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Columna
Eduación en la familia: Responsabilidad, cómo y cuándo
La familia es la primera y principal escuela para educar en la responsabilidad como en todas las virtudes.
Yolanda Waldegg de Orrantia
17/05/2018 | 05:00 AM
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Foto: Noroeste

La familia es la primera y principal escuela para educar en la responsabilidad como en todas las virtudes. En ella, los hijos reciben y comprenden los dones de Dios y aprenden, entre otras, las virtudes de la obediencia, generosidad, sinceridad, paciencia, alegría, etcétera, que les capacitan para hacer un buen uso de la libertad. Porfis, ¿quieren volver a leer el párrafo y checar si están cumpliendo como papás o están muy ocupados?Bueno pues. ¿Cómo se enseña a los hijos, de forma concreta, a ser responsables? Ya lo había semblanteado la semana pasada, pero vamos más a fondo: una buena fórmula es asignar tareas específicas a cada uno de ellos, estableciendo objetivos temporales y de calidad. Temporales porque la idea es rolarlos para que todos aprendan de todo, y de calidad porque parte de la responsabilidad es que sean bien hechos, no “ahí se va” para salir del paso.Los encargos ayudan a los hijos a sentirse necesarios en la familia, a comprender lo que se espera de ellos en cada momento, a aprender a amar en lo concreto. Podemos pedirles que hagan su cama antes de ir al colegio, que recojan y ordenen su cuarto antes de ir a la cama, que se bañen y vistan solos, que pongan y recojan la mesa, etcétera.  Además,  hay que explicarles cómo se hace todo eso bien para que tengan ejemplos concretos de cosas bien hechas y si no quedan bien hechas, hay que volver a hacerlas, Si les enseñamos a ofrecer su trabajo a Dios y a Él no le podemos dar malhechuras ni porquerías, ya pondrán más cuidado, aunque para eso, como para todo, tienen que poder voltear a ver a sus papás.Estos pequeños encargos, y su adecuada realización, contribuyen a crear una virtud que será de enorme utilidad durante toda  su vida, en cosas pequeñas y grandes. También es bueno que aprendan a ser responsables de sus cosas, a tratarlas con cuidado. Que el uniforme dure todo el año, claro que no se refiere a que le quede chico, eso  no es su responsabilidad; que sepan administrar un juego de lápices o cuidar sus juguetes es una manera de empezar, porque las cosas cuestan trabajo y dinero, (la pobreza, como virtud, es precisamente cuidar lo que tenemos y no hacernos necesidades extraordinarias), pero en este renglón de la escuela, hay que tener cuidado, sé de niños que se roban cosas y de mamás que les dicen a los suyos, “pues róbate tú otro porque no voy a volver a comprarlo, están muy caros”. Hay niños, por decir muy poquitos, que no se animan a hacer valer su derecho y otros que son muy gandallas, ni se preocupan por llevar sus cosas ni por cuidar  nada en la seguridad de que siempre hay alguno al que le pueden pedir prestado y ni siquiera devolverlo o hacerlo, pero deteriorado. ¿Qué tipo de niño es tu niño? Los dos necesitan ayuda.Bien, pues tras estas pequeñas prácticas, este aprendizaje deberá extrapolarse al cuidado de la casa, que es de todos, de la naturaleza, animales, plantas, agua y de toda la creación. Desde pequeños, podemos ver como nuestros hijos obedecen, pero no podemos quedarnos en eso. Obedecer consiste en hacer lo que les decimos y en este caso, la motivación suele ser externa.

Responsabilidad implica poner en juego muchas más dimensiones de la persona, incluyendo la capacidad de reflexión, de decisión y de asunción de responsabilidades, de manera que se internalice la motivación de cumplir con el deber o la palabra dada.Los hijos que desarrollan otras virtudes relacionadas con la responsabilidad, como la justicia, la prudencia, la fortaleza y la humildad, construyen su vida sobre un fundamento sólido y aunque ocasionalmente puedan perder el camino, sabrán encontrarlo de nuevo, pues siempre sabrán donde está la verdadera felicidad.Tenemos que recordar con frecuencia a nuestros hijos, que están llamados a cosas grandes, a ser felices y a darse a los demás en libertad y responsabilidad, pero para poder recordárselos tenemos que ver cómo está la nuestra: ¿me estaciono en zona azul, doble fila, voy zigzagueando a toda velocidad porque se me hizo tarde? ¿Cómo dejo el cine al terminar la función o la playa cuando regresamos a casa? ¿Ya tengo bolsas de tela para hacer la compra?

¿Cuando compro comida hecha, llevo mis recipientes en lugar de aceptar los que contaminan por siglos el ambiente? ¿No acepto popotes en mis bebidas, ni utilizo globos en mis fiestas ni vasos, ni platos desechables, ni tiro basura donde no debo, ni critico delante de los hijos a las autoridades, los maestros, los amigos? Claro que puedo seguir, pero ya saben a qué me refiero.

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