sentirse culpable porque con amor atendía a los pacientes, pero sus hijos enfermaban y tenían que ser otras personas quienes estuvieran a cargo.
Son dos pequeños, indica con alegría, de nombre Mariana, de 10 años, y José Abraham, de 4, por quienes se esfuerza cada día y espera que lo entiendan con el tiempo.
No ha sido fácil combinar su labor de esposa, madre y profesionista, pero nada de las tres cosas le gustaría cambiar, por lo que continúa dando lo mejor de ella en cada cosa que haga.

Un caso que fue su mayor ejemplo
Georgina comparte que desde que está dedicada al área de Pediatría, ha visto múltiples casos de pequeños que nacen y que gozan de buena salud.
Sin embargo, en su experiencia como enfermera atendió por mucho tiempo el caso de una pequeña que en su vida profesional se convirtió para ella en un ejemplo de lucha, amor y deseos de vivir.
"Era el caso de una niña que llegó desde los 10 meses de nacida, aunque sabíamos que podía morir, fue muy difícil cuando llegó el momento, fue algo que me marcó de alguna manera", cuenta.
La niña tenía fibrosis quística en los pulmones, la pequeña se llamaba Milagros Guadalupe, y su caso fue conocido en la opinión pública por haber salido en Noroeste cuando necesitaba apoyo.
Milagros murió a escasos 4 ó 6 días luego de cumplir 5 años de edad, hace unos meses, manifiesta.
"Ella era una niña muy madura para su edad, me enseñó que los problemas por más graves que sean tienen solución, porque eran pequeños comparados con lo que ella sufría", narra con tristeza.
La pequeña tuvo una vida de lucha constante, sabía que iba a morir, pero se esforzaba por sonreír y estar bien, platicaba con todos y era quien daba fortaleza a quien lo necesitaba, señala Georgina.
"A veces nos quejamos de cosas sin importancia, y ella ha sido para mí un gran ejemplo de vida", comenta.
Hoy Milagros ya no está, pero dejó una gran lección a todos los que la conocieron, su vida dejó una huella impresionante en el corazón de las personas, por lo que la mantendrán viva siempre, expresa.
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