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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: La batalla de las ideas
Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar con temas de actualidad
Yolanda Waldegg de Orrantia
11/04/2019
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Foto: Noroeste

Aunque la batalla de las ideas la tienen muy bien entendida y utilizada colectivistas y socialistas desde hace rato y alrededor del mundo, a mí me preocupa hoy mi País.

Para poder tener un diálogo se necesitan al menos dos, que tengan la oportunidad de hablar y ser escuchados, esto necesita de ideas y las ideas necesitan conceptos, palabras con significado entendible y respeto para dejar hablar, tratar de entender, y buena voluntad, entonces podremos tener una batalla civilizada y con frutos, de otra manera habrá lo que estamos viendo: descalificaciones, grosería y ningún diálogo.

Lo que significa no llegar a ningún lado en cuanto a la verdad, a lo que sí se llega es al enojo y pérdida de amistades o familiares, muy triste.

Entonces, qué tal si comenzamos por descubrirnos, cuál es nuestro estilo cuando discutimos o simplemente hablamos, siempre queremos ganar y tener la última palabra, interrumpimos, levantamos la voz, nos enfadamos o somos capaces de escuchar hasta el final, para exponer lo que pensamos sin tratar de imponer nuestro punto.

Rrecordemos que los hijos, aunque parezca que están haciendo otra cosa, se dan cuenta de nuestros modos y reacciones o acciones, es decir les estamos enseñando cómo se hace y aprenden.

No solemos pensar en eso, pero las ideas tienen un papel importantísimo, en nuestro día a día se piensa que son más importantes las acciones o los hechos lo que define nuestro destino, pero cualquier cosa que se haga tenemos que pensarla primero.

Sí, todos los días se conforman de acciones y pensamientos, decisiones sobre qué me pongo hoy para ir a tal lado, qué comer, cómo conducirme en esta o en otra situación, de acuerdo a nuestras prioridades y valores que son resultado de nuestra filosofía de vida, o sea de nuestras ideas sobre esto o aquello.

Y esto es importante porque cuando no definimos claramente esta filosofía de vida, cuando no nos detenemos a pensar ¿por qué hago lo que hago? ¿por qué así? Si no pensamos nunca en esas preguntas y otras, quiere decir que ya hay alguien que está decidiendo por nosotros, y ni cuenta nos damos, esa que parece pequeña diferencia entre definir nuestras ideas libre y voluntariamente o no hacerlo.

Es como lo contaba el profesor de filosofía, como lo hace una oveja, que pasta y camina con todos los demás del rebaño, o como lo hace un tigre, que decide explorar, cazar y valerse por sí mismo y ser independiente.

Y como decía, a mí me preocupa mi País, supongo que le puedo llamar masoquismo, pero leo mucho los comentarios en las redes y la verdad, no veo ideas propias en la medida que debiera, una inmensa cantidad de personas no utiliza razonamientos propios, tiene un nivel de tolerancia cero para quienes no piensan igual, entonces comienza la grosería, la burla y descalificación, pero de esa manera no se puede convencer a la otra parte de nada, más bien le dan la razón.

Para poder tener muchas ideas y manejarlas con pensamientos coherentes y suficientes para que nos entiendan, necesitamos palabras, sin palabras no podemos pensar y si son poquitas pensamos raquíticamente, con muletillas, repitiendo y sin llegar a ningún lado.

No sé si les viene a la cabeza la misma persona que a mí, pero hay muchas en las redes, abundan, tengo que decirlo otra vez, lean y ayuden a sus hijos a tener ese hábito, lean no solo los columnistas de sus mismo pensar, mejor de todos, lean libros, sobre todo, mejor los clásicos que no tienen pornografía disfrazada, ni chorrean sangre y violencia, enseñan geografía, principios morales, costumbres de otras partes.

Hay un mundo de cosas que aprender en ellos, abren horizontes que no imaginamos y entre lo que aprendemos, muy importante, están muchísimas palabras y sus significados, descubriremos la belleza, la verdad, dónde está el bien y dónde está el mal; podremos pensar más y mejor, y nos entenderán mejor.

Pero sí, hay que tener en cuenta que lo que ensucia a un niño ensucia a un adulto, por mucho que presuma de amplio criterio, que no es más que autopermiso de meterse en la porquería, es la única manera de no ser manipulados como lo están siendo tantos.

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