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Domina el ego el periodo de escritura, asegura Jaime Mesa
Jaime Mesa escribió La mujer inexistente, una reflexiva novela sobre los secretos en el mundo de las letras
Héctor Guardado
16/05/2018 | 3:09 PM
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Foto: Daniel Santana

MAZATLÁN._ Una nueva generación de autores está haciendo acto de presencia en el panorama literario de México, sus nombres resuenan en el boca a boca, el juez más honesto y confiable que expresa las emociones y la calidad de la escritura que guardan las obras.

Son jóvenes que están empujando fuerte con textos que se acercan a la realidad de frente con un toque de ensueño, con palabras directas, con metáforas que se vinculan con lo real con suavidad, sin miedo y sobre todo sin falsas pretensiones.

Tienen entre 35 y 45 años, cuatro nombres destacan por que su número de lectores está creciendo, sus nombres: Fernanda Melchor, que en el 2017 escribió el que para muchos críticos fue el mejor libro de ese año: Temporada de huracanes; Emiliano Monge, con su novela La superficie más onda.

Julián Herbert, que hace un par de años escribió un libro que sigue estremeciendo conciencias, Canción de tumba.

Antonio Ortuño, que con su novela Méjico puso en juego sus habilidades como narrador develando la cara oculta del exilio español, y Jaime Mesa, que estuvo en Mazatlán para presentar su más reciente novela La mujer inexistente, en la que juega con los secretos del mundo de la literatura.

En esta novela Jaime Mesa hizo una especie de thriller mostrando su capacidad para deslumbrar con la forma en que teje las palabras, uno de los temas que le da forma y esencia a la Mujer inexistente es el ego en los escritores.

“El ego sobre todo en los escritores se expresa a través de un pensamiento recurrente de que el mundo gira alrededor de ellos y que sus obsesiones son las más importantes, el novelista cuando se sienta a escribir, a crear 20, 30 o, como lo hizo Tolstoi, 300 personajes tiene que tener el ego muy bien colocado” compartió.

“Tiene que tener una conciencia de Dios todo poderoso, soberbio porque si no los personajes lo aplastan, son demasiadas vidas las que tiene que estar acompañando, gestando, controlando, el periodo de la escritura pueden ser de tres meses, seis meses o 20 años, no es algo fácil de sobrellevar con un ego maltrecho”.

El escritor afirmó que no se puede ser humilde mientras se escribe una novela.

“El ego tiene que dominar todo este periodo de escritura, de creación, el ego sirve para escribir pero una vez que se entrega la obra al editor y empiezas a dar entrevistas, hablas con los lectores o vives tu vida real haciendo unos huevos por la mañana, por ejemplo, el ego no te sirve para nada, al contrario, te deforma, te destruye”, mencionó.

“Cuando estás en la promoción del libro, el ego es el veneno más destructor que tiene el escritor. Estoy consciente de ello y creo que puedo controlarlo bastante bien gracias a mis amigos, a mi familia, en redes sociales me burlo mucho de la figura del escritor para que no se me suba, pero cuando estoy escribiendo no soy el mismo, también estoy consciente de eso”.

Su camino para expiar el ego

“Hay caminos largos y otros cortos para entender esta verdad de los escritores, el mío fue intermedio porque tuve la suerte de conocer a Daniel Sada, que fue mi maestro durante mucho tiempo, un hombre generoso, humilde pero cuando escribía era un Dios ególatra”, dijo.

“Con él tuve muchas etapas. En el 99 tuve mi primer encuentro con él, fue doloroso porque desde los 16 años escribía y me publicaban en Puebla, eran cuentos y novelas, me formé una imagen de escritor en mi ciudad natal, me sentía alguien, malos maestros que tuve me llamaban 'La joven promesa de la literatura' en lugar de decirme que me faltaba mucho y ubicarme, me daban alas y en realidad no había nada, mi aprendizaje con Sada fue dolorosísimo, el primer día de su taller llegué con la conciencia de que era muy bueno para escribir”.

Tiralas a la basura

“Cuando nos presentamos en el taller de literatura, que ofreció durante cinco años en Puebla, yo dije mi nombre y mencioné que tenía cuatro novelas escritas y un libro de cuentos, él contestó “has escrito más que yo”, eso me impactó, me dio vergüenza, no le enseñé esa obra, empecé a escribir en su taller, durante tres años cada uno empecé una novela, cada año llegaba con el manuscrito y lo leía y me decía no sirve nada, eso significaba que aunque lo corrigiera no servía, porque la sustancia literaria no estaba ahí”, mencionó.

“Después de tres años pensé que no tenía talento, por la noche decidí intentarlo por última vez y empece a escribir Rabia, le gustó muchísimo, lo trabajé en el taller un año, cuando la terminé se la di a Daniel Sada, el me dijo 'Esta es tu primer novela'.

Esa fue la más importante lección que ha recibido como escritor Jaime Mesa, la que le ha servido para construir una carrera literaria importante en México.

“Así entendí que el ego no te sirve para nada pero también me dejó claro que cuando escribes, cuando estás creando, el ego debe ser mayúsculo, es una ecuación que me funciona, fue una lucha de tres años para domar el ego y lo aprendí a 'madrazos', fue un ejercicio de reflexión".

Reiteró que lo que más le agradece a Sada es que le dijera que lo que escribía no servía, porque fue lo que le dio el mayor aprendizaje..

“El joven escritor piensa que sus historias son importantes, que el mundo tiene la obligación de escucharlas, que sus novelas son buenas. Sada me decía 'no estás observando', 'no estás viendo el mundo', el nivel de exigencia en su taller era durísimo, pero el mejor para formarte como escritor”.

No vuelvas

“Las lecciones no terminaron con mi primera novela, le dije que quería seguir en el taller y él me dijo 'bueno, si sigues viniendo quiero que tu próxima novela sea 20 veces mejor que Rabia', yo me di cuenta que no podía hacer eso, dejé de ir pero pasaba por él para ir a comer y me dijo 'quieres la comodidad para que todos te digamos qué hacer, un escritor se vuelve autor cuando hace lo mismo que en un taller pero solito y toma sus decisiones buenas o malas, pero solo en su habitación”, dijo.

“Nos hicimos grandes amigos, me dolió mucho su muerte, me pesa que no haya podido leer mis otras novelas. Un mal coordinador de taller te da alas sin elementos sólidos, el que realmente es bueno y quiere formarte te dice la verdad. Él era muy generoso porque sabía cómo trabajar a sus alumnos, un maestro que usa la misma técnica de Sada le da oportunidades a sus alumnos. Si alguien va a ser escritor camina hacia ese destino sin restricciones, ningún obstáculo lo detiene, eso lo sabía Sada. Si no eres escritor te rompen facilísimo y claudicas a la primera, si lo eres aunque te corten las piernas lo vas a ser”.

Escribir es algo muy serio

“Soy un escritor de intuiciones, me pregunto por qué me obsesiona algo y me voy robando algo de la vida real, de mis recuerdos, cosas que existen y que no, enfoco la mirada en alguien que toma un decisión, son como insinuaciones que no acabo de entender y escribo para tratar de entenderlo”, comentó.

“Escribo una historia porque tengo una duda sobre la vida, yo no trato de imponer mi visión del mundo más bien es una indagación sobre ciertos asuntos que tienen que ver, en mi última novela, por ejemplo, con el ego, la cobardía, el afán de trascendencia, sobre esas dudas trabajo la novela”.

Mencionó que en La mujer inexistente quiso resaltar el medio literario, decir que los escritores, no por serlo, son buenas o malas personas, son iguales que cualquiera, solo que tienen una antena más alta para detectar lo que pasa y eso potencia sus propios defectos, es decir los escritores son más inseguros, tímidos, neuróticos, paranoicos que el resto de la gente.

“La cualidad de ver desde una perspectiva especial y que les permite a los literatos escribir es la misma cualidad que los hace más vulnerables. Ser escritor no es una bendición, bueno el regalo de la vida es que escribir te provoca mucho placer, pero el paquete de ser escritor viene con otras consecuencias, uno escribe porque esta roto, porque no entiendes el mundo, te preocupan cosas que a la mayoría no les interesa”.

SU OBRA LITERARIA

Novelas publicadas de Jaime Mesa

Rabia (2008)

Los predilectos (2013)

Las bestias negras (2015)

La mujer inexistente (2017)

 

 

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