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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: El tiempo, recurso no renovable
Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar con temas de actualidad
Yolanda Waldegg de Orrantia
17/01/2019 | 05:00 AM
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Foto: Noroeste

El tiempo, además de emplearlo bien porque no es renovable, hace poco leía un artículo sobre las cosas de las cuales se arrepentían quienes estaban por morir y al fin de cuentas, era no haberse dado tiempo de hacer esto o aquello, de vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir y cosas así, que al fin de cuentas es no saber priorizar lo verdaderamente importante de lo urgente, que si no se organiza el tiempo, todo termina siendo urgente y lo importante nunca le llega el tiempo.

No se trata solo de organizarlo para no desperdiciarlo y queden cosas sin hacer que se deberían haberse hecho, también hay que organizar las prioridades, lo que significa tener claro ¿qué es lo más importante para mí?

Cada uno de los que estamos todavía sobre la tierra contamos con un hoy, no sabemos si completo, pero en principio, si amanecimos, contamos con terminarlo, es decir, un día y una noche para ser, para realizar, para amar, para crecer, etcétera, lo que pasa es que cada uno lo emplea, según su parecer, de distinta manera y hay quien ni lo emplea, lo deja pasar mientras juega en su aparatito.

¡Se me fue el tiempo y ni cuenta me di! Porque estaba muy metido en lo que estaba haciendo.

Hummm ¿lo que estabas haciendo y ni cuenta te diste cuánto tiempo pasó, era jugar con tus hijos o con tu aparatito, meterte en la vida de otros o en jueguitos, o trabajar, trabajar y trabajar?

El tiempo es igual a vida, se me va sin que me dé cuenta y cuando vengo a ver ya no es ningún chiquito, sino un adolescente con problemas, que no debían estar ahí.

Hoy entré a un súper, de carrera, por unos plátanos, pero hice una buena cola; claro, había niños y todos salieron con lo que pedían, unas pelotitas peludas: “¡Es que ya tienes de esas! “Quiero esta, quiero esta”... y la tuvo, los dulces y lo que pidió cada uno, ninguno hizo nada para ganarlo y merecerlo, sino solo pedir, ahí quiero ver a esos papás cuando crezcan sus bendiciones, lo que les van a pedir no serán pelotitas ni dulces y estarán acostumbrados a tener así de fácil lo que quieren.

Pues déjenme decirles que tiempo es el mejor regalo que le pueden hacer a sus hijos, no lo venden en ningún lado, ni cuesta dinero, solo se encuentra en los padres, su disposición y ser conscientes de que un cuento no debe leerse en 2 minutos.

Lo he dicho otras veces, los niños prefieren un sándwich con sus papás, que una comida en forma sin ellos, así que no hay que matarse trabajando para que tengan todo lo que necesitan.

Que en realidad lo que se necesita para vivir no es gran cosa y los padres tenemos obligación de procurarles un hogar que no significa cuatro recámaras y cuatro baños, cochera para dos autos, televisión en cada uno, tenemos obligación de darles escuela, pero no la más espectacular, ni a fuerzas de paga, conozco por lo menos dos muy buenas escuelas chicas.

Tenemos obligación de darles alimento balanceado y no comer todo el día basura, ni banquetear diario. Tenemos obligación de vestirlos, pero no de darles las marcas más caras porque así van sus amigos. Y claro, cuidar su salud que se hace mejor estando.

Dedicarles tiempo no significa dejarles el móvil, ponerles la tablet o enchufar la tele en su canal favorito, eso no es educación, ni cariño, ni afecto.

La infancia es una de las etapas más importantes de la vida en la que se entreteje la tela de su evolución, ellos están inmersos en miles de cambios diarios que a veces los padres no perciben y por lo tanto se pierden por estar en sus prisas, trabajos o entretenimientos.

Educar es compartir momentos así “a fuego lento”, dándoles tiempo, respetando sus ritmos, dándoles espacio para desarrollarse, observando de lejos, pero estando, de modo que no se salten etapas que luego va a hacer falta.

Que crezcan y evolucionen sin estrés, sin las exigencias que hemos generado a su alrededor, sin prisas, impregnando de deleite cada pequeño aprendizaje, a un ritmo calmado que promueve la madurez, la evolución y la cosa tan importante que es la creación de lazos.

Un niño con lazos fuertes con sus familia en cada muestra de afecto y cada colección de recuerdos y motivos, se siente querido, independientemente de cómo es y lo que tenga, crecerá y será una persona madura y sin complicaciones existenciales.

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