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Columna
EDUCACIÓN EN LA FAMILIA: Queremos la paz y actuamos con violencia
De verdad que es la queja de todos, queremos vivir, trabajar, desarrollarnos y criar a nuestros hijos en paz, nos asusta la violencia desatada por donde se voltee.
Sicóloga Yolanda Waldegg de Orrantia
09/11/2017 | 05:00 AM
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Foto: Internet

De verdad que es la queja de todos, queremos vivir, trabajar, desarrollarnos y criar a nuestros hijos en paz, nos asusta la violencia desatada por donde se voltee.

Soñamos con que los hijos puedan volver a jugar en la calle como lo hacíamos nosotros, que puedan ir y venir de la escuela, clases o lo que sea que quieran hacer solos, sin más temor que un accidente en patines o al caer de un árbol, sería hermoso.

Sin embargo, nosotros mismos estamos tan crispados que lo primero que nos sale ante cualquier inconveniente es la palabrota, la falta de paciencia, el grito.

Cualquiera que se pasee por las redes sociales, la que le guste, se encuentra con que cualquier cosa que no gusta, los comentarios son de no dar crédito a lo que se lee, de entrada, argumentos que digan porque no estamos de acuerdo casi no existen, lo que aparece son adjetivos calificando con grosería, con descalificaciones, todas las palabrotas en el mismo renglón, ¿y, la tolerancia a que cada quien piense como quiera? ¿Y qué con aquello de que quien acusa tiene obligación de demostrar?

Ahora es al revés, el acusado debe demostrar que es inocente, pero una vez que el aparato de compartir se hace viral, ya fue juzgado y declarado culpable, no importa cuánto alegue que es inocente, será linchado y no solo en las redes, sino físicamente también, estamos todos en disposición de guerra todo el tiempo, chequen cuando manejan a cuantos van madreando.

Estoy de acuerdo que llegamos a un punto en que la justicia no existe, que el que defiende su casa y familia puede terminar acusado, en lugar del malandrín encontrado infraganti, que en cuestión de políticos nadie nos tiene que demostrar lo que son, porque se ve tan claramente que lo que más molesta es que se rían en nuestra cara y no hay manera de que paguen sus fechorías que todas son de lesa humanidad.

En fin, así está la situación, pero en lugar de atizar el fuego, tendríamos que bajarle unas cuantas rayitas a nuestra frustración y enojo, porque siendo padres estamos educando y no podemos hacerlo como es, debido a que si estamos así de crispados, así de frustrados, listos para saltarle a la yugular a quien sea que se tomó la libertad de no tenernos en cuenta a la hora de… lo que sea: se metió en la fila, me rebasó, no se apuró a caminar cuando el semáforo se cambió, los cajeros son unos mulas, etcéteras.

Nuestros hijos son nuestros espejos y como ven que hacemos, hacen, debe ser así si nosotros lo hacemos, de modo que es como una piedra que cae al agua y va haciendo círculos que se agrandan, si la piedra es un acto bueno se reproduce y agranda, abarcando mucho espacio, pero lo mismo sucede si es un acto malo también se reproduce y agranda, queremos que se termine la violencia, comencemos por la de nosotros mismos y nuestra familia.

Es bueno hacer un análisis de las causas por las que brincamos fácilmente, no para todos son las mismas, pero algunas sí se puede decir que son comunes, algunas está en nuestras manos ocuparnos y solucionar, habría que hacerlo en lugar de gruñir, otras no están en nuestras manos y ni al caso preocuparnos y perder la paz.

La primera fuente de amor para cualquier persona debe ser su familia. Desafortunadamente, más a menudo de lo deseado sucede lo contrario, la familia es causa o el origen de los problemas, comprender el problema es el primer paso.

Y si quieren les digo cuál es para que no se quiebren la cabeza, y es que se lanzan a formar familia sin primero detenerse a pensar porqué razón lo hacen y que es lo que quieren alcanzar, qué están dispuestos a dejar, qué están dispuestos a hacer para conseguir lo que se desea, porque no se da solito con desearlo, hay que trabajarlo, el acta de matrimonio no es una garantía de felicidad por sí misma.

Respuestas que he escuchado: “Necesito alguien que me atienda”, o sea, ¿chacha sin sueldo? “Busco alguien que se haga cargo de los gastos”, lo dicen los dos, aclaro: “Saber que alguien me quiere”. Luego sigo, apenas caliento motor.

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