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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Eso de convivir
Convivir es vivir con otros, y como los otros no suelen ser iguales a uno gracias a Dios...
Yolanda Waldegg de Orrantia
07/06/2018
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Foto: Noroeste

Convivir es vivir con otros, y como los otros no suelen ser iguales a uno, gracias a Dios, por más que quisiéramos, suele tener sus complicaciones porque cada cabeza es un mundo, con sus ideas, puntos de vista, argumentos, teorías, estilos, personalidades, etcétera.

Entonces se complica, como aquí la idea es compartir, sería muy aburrido si todos tuviéramos lo mismo qué compartir, pero cómo nos vamos a enterar de lo que nos comparten si no aprendemos a dejarles hablar, el primer punto es saber escuchar, para poder tomar parte en la vida ajena y hacer partícipes de la nuestra a los otros.

En este convivir demostramos muchas cosas concretas de nuestro temperamento y personalidad, en casa aprendemos, pero no hay que olvidar que no solo convivimos con la familia, también están los vecinos, los compañeros de escuela o trabajo y todo el sinfín de personas con las que tropezamos todos los días, así que hay que tomar en serio el aprendizaje para que afuera no saquemos el cobre nosotros o nuestros hijos.

Y en el aprendizaje tener en cuenta que hay que administrar con inteligencia la vida afectiva, porque hasta el mejor amor se echa a perder si no le cuidamos, podemos equivocarnos por exceso o por defecto, se necesita buen balance entre distancia y cercanía, entre el corazón y la cabeza.

Y esto es así con todos con quienes convivimos, no solo la familia, están los parientes, amigos, vecinos, compañeros, en estos tiempos hay que poner más intencionalidad porque está más difícil el equilibrio, se nos están atravesando los juguetitos esos que se traen siempre en la mano, tanto hijos como padres, pero además se vive más apretados en espacio y tiempo.

Entonces, hay que buscar soluciones alternativas para hacer posible la convivencia diaria, sin que salgan chispas, o que a nadie le interese y cada quien prefiera estar en lo suyo, es decir, cero convivencia, así no chocan, pero no se trata de vivir en esa paz, se trata de ser familia y, además, llevarla bien con todos los que nos encontramos en el diario trajín.

Esto implica un esfuerzo importante de la voluntad, hay que vender bien la idea para que los hijos quieran hacer este esfuerzo, es importante porque no solo estamos rodeados de los demás, también necesitamos de los demás, y hay que aprender a aceptar la vida con los demás y sus peculiaridades, la primera responsable de esto es la familia, de ahí su grandeza y responsabilidad, de la clase de ciudadanos que soltaremos al mundo.

Como siempre, principiar por uno mismo, cuáles son nuestras cualidades y defectos, aptitudes y limitaciones personales, porque conocer los problemas hace más fácil controlar las tempestades, que seguro aparecerán, vale para los padres y para los hijos.

Conociéndonos, ya sabremos dónde se necesita ese esfuerzo extra por limar, pulir y rectificar los aspectos de la personalidad que dificultan o entorpecen un trato suave con los demás, cualesquiera que sean.

Es decir, las reacciones impulsivas, pérdida de control por tonterías, ser intransigentes, cuadriculados o herméticos, susceptibles, bruscos, faltos de consideración por el trabajo ajeno o sus opiniones, imprudentes, irrespetuosos. Seguro que todos tenemos algo de esto, no somos ángeles, pero hay que cuidar de corregirlo.

En la convivencia diaria nos retratamos o delatamos, por eso es importante esos esfuerzos de granitos de arena para hacerla amable y facilitarla, no es que cueste mucho, solo hay que estar consciente de ir por la vida regalando sonrisas, buenos días, buenas tardes o noches, que gusto verle, por favor y gracias, con permiso, llamando a las personas por su nombre, preguntarlo si no se conoce, escucharles con atención sin querer quitar la palabra, interesarse por lo que dicen (no digo que sea fácil, pero si se practica se va haciendo fácil) si desde pequeños aprenden a ayudarse siempre y tratar de facilitar la vida de los demás y respetar su trabajo será más fácil y más lo será si lo aprenden viéndonos.

Y con mayúscula para una buena convivencia, el primer requisito es siempre el respeto, en todo, desde cómo me visto, cómo me comunico, escucho, y trabajo, me divierto y me relaciono.

 

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