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Mazatlán
EL OCTAVO DÍA: Tiempos fieros
En su columna habla de las memorias de Alejo Carpentier
Juan José Rodríguez
16/12/2019
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Foto: Noroeste

Cada vez es más complicado ver con ojos imparciales a los grandes hombres del pasado.

Acabo de descubrir unas sorprendentes y maravillosas memorias de Alejo Carpentier que publicó Editorial Lectorum y cuenta lo impactante que fue para él un viaje a México antes de irse a Europa en los años 20.

Descubre una cultura ricamente latinoamericana que no le pide nada a la europea y que le hubiera gustado tener en Cuba antes a su alcance. Narra que pasó varios días agradables visitando la casa de Diego Rivera y Lupe Marín, sí, Lupe Marín, no Frida, que era encantadora, culta y sencilla. Y comenta al final que generosamente le regalan unas pequeñas piezas arqueológicas para que se las lleve.

Hoy nos brinca que eso fue un acto ilegal y un despojo del patrimonio, pero en aquel momento no era visto así, quizás ocurrió como un pequeño homenaje privado a un artista visitante enamorado de lo nuestro.

(Todavía hay gente en el sur de Sinaloa, que da las piezas encontradas en sus tierras de labranza con la tranquilidad de que “hay un montón por todos lados”).

¿Vamos a lapidar a Diego Rivera como traficante de piezas arqueológicas y olvidar que él construyó el museo del Anahuacalli donando su colección personal?

Pocos años después, el gran y aun joven Andre Malraux tuvo que salir huyendo del sur de Asia por haber arrancado unas piezas de unos frisos de un templo en la selva, detalle que lo persiguió toda su vida diplomática, en especial cuando fue ministro de cultura con De Gaulle y los italianos le exigían al Louvre devolver la Mona Lisa, luego de que se la prestó una temporada a un museo gringo por petición personal de la primera dama, Jacqueline Kennedy.

Pasemos a nuestro patio trasero... A veces, la recién concluida Feria del Libro de Guadalajara se vuelve temática sin proponérselo.

Este año fue la FIL en las que se revelaron de mal modo los secretos de algunas de las familias reales de la literatura mexicana, las de Carlos Fuentes, Juan José Arreola y Elena Poniatowska.

La noticia es El amante polaco, de Elena Poniatowska. Un texto revelador y fuerte donde da testimonio de su vida y con mucha valentía cuenta su embarazo de soltera y como se le cerró -le cerraron- el mundo.

Duro lo que nos comparte de “El Maestro” que se aprovechó de ella y lo dice con mucha fineza, no sólo en el marco en que se denuncian esas acciones que quedaron impunes, sino que se une con las revelaciones de la escritora Tita Valencia, al abrirse hace poco en El País y señalar que el personaje villano de “Minotauromaquia” es el maestro Arreola.

Preceptor de una generación, sí, pero un manipulador que supo sorprender a varias jóvenes aspirantes a escritoras. El libro de La Pony está dedicado a su hijo Emmanuel y se entiende que él la apoyó en la determinación de contar la historia de ese abuso, aunque él quedase de por medio en la trama.

Dejo asentado solo que doña Elena dice que Arreola era mayor que ella 10 años y se aprovechó de su inocencia de jovencita de colegio de monjas, pero viendo que el hijo nació en 1955, es fácil deducir que ella ya tenía 22 años.

Más allá de todo, es sano que las cosas se digan como fueron. No creo que la confesión de Poniatowska sea a destiempo si evita que otras mujeres en el futuro se vean obligadas a guardar silencio.

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