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Columna
Educación en la Familia: Las demadas de los hijos
Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar con temas de actualidad
Yolanda Waldegg de Orrantia
02/11/2018
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Foto: Noroeste

A la edad que tengan los hijos, sus demandas nunca terminan. Es trabajo duro criar a los hijos; los niños quieren, exigen y creen que sus necesidades son urgentes, y se llevan toda nuestra energía en canalizarla correctamente. ¿Cómo va nuestra trayectoria hasta el momento? ¿Somos quienes dirigimos o lo que queremos es paz y tranquilidad? Siento decirles que cumplirles todas sus exigencias puede traer paz y tranquilidad en el momento, pero luego se pagará caro esa paz y tranquilidad.

Quienes dan todo lo que les piden para hacer “felices” y tranquilos, si se trata de comida, dulces, un juguete pequeño o ropa no planeada, dinero para el entretenimiento, algunos padres lo hacen sin vacilar, ni lo piensan; no quieren problemas de berrinches ni cosas parecidas. Otros comienzan diciendo que no y luego cambian de opinión; los niños felices y todo en calma, pues lo que parece ganancia a corto plazo puede producir dolor a la larga porque cumpliendo constantemente los deseos de nuestros hijos se atrofia su crecimiento interior, aunque los niños funcionan en el nivel de los deseos, sentimientos y estados de ánimo, no se pueden quedar ahí para siempre. Los padres tienen que darse cuenta que su objetivo es formar al niño de dentro hacia afuera, en lugar de proveer de afuera hacia adentro. Necesitan que se les enseñe la diferencia entre la necesidad, el deseo y las prioridades. Si los padres no ayudan a ver lo que es realmente importante en la vida, ¿quién lo va a hacer? ¿La acumulación es lo que hace valiosa la vida? ¿Ir de un placer a otro? ¿Pensar solo en mí? ¿O es algo más?

Habría que dar un paso atrás para ver qué es lo que realmente estamos haciendo con los hijos. Con calma y regularidad, hay que hacer pequeños esfuerzos para formar la conciencia de los hijos en la verdad, los buenos criterios y los valores más altos. No se puede dejar que la indulgencia de materiales y soluciones rápidas se conviertan en sustituto del amor real y el intercambio que el hijo tiene que recibir de sus padres. Hay que darse cuenta que el patrón que se estableció en los primeros años influirá en la supervivencia de los años de la adolescencia y tiene que llevar a los hijos hasta la edad adulta, poniendo cada bloque de construcción en el lugar correcto. Hay que asegurarse de estar subrayando sin menoscabar su integridad personal. Como dicen: hay maneras y maneras.

“No” es una palabra que los hijos necesitan escuchar, no importa cuál sea su edad, sin utilizarla de manera frívola para todo, pero las pocas veces que se decida utilizarla, hay que seguirla por todo el camino y no cambiar de opinión, lo que significa que hay que pensar antes de hablar, hay que darnos cuenta que hay muchas maneras de decir no en forma más suave. Tener un arsenal de enfoques disminuye la rebelión, mejora la cooperación y desarrolla un sentido de criterios.

Por ejemplo: “no, en este momento no es la hora, refrigerio (como cada quien le diga) es a las cuatro de la tarde, entonces se puede comer”. “Claro que se puede comprar ese juguete. Vamos a hacer un cuadro de puestos de trabajo que puedes hacer y cuando lo hayas completado, lo ganaste”. “Es hora de tareas en 10 minutos. A continuación, el televisor está apagado sin hacer preguntas”. “Si se puede tener ese juguete que tu hermana está usando, pero tendrás que esperar 10 minutos. Cuando el temporizador de la estufa pite, será tu turno”. “Sí que es buen juguete; lo voy a marcar en mi agenda para recordarlo en tu cumpleaños/Navidad”. “Sí que es un bonito muñeco, pero tenemos un montón en la casa; esto no te hará más feliz. Tu hermana te hace feliz cuando juega contigo, eso es más importante que la muñeca”. “Se trata de la merienda, que no es una comida; esto es todo lo que hay”.

Los “no” no son rotundos y los “sí” hacen esperar. Este es el punto para comenzar a no ser sus esclavos y que ellos crezcan.

 

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