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Columna semanal
Educación en la Familia: El cómo de la inteligencia emocional
Para desarrollar en los hijos un entorno y relaciones emocionalmente competentes
Yolanda Waldegg de Orrantia
22/08/2019
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Quedamos que educar las emociones no es asunto opcional, ya que si no lo hacemos, de nada le servirá todo lo demás y ya sabemos que los hijos son un reflejo de cómo son sus padres, así que hay que comenzar por revisar.

¿Qué me pasa a mí cuando me siento triste por algo que ya no está? Todos en casa tienen que cargar con eso o canalizarlo en otras actividades. ¿Cómo me enojo: subo hasta la ira en un momento, pierdo el control, me dura, dejo de hablar a la persona o hablo para aclarar? Observar aquello que le cuesta o duele al hijo es buena oportunidad para explorar en uno mismo y a partir de ahí, crecer ambos.

Para desarrollar la competencia emocional en el niño hay mucho material y juegos que le ayudan a identificar y poner nombre a lo que siente y percibe.

La idea es ayudarle a contactar con su mundo interno para que pueda manejar y optimizar sus pensamientos, emociones e impulsos y también, claro, observarlos en los demás; que logre darse cuenta que los demás también tienen miedo, enojo, cansancio, frío o calor, ganas de ganar, etcétera.

Como sugerencia al final del día, en un momento de tranquilidad e intimidad, repasar con el hijo tres cosas que pasaron en el día, por ejemplo, algo bueno que sucedió, alguien a quien ayudó, algo que quisieras mejorar, algo que le asustó o no te gustó y porqué.

La idea es que el hijo identifique y nombre experiencias propias, al mismo tiempo que escucha lo que le ha pasado a mamá o papá, así logramos fortalecer su identidad y autoconocimiento; se facilita que conecte con su valor y capacidades, se favorece su empatía y permitimos que adquiera seguridad y capacidad de intervenir en el entorno: cambiar y mejorar el mundo, y sobre todo, creamos una relación segura y de confianza, en la que el niño siente que puede compartir con sus padres eso que le preocupa o le inquieta.

La idea es desarrollar un entorno y unas relaciones emocionalmente competentes. La idea que debe quedar clara es que entre todos logramos más y mejor, que no siempre los adultos/jefes tenemos todas las respuestas, que una buena comunicación y jerarquía permite un mejor funcionamiento del sistema al completo, porque no hay manera de que una persona trabaje bien con otras personas y pueda llegar a ser un buen líder, que nos están haciendo mucha falta, si no se aprende a pensar en los demás y cómo se sienten con lo que hacen.

Se trata de buscar, encontrar el lugar en el que sea compatible expresar y hacer un hueco a las necesidades individuales, aportando y respetando a los demás.

Quiere decir que cada uno pueda sentirse uno mismo, desarrollarse y experimentar sin dañar a los demás, desde el momento en que formamos parte de un sistema determinado, familia, escuela, oficina, equipo, etcétera.

Somos elementos interdependientes que, para que funcionen, todos tienen que pensar en lo que sienten o necesitan los demás, todos en constante búsqueda del equilibrio y la autorregulación del sistema.

Al fin de cuentas, lo que se trata es de que el niño y sus padres aprendan a canalizar sus emociones y adquieran las habilidades necesarias para vivir entre la gente sin causar mayores daños, que todos puedan sacar el mejor provecho y satisfacción, aplicar cada uno de los aspectos que la componen en conjunto, sin brincarse ninguno, dará las herramientas necesarias para gestionar sus sentimientos y desarrollar seguridad en sí mismos.

Resumiendo, primero: conciencia de uno mismo, tanto de virtudes como defectos, para adquirir confianza en sí mismos y capacidad de autocrítica, lo que ayuda a tomar mejores decisiones y no guiarse solo por emociones.

Segundo: autorregulación. Eliminar sentimientos como la rabia y la frustración o cualquier otro es imposible, la idea es regular esos estados de nerviosismo o impulsividad, pensando antes de actuar o hablar, creando herramientas, como contar hasta 10 o 100 si ya sabe, ponerse a jugar pelota o lo que sea, mientras se calma y regresa a exponer su punto o aclarar con serenidad.

Tercero: motivación, que es imprescindible para lograr objetivos. Trabajar este aspecto les ayuda a adquirir tenacidad, ilusión, perseverancia, incluso, tolerancia a las frustraciones, así logran una mayor productividad y eficiencia para su futuro profesional.

Cuarto: habilidades sociales; estrechamente ligadas a la empatía, ya que es imprescindible entender las emociones de las personas de nuestro alrededor, para saber cómo actuar.

¿Cómo te sentirías si no tuvieras una casa linda, nada para comer, con qué vestirte o si te dijeran cosas feas?

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