Suscribirme 
Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Desde la calle: Candidatos municipales que se reciclan... y acumulan pendientes
Iliana del Rocío Padilla Reyes comparte su colaboración de hoy
Iliana del Rocío Padilla Reyes
26/05/2018
Marcar como favorita
Foto: Marco Ontiveros

Naydelin y Juan, de 10 y 14 años, viven en una casa de cartón en una de las invasiones irregulares en Culiacán y tienen que caminar 40 minutos para llegar a la parada de autobús que los lleva a la escuela.

Claudia Beltrán, reportera de Noroeste, nos compartió la semana pasada la historia de estos niños que conmovió y llamó a la solidaridad de los lectores. Llegaron bicicletas y apoyos para que los pequeños pudieran transportarse a la escuela, y mensajes de aliento como el de Arturo Sánchez, director en Sinaloa de Mexicanos Primero, que los llamó “Ejemplo de moralidad”.

Naydelin y Juan viven una odisea para llegar a la escuela en Culiacán

Lo cierto es que, como Naydelin y Juan, muchos niños en las principales ciudades sinaloenses son obligados a ser “ejemplo de moralidad”, porque crecen en colonias periféricas donde no tienen condiciones dignas de vivienda, infraestructura urbana, acceso a equipamiento como escuelas, hospitales y parques, y además de la pobreza deben lidiar con la exclusión de la que han sido objeto por las políticas equivocadas y simplistas de planificación urbana que no tienen como objetivo a las personas sino a los intereses de inmobiliarios y de los especuladores. A estos niños se les pide que tengan fortaleza para enfrentar las adversidades, y se les felicita por ello, una vez que se les niega el derecho a la ciudad.

Lo anterior no lo escribo al vapor, sino después de varios años estudiando de cerca las prácticas en la planificación de las ciudades sinaloenses, las condiciones sociales y urbanas, y en específico la violencia. En este caso, la manera como se han ignorado las necesidades de vivienda digna y se ha excluido a los más pobres en Culiacán, Mazatlán y Los Mochis, por administraciones pasadas y sus socios, representan una violencia estructural que además es acumulativa y genera mayores conflictos.

Al no existir opciones para que las personas con los menores ingresos accedan a una vivienda digna, tienen que establecerse en invasiones irregulares donde carecen de servicios, infraestructura básica, equipamiento, además de que en muchas ocasiones se asientan en zonas que representan riesgos ambientales o a la seguridad de quienes las habitan, o en sectores donde es complicado y costoso llevar el agua y el saneamiento. Se ha documentado que los moradores terminan pagando más por eso suelo, además de que generan costos para todos.

Incluso, los que han accedido a las viviendas de los programas sociales, que no pueden ser consideradas dignas, también son excluidos por la misma falta de servicios y la enorme distancia a la que ubican estos desarrollos habitacionales.

Desde el 2015 se propuso un programa de producción social de la vivienda que beneficiaría a quienes no pueden acceder a créditos para la vivienda por sus bajos ingresos y porque se emplean en el mercado informal. La propuesta, contenida en el Programa Municipal de Desarrollo Urbano plantea una asociación entre las instancias gubernamentales, las universidades y algunas empresas para que estas personas puedan acceder a suelo financiado desde el sector público y autoconstruir sus viviendas desde esquemas de cooperación colectiva. La propuesta se presentó al IMPLAN y al Cabildo.

Como esta, hay otras propuestas para atender los complejos problemas urbanos que enfrentamos y que pocos se dan cuenta hasta qué punto afectan la vida de las personas. Los asuntos urbanos no son problemas que tienen que resolver los técnicos en sus escritorios, o negociaciones entre políticos y propietarios desde lo oscurito, son situaciones que nos deben interesar a todos porque afectan directamente nuestra calidad de vida.

Ahora que se aproximan las elecciones municipales debemos poner mayor atención y cuestionar las propuestas de los candidatos, y exigir que nos presenten resultados de las gestiones que han realizado previamente. Al tiempo que leía la historia de Naydelin y

Juan observaba también en redes sociales fotografías de académicos en el tema urbano reunidos con candidatos. Me preguntaba si realmente los habían cuestionado sobre los avances en la planificación urbana, les preguntaron sobre el estado que guarda el Programa de Desarrollo Urbano de Culiacán, el Plan Director, el Atlas de Riesgo, o quizás sólo platicaron del Par Vial y de las ciclovías.

El urbanismo no es arreglar calles o hacer jardineras, es conducir los procesos urbanos para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho a la ciudad. La exclusión de la ciudad es una forma de violencia ejercida desde el poder.

Por niños como Naydelin y Juan, seguiré escribiendo Desde la Calle sobre violencia y problemas locales en Sinaloa.

 

iliana_pr@hotmail.com

Notificaciones
Entérate antes que nadie
Recibe notificaciones en tu navegador
Al suscribirte estás aceptando los términos y condiciones de servicio
Te puede interesar..

Oportunidades