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Mazatlán
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Urge redescubrir el valor de la sobriedad
Columna semanal
Yolanda Waldegg de Orrantia
23/08/2020
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Foto: Noroeste

No sé si estamos todos conscientes de lo que se avecina, a la mejor es que no queremos pensar en eso, o de plano nos vale como tantas cosas, el hecho es que sucederá y ya está sucediéndole a muchas personas seguro cercanas, alguien que nos pide trabajo de lo que sea por lo menos unos días de jardín, de pintar, de arreglos de casas, cualquier cosa y quien, aunque quisiera, no tiene con qué pagarles. Los negocios necesitan clientes para pagar a sus empleados y cubrir sus gastos, pero los clientes son mínimos; por otro lado, en las redes sociales montones de artículos para nada de urgente necesidad a los que se apuntan muchos “yo quiero, ¿cuánto cuesta?”. Me da gusto que alguien sí tenga compradores, pero me pregunto si a esos compradores les cayó el veinte o no se han dado cuenta o cuentan con un sueldo bueno sin peligro de perderse, felicidades.

Gústenos o no, los meses siguientes, ojalá fueran meses, pero se juntarán y serán años, tendremos que apretarnos el cinturón, no es ninguna novedad, ya tendríamos que estar acostumbrados en este país de crisis económicas; aparte de los multimillonarios que no cuentan, mucha gente se encontrará en completa pobreza, entre ellos conocidos nuestros; entonces lo que sigue es poner en ejercicio valores que se conviertan en virtudes y ayuden a pasar esta crisis sin sentirnos víctimas, sin sacar provecho de las circunstancias, pues por lo menos hay dos que aparecen urgentes.

Una importantísima es la generosidad. No podemos voltear a ver para otro lado si amigos nuestros están en esas circunstancias, habrá que encontrar la manera sutil, discreta, para que no sientan que es limosna sino verdadera amistad, “ahora es por ti, mañana podría ser por mí”. Los verdaderos amigos aquí se conocen en las malas, pero para poder ayudar a tanta gente como nos pide ayuda necesitamos ejercitar la sobriedad, que no es la virtud más importante en la educación de los hijos, pero debería, en cambio, más bien, está en desuso.

¿Qué es eso? ¿A qué se refiere? ¿Nunca había escuchado ese nombre? Así están las cosas con ese valor.

Pero resulta que es indispensable para que puedan arraigar las demás virtudes especialmente para los niños y jóvenes, lo malo es que principiando por los padres que ni saben en qué consiste ni la practican, claro, ¿cómo enseñarla si deben vernos poner el ejemplo?

Hay personas a las que entristece no tener todo lo que tiene el compañero o vecino, sobre todo cuando tener de todo o ser como todos es el medio para buscar la aceptación del grupo o para superar a la inseguridad. Esta presión se agudiza en la adolescencia, especialmente con la ropa, por su alto valor simbólico de identificación.

Claro que el bienestar no es algo malo, ni la educación exige una lucha feroz contra el deseo de poseer que es parte de nuestra naturaleza, pero en las circunstancias de hoy es bueno insistir en el valor de la templanza, del autodominio, de la sobriedad, en ser capaces de poner límites a las exigencias que presenta el apetito, de ropa, de juguetes, de comida, de juegos y aparatitos, de diversión, y cualquier otra cosa, de modo que no nos impidan alcanzar los valores superiores que deseamos (suponiendo que todos tenemos valores superiores que nos gustaría alcanzar).

La templanza y sobriedad nos liberan de lo superfluo. Espero que por lo menos eso saquemos bueno de estas circunstancias de encierro, darnos cuenta cuántas cosas tuvimos que dejar y no morimos, estos valores impiden que anide el egoísmo o el afán inmoderado de comodidad que hacen a la persona torpe y perezosa. Son virtudes que aportan señorío a la conducta y, claro, a la persona; de verdad, ser dueñas de sí mismas significa ser libres y al ser libres, capaces de amar, es decir, la capacidad de entrega a los demás, que en eso consiste amar, de compartir lo propio y dedicarse a tareas grandes y nobles, lo que se dice “almas grandes”.

Sí, desde luego, educar a los hijos en la austeridad, como toda educación, necesita decisión y valor para no dejar la toalla aventada al primer intento; como toda educación, necesita paciencia, amor, dedicación y presencia, además de ejemplo, claro. Si ven que los padres se cumplen todos sus antojos no van a tener buenos resultados.

Bueno, nos queda mucho de pandemias de salud y de economía, así que comencemos por revisar cómo andamos como padres en estas cuestiones, y si en verdad queremos ser buenos padres qué sacrificios tendremos que hacer para la educación en esto. Y como queda mucho sobre el tema, sigo luego, si Dios no dispone otra cosa con el cómo.

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