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Mazatlán
Educación, Evangelización y Cultura: Carl Edward Sagan
Columna religiosa
Padre Amador Campos Serrano
12/11/2019
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Foto: Noroeste

A la usanza de los antiguos sabios, quienes dieron origen al conocimiento occidental en la Grecia clásica, la mirada hacia el universo era dirigida por Carl Sagan, haciéndose las mismas preguntas que siempre han inquietado a la humanidad, ante al insondable misterio con tintes de infinitud.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Preguntas aparentemente carentes de respuesta, suscitando nuevas preguntas, acentuando la grandeza del hombre como ser pensante, pero a la vez dejando al descubierto sus limitaciones ante la inmensa magnitud del macrocosmos.

Sumándose a quienes se han preguntado sobre el misterio en el cual estamos inmersos, Carl Sagan escudriñó las profundidades del universo, adelantándose a sus respuestas con teorías introductoras, pero para muchos, en el campo de la fantasía o más bien de la ficción científica, a fin de hacer una inducción, más allá de lo visto y constatado en el cosmos.

Nacido en Nueva York, el 9 de noviembre de 1934, en el seno de una familia judía, su padre fue Samuel Sagan, quien según el mismo Carl afirmó, no era muy creyente, sin embargo, su madre Rachel Molly Gruber sí lo era. De esta opuesta forma de ser y de pensar de sus primogenitores, Sagan se formó una postura inquisitiva, no conformándose con las ya establecidas explicaciones.

Dotado de un genio intelectual, incursionó en la astrofísica, la astronomía, la cosmología y la exobiología, de esta última fue unos de sus pioneros.

Siguiendo sus impulsos e inquietudes, ingresó a la Universidad de Chicago, donde estudió astrofísica, obteniendo el doctorado en esa materia. Su inquietud lo llevó a cuestionarse sobre la posibilidad de la existencia de vida en otros lugares del cosmos, según la añeja cuestión de si estamos solos en el universo.

Dotado de un estilo ameno, escribió varios libros, tratando sus convicciones referentes a su profunda visión del universo y del lugar que en él ocupamos.

Como asesor de la NASA, participó en varios programas, dando su apoyo y aporte en investigaciones. Cuando la Sonda Voyager ya se alejaba de los grandes gigantes de nuestro Sistema Solar, a petición suya, se voltearon las cámaras hacia nuestro Planeta, lo cual lo llevó a una reflexión sobre el ser humano en la inmensidad del cosmos y de esto nació la inspiración para escribir su obra “Un pálido punto azul”.

Finalmente, el 20 de diciembre de 1996, Carl Edward Sagan dejó este mundo para partir hacia la inmensidad del misterio, motivo de su inquietud y del enigma de su Creador.

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