EDUCACION EN LA FAMILIA: La responsabilidad - Noroeste
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Columna
EDUCACION EN LA FAMILIA: La responsabilidad
La responsabilidad es un elemento indispensable para la libertad...
Yolanda Waldegg de Orrantia
10/05/2018
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Foto: Noroeste

La responsabilidad es un elemento indispensable para la libertad, que a su vez es indispensable para el amor, así que ya por ahí nos podemos dar cuenta de que tan necesario es que la practiquemos y la enseñemos.

Quiere decir que sin responsabilidad no hay lo otro, y claro que todos estamos muy dispuestos a exigir libertad en todos los aspectos, pero curiosamente de nada sirve porque eso no se da, ni lo venden ni lo regalan, ni hay ninguna manera de tenerla si no es ganándola, adivinan... con responsabilidad.

Con mucha frecuencia escuchamos hablar de “libertad” presentada como el bien moral definitivo: si se ha hecho con libertad, es bueno. Sin embargo, no siempre la encontramos acompañada de la palabra responsabilidad, que viene del latín “responderé” que significa responder o dar correspondencia a lo prometido, nos habla de dos capacidades, la de asumir una determinada tarea y llevarla a cabo, y la de asumir las consecuencias de los propios actos.

Debemos enseñar a nuestros hijos que todo talento o capacidad recibida pide una respuesta, si no se pudren, y además hay que hacerlos producir sirviendo a los demás, porque lo que no sirve se tira a la basura o lo que es lo mismo, si no vives para servir no sirves para vivir.

Somos responsables porque somos libres. Dicho de otro modo, no existe responsabilidad sin libertad, pero tampoco lo contrario, de modo que como siempre, aparece eso de que hay que tener una consciencia recta y bien formada, (que tampoco se compra, se cultiva estudiando) que nos permita distinguir entre el buen y el mal uso de la libertad.

Si no se reconoce lo malo como tal, entonces no se puede asumir ningún error, no se puede responder de ellos ni se pueden corregir. Educar la responsabilidad supone educar en el correcto uso de la libertad y, como toda virtud, es necesario practicarla en diferentes ámbitos y aspectos para llegar a adquirirla.

Principiamos por prácticas que invitan a los hijos a asumir su rol en la familia, como por ejemplo, las tareas domésticas o los encargos que dependen de ellos, parte del éxito de esas tareas es que las asuman como propias; tareas domésticas: poner la mesa, ordenar su cuarto, hacer su cama, llevar la ropa sucia al lugar destinado, recoger los platos después de comer, ayudar a lavarlos.

Encargos que dependen de ellos: ponerle la comida y el agua a las mascotas, ser el cuidador de la luz o el del agua, etcétera, claro que se rolarán por temporadas para que todos aprendan todo y dependerán de la edad lo que se les asigne.

Y aquí aparece de nuevo nuestra amiga la paciencia, porque nuestras palabras no son mágicas, pero si los padres se desesperan y comienzan a gritar para que se haga lo que mandaron ya no funcionó, menos si se ponen a hacerlo porque es menos cansado.

La idea es que quien no cumplió con su tarea se tropiece con su incumplimiento; no llevaste la ropa sucia a donde se pone por eso no tienes ropa limpia, llegan todos a comer y la mesa no está puesta, voltean a ver al encargado, tu cuarto está desordenado y no encuentras tus cosas porque no lo ordenaste, no se pudo limpiar, te sacaste 5 por olvidar la tarea, no te la puedo llevar, sacaste mal el examen por no estudiar, estudiarás el fin de semana.

Ahí, cuando se tropiezan con su incumplimiento y sus consecuencias comenzarán su aprendizaje de responsabilidad, seguro que les cacharemos queriendo echar balones fuera (culpando a otros, es que el profesor me tiene manía).

Frente a esas escusas frecuentes y comprensibles, es necesario enseñar a los hijos a ser responsables, que significa asumir las obligaciones y consecuencias que se derivan de su incumplimiento, tanto de los intencionados como no intencionados (el perro se quedó sin comer ni beber) en ocasiones les resulta fácil pedir perdón o excusarse, saben explicar que no era su intención y saben que se les perdona, pero que se perdone no significa que las consecuencias desaparezcan, ahí entra en juego su sentido de responsabilidad, deben ser capaces de responder por ellas, aunque se hayan hecho “sin querer” sigue siendo responsable.

Pues luego sigo. Felicidades a las mamás que merezcan el título, que no les regalen “su sala” en la que todos descansarán viendo televisión, mientras ella sigue corriendo de una tarea a la otra, ni su lavadora. Porfis no los acepten.

 

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