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Ellos también tienen su duelo
Ellos también tienen su duelo
Pbro. José Martínez Colín
07/01/2008 | 00:00 AM
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Llegar a aceptar la muerte como un proceso natural y normal en la vida no se logra de un día a otro, sin embargo, aunque suene duro, lo único seguro que se tiene en la vida es la muerte.
Cuando ésta llega al hogar, despierta sentimientos y emociones que expresan el amor y el dolor que se combinan con la noticia de la pérdida de un familiar.
Como humanos le tememos al dolor y es comprensible que los padres quieran evitar situaciones tristes o abrumadoras a sus hijos como darles este tipo de noticias. Algunos desean esconder o retrasar el momento de informarles, otros intentan reprimir los sentimientos propios de dolor frente a ellos sobre todo si las circunstancias que provocaron la muerte fue dramática. Sin embargo, es difícil -por no decir imposible- mantener a los hijos engañados y libres de experimentar esa tristeza, pero lo que sí se puede hacer es ayudarles a superar el dolor y seguir adelante.
Niños, jóvenes y adultos pueden entender y afrontar esta realidad. Conocer cómo de acuerdo a su edad los hijos perciben la muerte o experimentan el duelo colabora a comprender las reacciones que cada uno tiene derecho a manifestar durante este proceso, así como a proporcionarles el apoyo que requieren.
Es necesario recordar que las pérdidas, como lo es la muerte de un ser querido, aporta significados nuevos a cada quien en las diversas etapas de sus vidas. Se puede explicar y hablar sobre ello de acuerdo a la edad de los hijos, aceptando sus dudas y contestarlas honestamente de acuerdo a su nivel de comprensión.

LOS MÁS PEQUEÑOS
Los bebés desconocen el concepto de muerte, pero pueden percibir la tensión emocional que experimenta la familia.
Al darse cuenta de la ausencia de alguno de sus padres, la pérdida la manifiestan con conductas de llanto, berrinches y desapego. En esta etapa, los niños se adaptan tanto a las nuevas rutinas como a las personas que les proveen cuidado y atención.
Se vuelven inquietos, más apegados y temen separarse de los adultos, tienen dificultades a la hora de dormir, desean llamar la atención ya que necesitan sentirse acompañados y protegidos.
Los niños de entre 3 y 6 años pueden ver la muerte como algo reversible. El concepto de muerte y permanencia para ellos no está muy definido, pues sus héroes de las caricaturas se "mueren" y "levantan" en cuestión de segundos.
Poseen un pensamiento mágico y tienen la esperanza de que el padre fallecido regresará. Puede que digan que lo vieron, hablaron y hasta jugaron juntos, sin embargo, al reconocer o comprender mejor el concepto de la muerte y confirmar que esto no sucederá, se llegan a poner tristes.
Es normal que hagan muchas preguntas sobre sus temores al tema o al miedo de perder a otro miembro de la familia.
A través de sus juegos pueden expresar o recrear algunos de los sucesos previos a la muerte del familiar como la estancia en el hospital, el accidente del auto, las reacciones que observó a su alrededor o bien recrear la muerte y el funeral.
Algunos niños se llegan a culpar de la muerte del familiar, ya sea porque en alguna ocasión que estaba enojado deseó que se muriera o bien por un hecho en particular, "mi papá se murió para castigarme, pues rompí su computadora", lo que representa un horrible sentimiento de culpa que no debe cargar ningún pequeño.
La ira es una reacción natural cuando un niño pierde a uno de sus padres y se puede ver reflejada a través de sus juegos, pesadillas e irritabilidad hacia otros miembros de la familia.

LOS NIÑOS DE PRIMARIA
En la primaria se adquiere el concepto de la muerte, es decir, se comprende el proceso biológico y se reconoce que la muerte es el fin de la vida, se dan cuenta de que la muerte es algo definitivo y que le sucede a todo el mundo.
Empiezan a comprender la posibilidad de su propia muerte y en ocasiones eso les produce miedo o por el contrario pueden llegar a pensar que es algo que a ellos y a sus padres no les va a suceder, que los abuelos se van a morir primero, etcétera.
En esta edad hay dificultad para conversar sobre la muerte de los padres y se llega a observar un gran apego o dependencia con el padre sobreviviente debido a la necesidad de seguridad.
Al perder alguno de sus padres, los hijos pueden también experimentar sentimientos de abandono, sentirse traicionados o desilusionados y desconfiar de otros miembros de la familia.
Los hijos no escatiman en demandar de diversas maneras la necesidad de sentirse confiados, es común que tengan dudas y hagan preguntas que preocupan a quienes deben contestarlas: ¿quién me va a cuidar?, ¿quién irá a verme jugar futbol?, ¿tú también te vas a morir?, ¿me puedo quedar con la pijama de mamá?, ¿los gusanos se comen su cuerpo?, ¿le dolió morirse?, ¿cómo sacaron el alma de mi abuelita?, ¿los muertos sienten hambre o frío?...
Pueden aparecer temores a dormir solos, argumentar que "las sombras de sus cuartos los asustan", tener conductas como orinar la cama, mostrarse inseguros y tímidos o bien, por el contrario, mostrar rebeldía y perder el interés por la escuela, salir con los amigos, etcétera.

LA ADOLESCENCIA
En esta etapa por lo general el duelo se presenta con mayor dificultad, debido a que además de aceptar la muerte de un familiar, los jóvenes tienen que lidiar con los cambios y dificultades propias de la edad.
Por un lado, han dejado de ser niños y por otro se encuentran emocionalmente frágiles, requieren de apoyo para compartir sus sentimientos, dudas y temores como los otros miembros de la familia.
Ellos se pueden sentir presionados y evitan expresar su dolor para no mostrar debilidad frente a los demás, debido a las expectativas que los adultos les han impuesto como que sean fuertes y ejemplo para sus hermanos menores.
Por otro lado, algunas de las manifestaciones del duelo en esta etapa se llegan a presentar con actitudes de rebeldía, reclamos de injusticia, cambios en sus hábitos, apetito, etcétera. Por lo general, buscan apoyo en los amigos, sin embargo difícilmente éstos se los pueden dar, a menos que hayan vivido esta experiencia previamente.

RECOMENDACIONES
Un hijo adolescente no puede lidiar con la responsabilidad de un adulto, así que es importante tener cuidado con hacerles comentarios como: "Ahora tú serás el hombre de la casa" o "la pequeña mamá",
También es importante cuidar los comentarios con los pequeños, por ejemplo al describir la muerte como un largo viaje o sueño, esto puede ocasionar que la hora de dormir se convierta en una situación de terror.
El proceso de duelo no se puede forzar, por ello es recomendable evitar frases como "ya no llores y no estés triste", "tienes que ser valiente”, etcétera. Es necesario respetar las manifestaciones o rituales que realizan los hijos de acuerdo a su edad para llevar su pena, como encender una vela, escribir cartas, hacer dibujos, llorar o estar a solas.
A los niños no hay que obligarlos a que participen en los servicios funerarios, velorio, entierro, etcétera y si deciden asistir, es importante explicarles lo que verán y escucharán, y acompañarlos si desean ver el cuerpo.
Si la actitud de duelo se prolonga ante la pérdida, por ejemplo si menciona que desea estar con la persona que ha muerto, su bajo rendimiento escolar es notorio, ha perdido el interés en sus actividades y relaciones sociales, tiene periodos largos de tristeza y depresión, no hay que dudar en solicitar ayuda profesional.
Las familias que comparten el dolor así como la alegría, fomentan lazos de unión, hacen una fuerza o “equipo” que al momento de presentarse una situación difícil colabora a sobrellevar las penas.

*La autora es conferencista a nivel nacional e internacional en temas relacionados con la familia y la educación con énfasis en Trastornos del Desarrollo, es fundadora y directora del Centro Educativo Castello de Monterrey A.C. y cuenta con certificación en Terapia de Lenguaje.

PARA REFLEXIONAR:
-¿Estoy preparado para morir?
-¿Se cómo tratar el tema de la muerte con mis hijos?
-¿Alguna vez a platicado con sus hijos sobre la muerte?

Lecturas para recomendar:
'La inteligencia emocional y el proceso del duelo', autor María del Carmen Castro Gonzales, Ed. Trillas.
'Encounters with Children. Pediatric Behavior and development'. Editorial Mosby, 2000.
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