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Columna semanal
Educación en la Familia: Más sobre insatisfacción
Segunda parte sobre cómo la insatisfacción constante conduce a frustraciones
Yolanda Waldegg de Orrantia
06/09/2019 | 03:00 AM
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Como decía la semana pasada, la insatisfacción tiene muchas fuentes, el problema más bien es cómo la manejamos y cuánto nos afecte o si se le saca provecho porque se entiende la raíz y se trabaja al respecto, porque insatisfechos, todos tendríamos que estar un poco. El día que esté satisfecha con cómo soy, dejaré de seguir buscando mejorar y seguro que hay siempre algo en que mejorar porque perfecto, nadie.

Pero de procurar ser mejor cada día a la neurosis de la perfección y control en todo hay diferencias. En el trabajo, por ejemplo, hay ambientes que son una chulada mientras que otros el personal es dado a intrigas, celoso, poco dado a ayudarse, más bien a entorpecer y hacen difícil el ambiente laboral, pero hablando se entiende la gente, para que todos se den cuenta el daño que se causa y proponerse, entre todos, cambiarlo, y si no se puede, por lo menos no permitir que a uno le afecte, tratar de bromear y aligerar, terminarán por entender y cambiar.

Cuando el jefe está insatisfecho, no mejora el ambiente de trabajo; en cuanto habla, el tono de reproche es evidente; esa manera provoca mala conciencia en los trabajadores, que no motiva a cambiar nada o transformarse, es más bien un obstáculo que hace que no se tengan ganas de trabajar, dando resultados negativos para la empresa; es un círculo vicioso. Alguien valiente que le haga ver lo que está causando, se necesita.

Con la pareja o el cónyuge también solemos estar insatisfechos. Entre más se vive juntos, más se descubren sus debilidades y defectos, pero suele suceder que descubrimos los del otro, pero ese otro también descubre los de uno porque nadie es perfecto, y para formar una familia, la idea es ir ayudándonos a mejorar como personas el uno al otro porque desde el principio, debemos tener claro en la mente que todos tenemos defectos y necesidad de ayuda para quitarlos, pero no porque sean molestos, sino porque les queremos y queremos que sean mejores personas.

Hay una diferencia: al unimos con alguien, no se debe ir pensando “voy a cambiarle esto o aquello”, eso es una falta de respeto, se le ama como es, con defectos y debilidades, o no se le ama. Si algo no te gusta o no puedes con eso porque va contra tus principios, no te unas.

Pero parece que como es tan fácil cambiarle por un modelo mejor, se tira la toalla sin el menor esfuerzo por ayudarse mutuamente y entenderse, sin echar culpas porque suelen ser de dos y quienes pagan las consecuencias son los hijos, pero para ellos no parará la insatisfacción porque buscan lo que no existe o no ponen nada para solucionar, y es que cuanto más insatisfechos nos sintamos con la pareja, más se recluirá en su interior con la sensación de que nunca podrá satisfacernos.

La insatisfacción es un veneno para el desarrollo de los hijos; se sienten queridos de manera

condicional, es decir, solo si cumplen las aspiraciones de los adultos. En algunos casos, se desarrollan estrategias para conseguir ese amor a través de los resultados obtenidos o adaptándose. Eso los tuerce, no alcanzan toda su fuerza y no crecen en la individualidad propia que Dios les regaló, sino como apéndices, buscando siempre contentar a otros.

Cuando se pregunta sobre las razones de la insatisfacción con otras personas, en la familia, el trabajo o cualquier otra actividad, observamos que el problema no es sobre las grandes exigencias que se plantean a los demás; con frecuencia, el origen de todo es la insatisfacción con uno mismo, que se proyecta sobre el otro (lo que te choca te checa), esperando de él que nos proporcione algún bienestar. Con ello se hace que el bienestar de uno (léase felicidad) dependa del comportamiento del otro, pero así no se encontrará nunca la paz interior porque hacemos que esta dependa de cosas exteriores o de otras personas; de lo que realmente se trata es de encontrar la paz en uno mismo, entonces también estaré satisfecho con las otras personas y dejará de molestarme todo. Aceptaré cómo son los demás y también les permitiré que sean como son.

Naturalmente, está bien que en una relación se exija al otro que trabaje en sí mismo y cambie algunas cosas (exigencia con comprensión y amor), pero eso solo ocurrirá si lo aceptamos como es. Si procuramos corregir nuestra impuntualidad o desorden, cositas así que afectan a otros, será de ayuda para la insatisfacción de muchos en buen plan.

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