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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Niños sobre estimulados
La psicóloga Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar sobre temas familiares
Yolanda Waldegg de Orrantia
23/11/2018
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Foto: Noroeste

Algunos niños se expresan como si los pensamientos les llegaran de fuera, otros no dicen nada, pero en general, digan o no porque lo manifiestan de distintas maneras, se sienten agobiados y desconcertados, no lo dirán con palabras porque sienten que así es normal para todo el mundo, es cuestión de poner atención para darnos cuenta.

Esto de que los pensamientos les llegan de afuera no es argumento de película de ficción, de extraterrestres invadiendo o consecuencia de extraña enfermedad mental, tampoco es una situación puntual y pasajera, se trata de niños alcanzados por la sobre estimulación.

Seguro, la generación más sobre estimulada en la historia de la humanidad, no hace tanto todavía hace 50 años, los estímulos que recibían del exterior eran muy limitados y moderados, procedían del entorno inmediato: familia, amigos, por lo menos aquí en Mazatlán eran pocas horas que había de televisión, el radio por el estilo, no había muchas estaciones, menos otro tipo de aparatos.

Pues hoy, un niño de 10 años ha recibido más información que cualquiera de los últimos 40 mil años, ni los grandes sabios de la antigüedad tuvieron conocimientos de tantos y tan variados asuntos, que ni siquiera soñaron, han visto hoy imágenes de la superficie de Marte, de animales de lo más profundo del mar o de cualquier latitud sobre la tierra, han visto dinosaurios correr en un bosque, insectos de toda clase, cómo funciona un corazón bombeando sangre, cómo se ve un bebé en la panza de mamá, por decir algunos, que la lista puede seguir y llenar páginas, es un volumen de información difícil de manejar, con estímulos dirigidos a todos sus sentidos, los de más de 60, la comida que conocíamos eran los guisos de mamá, hoy tiene alimentos de todas partes del mundo, todo el año, solo en la variedad de cereales en los anaqueles es agobiante; además, sintetizadores, sonidos y ritmos continuamente nuevos y con volumen alto.

Las cantidades de juguetes y golosinas, combinado con series de dibujos animados, estridentes partidas de videojuegos en 3D y todo tipo de aplicaciones para llenar sus móviles, tabletas y cabezas. No es solo lo que de por sí reciben, sino que nos empeñamos en enriquecerlo y llenar todo su tiempo con más actividades, es decir, su tiempo libre totalmente copado.

Comenzamos a escuchar que la estimulación temprana era cosa muy buena y nos lanzamos, y sí, pero no, influye en el proceso de aprendizaje, pero el entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida.

El problema de la sobre estimulación es que igual que hacen las drogas, provocan lo que llamamos “tolerancia”, que significa que el organismo se acostumbra a recibir con regularidad su dosis de estímulo, hasta que llega a ya no satisfacer y busca más, sucede entonces que se vuelven hiperactivos o desmotivados, mientras su imaginación y creatividad se van atrofiando a fuerza de no uso, no pueden concentrarse mucho tiempo en la misma actividad, sienten que sus pensamientos se atropellan unos a otros continuamente.

Entiendan papás, sus hijos necesitan aburrirse, no nos gusta porque ya no saben qué hacer y se ponen necios y quieren que los padres sean su “centro de entretenimiento”, el hecho es que se necesita más que nunca que se tenga tiempo de aburrirse, que tengan tiempo todos los días de llevar a cabo actividades que no estén estructuradas, organizadas y controladas por normas rígidas y preestablecidas.

Es muy bueno que jueguen futbol o gimnasia olímpica, que estén en el equipo de robótica o de porristas, clase de música o de jazz, pero no todo.

La idea es que tengan la oportunidad de crear sus propias estructuras y normas para que sean capaces de crear y experimentar, necesitan tener la posibilidad de explorar y de equivocarse o terminarán siendo adultos incapaces de innovar, de adaptarse, cambiar o evolucionar y aportar algo a la vida de quienes les rodean.

El aburrimiento es la ausencia de motivación que incite a acción física o mental, así que si un niño se aburre y desea actuar, tendrá que terminar encontrando o creando sus propias motivaciones, automotivarse y no les quepa duda que terminarán por hacerlo si les damos el tiempo.

 

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