EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: La vida de fe - Noroeste
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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: La vida de fe
Quedamos que es importante educar a los hijos y a nosotros en la fe, porque esta palabrita tan chiquita tiene la gracia de cambiarnos la visión de la vida...
Yolanda Waldegg de Orrantia
12/07/2018 | 05:00 AM
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Foto: Noroeste

Quedamos que es importante educar a los hijos y a nosotros en la fe, porque esta palabrita tan chiquita tiene la gracia de cambiarnos la visión de la vida, que todos los otros valores tengan un verdadero valor trascendente. Está de moda hablar de valores, pero luego no se ubican, el primerito es la vida naturalmente sin eso no tenemos ningún otro, pero puede ser una vida superficial basada en estar muy sanos y bonitos nada más, el siguiente es el social que se puede quedar en reuniones, ser popular, o servir y ayudar sabiendo que todos necesitamos de todos, perteneciendo al grupos de esto o aquello, el tercero es el económico, necesito vestirme, comer, lugar donde vivir y trabajar para conseguirlo, o vivo para tener, no importa cómo, pero mucho.

El cuarto es el de los afectivos, naturalmente este valor busca la amistad y el amor, pero puede perderse en el utilitarismo, quiere decir utilizar a las personas. El valor intelectual busca saber, pero ser muy sabio nada más no sirve, o comunicarlo, enseñar. El valor estético busca la belleza en todo, desgraciadamente está muy desubicado si te gusta el regeaton muy lejos. El valor moral busca el bien y la virtud, pero hoy muchos que no saben dónde está el bien, que es a modo, está bien para ti y ya. El valor religioso – la religiosidad- fe, esperanza y caridad ubican en su lugar a todos los demás, hacen que no los desviemos de su fin. Porque si salen de su fin la consecuencia es que no seremos felices, que es lo que queremos para nuestros hijos y nosotros.

Los padres que quieren educar a sus hijos en la fe, -que si los bautizaron se comprometieron a hacerlo- tienen que saber que no los educarán por lo que les dicen, ni por lo que les hacen, sino por la unidad de vida que lleven, o sea, si son coherentes con lo que dicen que creen y lo que hacen, creo en Dios, pero nunca me ven orar, ir al templo, tener una vida de piedad, conociendo mi fe, cumpliendo los mandamientos y los sacramentos, si lo mando a la doctrina para que haga la primera comunión que termina siendo un evento social en el que Dios no está invitado, y nunca me ven comulgar. Entonces ni se cansen porque lo que lograrán es que más bien se aleje de lo que representa la fe.

Pero lo malo es que se quedará sin esa guía segura de vida, la fe es como los letreros que ponen en las carreteras o calles, como los palos rojos que ponen en los caminos donde cae mucha nieve que no deja ver el camino, los palos rojos sobresalen y guían para que no te pierdas, para eso sirve y además y muy importante darle trascendencia a nuestra vida que no termina en la muerte y buenos y malos al mismo fin, nos da un “de dónde venimos” y “hacia dónde vamos”.

¿Qué se necesita para esta educación en la fe? Primero crear las disposiciones para que los hijos respondan generosamente y reciban ese don de Dios, unidad de vida en la familia, 2) Deben reconocer que es necesaria la gracia de Dios que es el que la da, es un don gratuito que da a quien se la pide con rectitud de intención, 3) también hay que rezar por los hijos, 4) ayudarles a conocer a Dios y tratarle como Padre, 5) preparar y motivar a los hijos para que por su propia iniciativa relacionen su vida cotidiana con Dios. 6) conocer a sus hijos para ayudarles a superar los obstáculos que a nivel humano dificulten su vida de fe.

Los padres deben saber que son los primeros educadores de la fe en sus hijos y de todo, los padres educan, forman y complementan la instrucción y la escuela instruye y complementa la educación.

Esta educación no debe ser delegada en profesores, ni en sacerdotes, deben tener el tiempo de hablar con sus hijos de Dios, igual que les hablan de otras materias, con ello no coartan la libertad de sus hijos sino que les dan el alimento que necesitan aunque el niño no lo pide, necesitan el alimento para aumentar la vida de la gracia que recibieron en el bautismo, esto es porque antes de los siete años el niño no comprende, pero imita y actúa espontáneamente, hace lo que ve en sus padres y así va adquiriendo una serie de hábitos.

Los padres deben insistir mucho en pocas cosas, porque los hábitos que crean son una estructura a la cual hay que dar vida, por eso deben reconocer el valor de la obediencia y del razonamiento, la obediencia permite desarrollar la voluntad. El sentido que tienen los actos de piedad hay que explicárselos en el momento oportuno para que vean la importancia de lo que están haciendo, a los 6 ó 7 utiliza ya su capacidad de razonamiento y su sentido moral, juzgan las acciones buenas o malas de acuerdo con las reglas de la moralidad. Pero ¿y si los papás no conocen su fe? ¿Cómo van a cumplir con lo que se comprometieron?

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