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El Octavo Día
Dos segundos.
Juan José Rodríguez
07/01/2008 | 00:00 AM
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Llevado por la obligación y el espíritu ciudadano, en días pasados realicé el trámite de mi licencia de conducir en las oficinas correspondientes en Mazatlán. He aquí las revelaciones.
Primero que nada, no me escapé de tomar el curso y cumplir el requisito del examen, proceso durante el cual irrumpieron en mí detalles interesantes que desconocía, detalles vueltos de inmediato en inesperados propósitos de Año Nuevo.
Para empezar, me demostraron que LA VUELTA A LA DERECHA, hecha con precaución estando el semáforo en alto, no existe. Ni siquiera así es legal pasarse una luz roja. Conviene saberlo porque, en caso de un choque, va ser muy fácil perderla o ganarla a la hora de negociar un incidente de este tipo.
Woody Allen afirmaba que la mejor aportación del Estado de California al mundo era la vuelta a la derecha. Quizás allá empezó este flexible uso y costumbre que en algún momento cruzó al sur de la frontera.
Como el cineasta ya mencionado es un neoyorquino de pura cepa, su frase me da a entender que Nueva York tardó un tiempo en aceptar esa particularidad, en caso de haberlo hecho.
La otra regla que alguna vez escuché y no recordaba hasta tomar el curso fue la de "los dos segundos". Aclaro que no es una ley, sino una regla: si usted aguarda en primera fila ante el semáforo y éste cambia a verde, hay que esperar dos segundos antes de ponerse en marcha. Así usted puede confirmar si no sobreviene otro vehículo en estampida luego de haber ignorado el parpadeo amarillo del otro semáforo.
Esto se vuelve fundamental si alguien nos toca el claxon desde el final de la fila. Qué se esperen esos tipos. Si uno arranca como resorte al sentir la presión de los conductores aumentaremos el riesgo de propiciar una tragedia. El individuo que nos apura para nada cooperará para pagarnos nuestro choque. Hasta se va reír de lo distraídos que somos.
No es gratuito que dediquemos hoy esta columna, emprendida y aprehendida en el tema de la cotidianeidad y la cultura al asunto de la conducción. Forma parte importante de la formación, la convivencia y la sobrevivencia de los seres humanos.
Hay gente que toma a su vehículo por una extensión de sí misma y creen tener el mismo valor que el precio su carro. A pesar de que ese sentimiento de propiedad a veces lleva a la altanería vial y a infringir las reglas por placer, no se dan cuenta de que su vida y la de sus pasajeros tienen más valor que cualquier automóvil 2008.
Esa cultura de tomar los asientos del vehículo como prolongación de la sala de estar conlleva más riesgos... No sólo en la actitud juguetona de los niños, sino que hasta el decorado influye en las tragedias.
Hace años me robaron el carro de mi hermana y moví cielo, mar, tierra y ectoplasma hasta que lo encontraron. Uno de los comandantes que me atendió me preguntó si el vehículo llevaba monos de peluche atrás. ¿Y eso qué tiene que ver?
Esos silenciosos compañeros son un imán para los ladrones, porque les dan a entender que la nave es propiedad de una dama y quizá sea menos conflictivo su hurto, antes o después de realizarlo. No falta quién espere el oscurecer para seguir a una de esas damas que atosigan con inocentes peluches su visión trasera.
He aquí mis propósitos de Año Nuevo. No dar vuelta con luz roja a la derecha, esperar siempre dos segundos y quitar el camello bailarín que me regaló un niño en el Sahara. Ah, y también terminar una novela sobre una maga que ya no encuentro cómo desaparecerla. octava_dies@hotmail.com
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