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Columna semanal
Educación en la Familia: Lo que todos extrañamos
Sobre las normas de comportamiento para una mejor convivenecia social
Yolanda Waldegg de Orrantia
25/07/2019
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Todos extrañamos el civismo, menos los jovencitos, que nunca lo vivieron, ni saben de qué se trata.

El civismo es convivir con otros, no una asignatura más dentro del programa escolar, debe ser base de toda educación porque quienes educamos lo hacemos para formar personas y ser persona significa saber relacionarse, saber convivir sin miedos y sin agresividad.

El ataque o la huida son las únicas alternativas de un animal y las únicas posibles para aquellos humanos que no usan sino solo el cerebro animal, la parte de atrás. Si utilizamos los lóbulos frontales, esa parte sí puede dialogar, negociar, respetar, tener sentido del humor.

Don Antonio Machado dijo que “de 10 cabezas, nueve embisten y una piensa” y parece que no mejoramos sino empeoramos.

Es complicado esto de educar el civismo porque los niños no aprenden de lo que les decimos, sino de lo que ven, y si nos ven todo el día despotricando contra el gobierno y cualquiera de sus instancias, faltándole al respeto, no solo a las autoridades con nuestros comentarios, que está claro que se merecen, pero a nosotros lo que nos ocupa es educar, entonces habría que dejar esos comentarios en privado, esos juicios y reacciones a lo que nos sucede en el día a día: cómo me comporto cuando manejo, qué hago con la basura que llevo en la mano, cuándo pongo música con todo el volumen posible, cómo cuido mi ciudad, mi colonia, mis vecinos. Si los padres no actúan cívicamente, los hijos de dónde lo sacarán, porque no se aprende en clase de un libro, sino viviéndolo.

Como todos los valores-virtudes no se dan solos, unos ayudan a otros, pues el primer paso para enseñar es, curiosamente, enseñar a pensar, dando razones o haciendo preguntas, pero pensar no basta; las emociones pueden distorsionar y oscurecer lo que pensamos, por eso hay que conocer las emociones, darles el nombre correcto porque no es lo mismo el enojo, la frustración que la ira y saber utilizarlas en el momento y lugar apropiado, de otro modo, sobre todo la ira, el rencor, la tristeza profunda pueden llevar a hacer lo que nuestro entendimiento nos está diciendo que es erróneo.

Conocer y controlar las emociones y saber pensar, no basta tampoco; el tercer elemento es descubrir los valores morales básicos, sin estos, tendremos delincuentes muy hábiles, que es lo que estamos viendo en nuestro entorno, delincuentes hábiles desde las altas esferas económicas hasta quien roba autos o casas. “Cuando algo es descubierto como valioso, se convierte en objetivo”.

Por eso, para enseñar civismo, para enseñar a convivir, hay que educar los tres aspectos, solo lo cognitivo no basta, ni lo emocional basta, solo lo moral no basta; si no van incluidos los tres en todo proceso educativo, no estaremos formando personas y ningún programa educativo servirá, por magnífico que sea; si no hay los tres elementos, no hay persona y, sin persona, no hay sociedad, sino jungla o algo peor que la jungla, que es lo que estamos viendo hoy.

¿Y cuáles son los valores morales básicos? Esos que te están haciendo falta, que se resumen en no hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti, comenzando por el respeto a toda persona, sin importar condición económica, educativa, color, raza, religión, sexo, discapacidad o cualquier otra diferencia que se pueda presentar.

Por el simple hecho de ser persona, merece respeto, especialmente si su condición necesita ayuda, niños, ancianos o discapacitados, hay que darla sin que necesiten pedirla.

Respeto al medio ambiente: cuidando el uso de agua, luz, gas, desechos los menos posibles; el volumen de la música, respeto a las leyes de tránsito, en la cola del banco o el cine, respeto a la ciudad no ensuciándola ni dañando mobiliario, respeto a las leyes, respeto cuando hablamos o escribimos (redes), respeto a opiniones de otros, respeto a bienes de otros.

Para empezar, el respeto está en todo. ¿Cómo nos ven que respetamos? Podemos seguir con solidaridad, compromiso responsabilidad, aceptación de normas.

Un buen ciudadano no nace, se hace. Desde muy pequeños, los padres deben velar porque sus hijos vayan aprendiendo a ser miembros importantes de la sociedad en la que en un futuro vivirán.

Transmitir importantes valores y ser buenos ejemplos para los niños ayudará a que, en un futuro, sean buenos ciudadanos.

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