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Columna
Educación en la Familia: La masculinidad y la feminidad robadas
Yolanda Waldegg de Orrantia invita a reflexionar con temas de actualidad
Yolanda Waldegg de Orrantia
15/03/2019
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Foto: Noroeste

Una característica de esta ideología igualitarista es su devoción por posturas al margen de las evidencias, carentes de soporte empírico y el desprecio absoluto hacia descubrimientos científicos que pueden poner en duda sus principios. Décadas de investigación en neurociencia, endocrinología genética, psicología del desarrollo, muestran que las diferencias entre los sexos, en sus aptitudes, formas de sentir, de trabajar, de reaccionar, no son solo el resultado de unos roles tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres, o de unos condicionamientos histórico-culturales, sino que en gran medida, vienen dadas por la naturaleza. Los cerebros masculino y femenino, desde antes de nacer, son notablemente diferentes en estructura y funcionamiento.

De modo que si tenemos por un lado la naturaleza: neuronas, sustancias químicas del cerebro, hormonas y claro, los genes, y por el otro lado, la crianza, la cultura, la educación, todo eso que sopla en el ambiente.

No tiene sentido hablar de la naturaleza y la cultura por separado, de modo que no hay que dejarnos engañar, en lo único que podemos y debemos ser iguales hombres y mujeres es en la dignidad de persona que cada uno tiene por el hecho de ser persona y con esto, iguales derechos y deberes como ciudadanos. Quisiera poder entrarle a la lucha de las mujeres por iguales sueldos y oportunidades de trabajo, por tener igual que ellos deberían tener tiempo con goce de sueldo por maternidad y paternidad, sin perder el empleo por el hecho de ser madres, el derecho a andar por la vida sin miedo a ser acosada y que de eso dependa el trabajo, a ir por la vida sin miedo a no regresar a ser atacada, pero el hecho es que meten en el paquete cosas con las que no puedo estar de acuerdo, precisamente porque también están perdiendo su identidad y en el afán de superar al hombre y demostrar no sé qué, han perdido su feminidad; les lavaron el cerebro con esa ideología, a muchas, no todas.

La educación juega un papel fundamental en el equilibrado desarrollo de la personalidad femenina y masculina, por medio de la potenciación de las virtudes y aptitudes peculiares de cada sexo, y por medio, asimismo, del encausamiento de aquellas tendencias innatas que podrían dificultar una justa igualdad y un correcto desarrollo personal. Aquí nos hablan, queridos papás, qué clase de hombre le estas enseñando a ser a tu hijo, el que está para que lo atiendan: el señor llega “cansado”, se tira frente a la tele, que le traigan sus pantuflas y una chela; grita por otra, grita dando órdenes y dice palabrotas, falta al respeto a su esposa y sus hijos. Las mujeres de la casa le hacen la cama a los hermanos y el desayuno o la cena, en esto no solo es la actitud del señor de la casa, sino de la mujer que lo permite y fomenta porque así le enseñaron a ella y así enseña a sus hijas.

Esta clase de cosas ya no son validad porque seguramente ella también trabaja y no es justo que sea doble el trabajo sin remuneración en el segundo. Antes era él quien llevaba el dinero y ella la que aceptaba para que la “mantuvieran” y a los hijos, además de que ser atendido no es una característica de masculinidad. Creo que había que enseñarles primero responsabilidad, pero también gentileza; ser atentos con las mujeres de su casa para que lo sigan siendo con las de fuera, además a valerse por sí mismos y no ser atenidos a que les hagan. En fin, ahí les dejo de tarea a padres y madres qué características les gustaría ver en sus hijos varones y mujeres y ponerse a conseguirlas. Para eso, primero se necesita vernos nosotros mismos en qué hay que empezar por luchar uno mismo, pero al mismo tiempo que lo enseñamos.

El sexo importa. Importa en la medicina, la psicología, las relaciones diarias profesionales y de amistad, en el matrimonio, en unos aspectos que no esperábamos y en otros que ni siquiera podemos llegar a imaginar, pero también y, sobre todo, importa en la educación y formación de nuestros hijos, que es nuestra tarea más importante en la vida y nadie puede pretender quitárnosla y nosotros permitirlo bajo ninguna circunstancia.

La neutralidad sexual ha calado con enorme fuerza en todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluso en instancias políticas y administrativas, en centros escolares desde donde nos quieren hacer a un lado con leyes y reglamentos que no debemos permitir. Esto presupone igualdad absoluta en el trato de niños y niñas, despreciando sus singularidades femenina y masculina, creándoles graves problemas personales.

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