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Columna semanal
Educación en la Familia: El conformismo
Cómo las personas siguen a la mayoría, aunque esta no tenga la razón
Yolanda Waldegg de Orrantia
14/09/2019
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A mediados del siglo pasado, el psicólogo estadounidense de la escuela Gestalt, Solomon Asch, quería saber cómo funcionaba esto del conformismo y el grado de autonomía que tienen las personas frente a los efectos de presiones de grupo sobre personas promedio. Las personas promedio que escogió eran universitarios, es decir adultos jóvenes acostumbrados a pensar por su cuenta, criterios y principios ya adquiridos.

En otras palabras, quería saber si eran capaces de permanecer fieles a esas convicciones, aún en contra de la opinión generalizada del grupo. Este experimento ha circulado muchas veces en Internet, seguro esta en Youtube por si les interesa.

Resulta que es uno de los ejemplos más representativos sobre lo que se llama “efecto rebaño”, es decir, adhesión pasiva a la masa, aún teniendo la certeza interior de que la mayoría está equivocada.

El experimento era simple: cartas con rayas pintadas, hacer parejas de las iguales hasta agotar el grupo de cartas. La primera parte era en solitario; cada quien sus cartas y resultó que todos acertaron. Se trataba de una observación muy simple. La segunda fase del experimento era el mismo trabajo, pero trabajarían con otro grupo, supuestamente había hecho lo mismo, les dijeron, pero era un grupo de control o investigación, que comentaría en voz alta la respuesta que darían y que, en la mayoría de los casos, era errónea. Quería averiguar hasta qué punto estos comentarios influían en la respuesta final de quienes estaban siendo sometidos a prueba.

El resultado: la presencia de un factor de presión de grupo hizo cambiar notablemente las respuestas de los participantes en la prueba, aunque era evidente que conocían la respuesta correcta. En cuanto escuchaban que varias personas tenían una apreciación diferente, entraban en estado de duda, titubeando al momento de responder. Finalmente el 32 por ciento de los estudiantes que participaron, optó por dar la respuesta incorrecta; ganó el afán de no entrar en controversia con la opinión de la mayoría. Tres de cada cuatro estuvieron a punto de hacer lo mismo por las mismas razones, lo que significa que saber no es suficiente en esta vida.

¿A qué viene todo este rollo? Pues que esto sucedió a mediados del siglo pasado; apenas contábamos con televisor, ni computadoras, celulares y demás móviles, ni redes sociales; personas pensantes con criterios propios se dejaron llevar y cambiaron a respuestas erróneas. Hoy día, que los aparatitos están en manos de bebés y de todo el mundo, somos menos pensantes por propia cuenta desgraciadamente y nos llegan opiniones de todas partes del Planeta, de gente que no tiene la menor idea sobre lo que opina junto con otras que tienen razón. ¿Cómo las distingo? ¿Cómo las separo? ¿A cuál me adhiero? Si me cuesta a mí, adulto, ¿qué pasa con los chicos expuestos a esto?

El conformismo social describe este tipo de actitudes. A muchas personas les aterra apartarse del rebaño, dejan de hacer lo que piensan o sienten simplemente para agradar al grupo; es el principio fundamental que rige y que conocemos como moda, que no se refiere solo a la indumentaria, la forma de hablar, también al mundo de las ideas y de las emociones.

Es aterrador, la renuncia a las convicciones, según el concepto de “muchedumbre psicológica” (Gustavo Le Bon) tiene dos propósitos: 1 Permite eludir la responsabilidad de lo que ocurra. 2. Otorga sensación de seguridad porque un grupo es mas fuerte que un individuo. Peligrosos ambos. Tendría que llevarnos a reflexionar, pues así como el experimento fue con simples cartas, en la vida real “ir contra corriente” puede tener consecuencias impredecibles, pero valiosas, valientes.

Al fin, ¿a qué tipo de personas pertenecemos cada uno de nosotros, los padres? Y ¿qué tipo de persona queremos que sean nuestros hijos? De los que se esconden en la muchedumbre, no hacen nada con su vida, sino malgastarla y perderla, o de los que hacen la diferencia y son responsables, coherentes, valientes y únicos. Me quedé en el preámbulo.

 

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