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CRÓNICA
Entre mujeres... cachetadas de guante blanco
Se atacan, sin hacerse daño. Rosa Elena, agresiva. Imelda, polemista. Sylvia, conciliadora. Lupita, sobria. El primer debate entre candidatas al Senado contrasta con el de los varones. En aquel, golpes, varios demoledores. En este, tersos. Suaveciiitos
José Alfredo Beltrán
29/05/2018 | 01:00 AM
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Foto: Marco Ontiveros

Golpes tersos. Suavecitos. Rosa Elena Millán e Imelda Castro, las que más atacan... y se atacan. Polemizan. Políticas de tablas y oficio, son las que más se ponen los “guantes”, ante una Sylvia Treviño conciliadora, y una Lupita Saldaña sobria, a quien ninguna de las tres dirige, siquiera, una indirecta.

En esto de los debates, también las diferencias de género pesan, hasta en las formas. El de los varones, organizado en céntrico hotel, el más lujoso de Culiacán, organizado con lana de los empresarios, los hombres de negocios de la Intercamaral.

Para las mujeres, el auditorio de la hoy Universidad Autónoma de Occidente, de “a gratis”, porque “no hubo patrocinadores”. Pero el Instituto Nacional Electoral “tiene que cumplir”, pues, con la equidad. Y hace bien.

El de los hombres, con más reflectores, atención, cobertura mediática.

Aunque ante estos datos más de uno podrá argumentar que el aforo del salón del hotel Lucerna era para 220 invitados, y éste, el del auditorio de la UAdeO, para 450.

Cincuenta pases repartidos para cada candidata, con sus porras.

En éste, tienen cupo hasta maestros y estudiantes, que son los primeros en ir abandonando el salón a la media hora, porque esto, se alcanza a escucharles, está “aburrido”.

Sí, muy aburrido.

 

Los colores de la noche

El primer debate de candidatas al Senado que se realiza en Sinaloa contrasta con el de los cuatro “tiburones”, del 8 de mayo, donde predominaron “golpes”, muchos demoledores.

Pero en éste se presentan ellas, para decirse sus “verdades”, a su modo, estilo, circunstancia. Con “cachetadas con guante blanco”, como se dice cuando se devuelve una agresión con elegancia. Y se “cuidan las formas”.

Tres de ellas, van acompañadas por sus compañeros que encabezan las fórmulas: Juntos, Mario Zamora con Rosa Elena. Imelda con Rubén Rocha. Lupita con Manuel Clouthier y su esposa Mely.

No así la panista Sylvia Treviño, a quien no le acompaña el pasista Héctor Melesio Cuén. “Por razones de agenda, la trae muy llena”, justifica.

Para esta noche Rosa Elena elige un rojo, agresivo, dominante. Lupita, un azul turquesa, tranquilo. Imelda, una blusa blanca, con el logo de Morena, la “marca” de moda en la sucesión presidencial 2018. Y Sylvia, un negro porque “está de luto”, por el “dolor”, el “coraje”, que le provoca tanta víctima de la violencia en Sinaloa.

Y cualquiera que sea el resultado, en algo tiene razón el vocal ejecutivo del INE en Sinaloa, Jorge Luis Ruelas. “Tenemos entre nosotros a una futura Senadora”.

¿Quién será, quién será?

 

Dardos... sin tanto veneno

 Compuesto de cinco bloques, el debate expone que en la política sinaloense también hay políticas con trayectoria, oficio, sensibilidad. Innegables las tablas de dos.

La carta de presentación de Lupita, que abre las intervenciones, es la de ser de campesina, hija de ejidatarios y única independiente, que lleva el respaldo de 51 mil sinaloenses, de carne y hueso. Ahí suelta un dato, que marcará el tono de su disertación: tiene una hija muy grave de salud, pensó está ahí, por la confianza que en ella y Clouthier depositaron 51 mil sinaloenses.

Vienen los posicionamientos sobre Desarrollo Regional. Vehemente, Imelda marca la raya del “PRIAN”, y truena contra gobiernos panistas y priistas “corruptos”, que han demolido a la nación y a quienes “despedirán” el 1 de julio.

Ello provoca la primera “cachetada” de Sylvia a Imelda, en el minuto 7:37. “No generalicemos”, reprocha, y le recuerda que su compañero de fórmula Rubén Rocha Moya, fue “por 12 años asesor de esos gobiernos priistas”.

La panista pondera la cultura, el “cuidado del agua”, lo que da pie a la priista Rosa Elena para recordarle el colapso del Tiburonario de Mazatlán, en el que está implicado su marido, el ex Alcalde Carlos Felton. “No sé si por el 'moche'”, suelta Rosa Elena, lo cual saca de balance a Sylvia, quien le revira: “Eso es una agresión”. Más tarde, la panista le dirá que ya resuelvan el tema, frenado por los priistas, para el “golpeteo” contra Felton, su esposo.

Pero Rosa Elena no cede. Y ahora le “pega” a Imelda, a quien le saca su paso como funcionaria del gobierno malovista. “¿Qué hiciste?”, le pregunta, frente a lo que ahora cuestiona.

Era funcionaria menor, sin presupuesto, y su hoja de vida de luchas a favor de la sociedad y empresarios está a la vista de todos, replica ella.

Los “piques” entre Rosa Elena y Sylvia continúan, cuando la panista vuelve a aludir a “la importancia del agua”, lo cual genera un estallido de risas entre las huestes priistas, y la propia Rosa Elena, cruzada de brazos. “Sí, aunque te rías”, le reclama Sylvia, para acusarla de usar a las doñitas de Teacapán, beneficiarias del programa Empleo Temporal, en su campaña. “Las vi barriendo, con tu camiseta puesta”, le reclama. Colmilluda, Rosa Elena la reta a presentar las pruebas ante la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales, la Fepade... si es que las tiene.

Llega el turno para Imelda, quien ventila que Rosa Elena fue parte de la Sedesol, donde se fraguó “La Estafa Maestra”, el reportaje que documentó el desvío de miles de millones de fondos de Sedesol, de la cual la priista “fue parte”.

 

Esas cosas que duelen

 También hay lugar para el sentimiento. A Saldaña le “duele en el alma”, dice, el dinero que derrochan los partidos en campañas. Y por eso, recuerda, ella y Clouthier rechazaron dos millones de dinero público. Sylvia, en tanto, evoca a su padre, un líder priista de Nuevo León, que murió de un infarto, ligando este hecho al “sistema aplastante” y al autoritarismo priista, al que pertenece Rosa Elena.

La priista dirige sus dardos de nuevo contra Imelda, a quien le saca expedientes de corrupción. Los de René Bejarano, de Elba Esther Gordillo, de Napoleón Gómez, de la “secuestradora Nestora” y de “todas las lacras de tu partido”. La morenista se las regresa, con los expedientes de “todos los gobernadores priistas corruptos en la cárcel”. Quienes apoyan a Andrés Manuel, acota, están “absueltos”, a excepción del líder minero.

Las broncas no terminan ahí. Imelda le saca a Rosa Elena sus ausencias como legisladora”. “Sí ha cobrado la dieta, pero no ha ocupado la curul, faltó a 22 sesiones como Diputada”, balconea, para recibir como respuesta un listado de gestiones, presupuesto para pescadores, mastografías, iniciativas y demás. “¡Tú no has ganado ninguna elección!”, se ufana, para remarcar, sí, remarcar, que ella lleva dos diputaciones locales y una federal, ganadas en las urnas.

Quien levanta una ola de murmullos en la sala es la independiente Saldaña, quien termina “felicitando” a Rosa Elena, “por tus acciones”. Confesión por la cual, más de un invitado de la independiente, no halla... dónde meter la cabeza.

 

Público “blandito”

 A diferencia de los candidatos hombres, ninguna de las cuatro damas recibe preguntas duras, del auditorio que “sigue” el debate en redes. Ninguna de las ocho, con “jiribilla”. Preguntas suavecitas, para las cuatro. Como el tono del encuentro de esta noche, de debate, de guantes blancos...

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