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Columna
Educación en la familia: Empatía y solidaridad
En la familia, la forma de educar es todo el día con las cosas que van surgiendo en cada momento...
Sicóloga Yolanda Waldegg de Orrantia
21/09/2017 | 3:03 PM
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En la familia, la forma de educar es todo el día con las cosas que van surgiendo en cada momento, de modo que si uno de los hermanos se cayó de la bicicleta y se raspó y llora, el que no se accidentó no debe burlarse sino ayudarlo, consolarlo y echar porras; mamá o papá consolarlo y regresarlo a la bicicleta.

Ese es un ejemplo, pero pasan un montón de cosas buenas y no tanto a lo largo del día y a todas hay que sacarles provecho de aprendizaje, porque la vida es así y todo puede ser para bien si lo sabemos aprovechar.

El primer punto, como siempre, es que se esté ahí, alguien, y el segundo punto es que quien esté, no esté en la baba o metida la cabeza en su aparatito, para aprovechar ese momento que no espera, no regresa y no siempre dura.

Gracias a Dios no se tienen huracanes y terremotos todos los días, hay que aprovecharlos todos, los de momentos y los que duran muchos días sus efectos.

Hoy es el caso, no se trata de asustar a nuestros hijos, sino de enseñarles a sentir con los demás, eso es empatía, ponerse en sus zapatos y experimentar lo que sienten en determinadas situaciones.

Como todas las virtudes, van de la mano de muchas otras, con que se ayudan y complementan, como la caridad y la justicia, para vivirlas hay que comenzar reconociendo en el otro alguien digno de consideración y ponerse en sus circunstancias.

Pero seguro que hemos experimentado que en muchas ocasiones, para asimilar bien lo que sucede a nuestro alrededor, no basta con que se nos transmitan datos objetivos, por ejemplo, un músico espera ver en su audiencia que además de pasar un rato agradable, disfrutan y se apasionan con su música, pero si solo le dicen que estuvo bien ejecutada sin mostrar ningún entusiasmo, vendría el desánimo, pensando que no tiene talento.

Pues a eso es que hay que enseñar a los hijos, que entiendan mejor lo que sucede en el interior de los demás, qué sentirían ellos si de repente ya no tienen casa, ni sus juguetes tan queridos, ni comida que les gusta, ni antojos, ni nada más que lo que tienen puesto.

A lo que voy es que no es solo informarles y que sepan, sino que sientan y se involucren, eso no es asustarles, es darles la oportunidad de sentirse parte de las soluciones, de servir y ayudar, ser solidario y cooperar, cosas que dejan muchas satisfacciones personales, porque sucede que quien se da, termina recibiendo más.

Para poder ayudar es necesario sentir la necesidad del otro, de otra manera, la ayuda, no ayuda, es como si les regalara mi vestido de baile que no me volveré a poner porque ya me lo vieron, a personas que no tienen ni agua, ni pan, ni nada.

¿Para saber qué y cómo? Hay que involucrarse, porque como dice el dicho: “Más ayuda el que no estorba”.

Desgraciadamente, entre noticias terribles todos los días de violencia y desgracias, igual se va uno desensibilizando y terminamos por ni siquiera notar qué personas hay junto de nosotros que sufren.

Pasamos sin verlas, sin notarlas y pensando solo en uno mismo y su bienestar, a eso estamos llegando y es triste, pero podemos revertirlo.

Jesús nos vino a mostrar cómo, con su delicada comprensión de lo que sucede en el corazón del otro, su finura para recibir el dolor ajeno, sin que medie palabra, se hace cargo, sabe consolar y apaciguar los ánimos, es consciente de las necesidades de quienes le siguen y se preocupa si tienen qué comer, llora ante el dolor de otros y se indigna ante la dureza del corazón de los suyos.

Pues hay mucha necesidad de ayuda en este momento en varias partes del País, así que hay que empezar a pensar cómo ayudamos, involucrando a nuestros hijos, porque esa es la idea, matar dos pájaros de un tiro, ayudo y educo.

Personalmente me inclino por lugares seguros, en donde sé que llegará, donde debe llegar Cáritas y Cruz Roja, a lo mejor saben de otras confiables, pero por aquello de las dudas, poner con plumón indeleble “donativo” grande y tachar marca, código de barras, la etiqueta, para que nadie tenga la tentación de venderlas o utilizarlas de propaganda.

No olviden que se ocupan pañales y toallas sanitarias, jabón de baño, cepillos de dientes, ropa que sea digna, no vieja, rota y lamparuda, y todo lo que se les ocurra puedan necesitar se quedaron sin nada.

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