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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Hoy hablemos de los abuelos
Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar con temas de actualidad
Yolanda Waldegg de Orrantia
08/11/2018 | 05:00 AM
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Foto: Noroeste

Bueno, pues no es ninguna novedad que el estilo de vida familiar ha cambiado, creo que se puede decir que drásticamente en los últimos 50 años, me temo que no para bien de la familia, pero el hecho es que cambió, como consecuencia de un nuevo sistema de producción y la inclusión de la mujer en el circuito laboral y que lleva a que ambos padres se ausenten por largos periodos.

Ello implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas a la familia o en instituciones, nada de lo cual es lo óptimo para los niños sobre todo los más pequeños.

Algunos afortunados todavía pueden contar con abuelos, porque a la fecha, las familias nuevas pueden terminar regadas a lo largo del territorio del País y los abuelos nos quedamos sin chance de ejercer y los niños sin su apoyo para cumplir muchas tareas como: protección, traslados, alimentación, descanso y consulta médica, los privilegiados que tienen padres de padres cercanos, lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles, Abu, Abuelo, Nonna, Tata, Abue, Lala, Yaya/o y los muy atrevidos, por el nombre.

Los abuelos no solo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre alcanzan a ver: pertenencia e identidad, que son indispensables en las nuevas vidas, la mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos, sus fotos van reemplazando a las de los hijos, con esto los padres descubren dos verdades: que han entrado en la madurez y que no están solos en la tarea.

Y ser abuelo es una forma muy contundente de comprender el paso del tiempo, aceptar la edad y la esperable vejez, pero también significan que es posible la inmortalidad, al ampliar la familia prolongan los rasgos, los gestos, extienden la vida y se ilusionan, los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres, de alguna manera lo recuperaron, leen libros sin apuro y cuentan historias de cuando ellos o sus hijos eran chicos, con cada palabra las raíces se hacen más profundas y la identidad más probable.

Son incomparables cómplices de secretos, malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos, no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos, pero entonces no las veían porque estaban preocupados por educarlos, algunos todavía saben o pueden jugar a cosas que no se enchufan.

Son personas expertas en disolver angustias cuando por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es más rica; incluso, la comprada. Los abuelos tienen manos suaves y las mueven con cuidado, aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.

Los abuelos huelen siempre a abuelo, no por el perfume que usan, ellos son así ¿o no recordamos su aroma para siempre? Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

Finalmente, y para que sepan los descreídos: los abuelos nunca mueren, solo se hacen invisibles. Claro que esto no es mi estilo de escribir, me lo encontré entre las muchas cosas que guardo cuando me gustan, es del doctor E. Orschanski, Los abuelos construyen infancias, yo solo lo extracte para que cupiera metí cuchara aquí y allá.

Solo quiero recordar a los padres que tienen a sus padres cerca con posibilidad de ejercer, que serán muy felices de hacerlo, pero: así como hay abuelos que todavía son muy jóvenes con todas sus capacidades, ni de esos ni a los más grandes hay que abusar, finalmente recuperan su vida y quieren aprovecharla en las cosas que no pudieron hacer mientras tenían la responsabilidad de criar hijos, algunos abuelos como que no les queda de otra que hacerse cargo, pero no es lo mismo cuando ellos eran los padres, la vida ha cambiado mucho, es diferente la educación, pueden dar la formación, pero en las escuelas es muy diferente, si los papás se encuentran con esto más los abuelos, además de dejarles la responsabilidad sin la autoridad es complicado, sería bueno preguntar primero: ¿puedes?, ¿no tienes compromisos? En lugar de llegar con “te lo traigo porque tengo que”…

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